El silencio
de san José es un silencio impregnado de la contemplación del misterio de Dios,
en una actitud de disponibilidad total a las voluntades divinas. En otras
palabras, el silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino por el
contrario, una plenitud de fe que lleva en su corazón, y guía cada uno de sus
pensamientos y cada una de sus acciones. Un silencio gracias al cual José, al
unísono con María, conserva la Palabra de Dios, conocida a través de las Santas
Escrituras, confrontándolas permanentemente con los acontecimientos de la vida
de Jesús; un silencio entretejido de oración continua, de bendición del Señor,
de adoración de su voluntad y de confianza absoluta en su providencia.