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lunes, 17 de junio de 2013

Católicos Ignorantes: la Importancia de la Formación en la Fe

Nota original: Monseñor Arizmendi Esquivel, arzobispo de San Cristóbal de las Casas para Zenit

SITUACIONES
No; no quiero ofender a mis hermanos que profesan la misma fe que un servidor. No me estoy uniendo al coro de quienes consideran la religión como un catálogo de dogmatismos sin sentido, fruto de la ignorancia y del fanatismo. Sólo quiero resaltar un hecho innegable: que muchos católicos desconocen los fundamentos de su fe; pocos estudian y profundizan la Sagrada Escritura, aunque cada día son más quienes están superando esta carencia. Algunos aducen que no cambian su religión católica sólo porque es la que recibieron de sus padres, no porque estén plenamente convencidos de la coherencia y de la plenitud de verdad que posee internamente nuestra fe.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Traducciones al Náhuatl: el Idioma de la Virgen con Juan Diego

Nota original: monseñor Felipe Arizmendi Esquivel (obispo de San Cristóbal de las Casas) para Zenit

HECHOS

Según el censo de 2010, en el país hay 1.544,968 mexicanos que declararon hablar el náhuatl, que no es un dialecto, como dicen quienes no conocen esta cultura ancestral, sino un verdadero idioma, que ha configurado mucho de nuestra identidad nacional. Con dolor y vergüenza constatamos que no hay una traducción náhuatl católica de la Biblia y de los textos litúrgicos, que haya sido aprobada por la Conferencia del Episcopado Mexicano y la Santa Sede; en cambio, hay varias protestantes, con varios errores culturales y doctrinales.

jueves, 1 de marzo de 2012

Benedicto XVI y la Cuaresma

Por el Monseñor Felipe Arizmendi Esquivel (obispo de San Cristóbal de las Casas)
Texto original: Zenit


HECHOS

Estamos empezando la Cuaresma. Para algunos, nada significa; su vida sigue igual. Para otros, es ocasión de carnavales previos, donde predominan excesos, inmoralidades, negocios, turismo, pero nada de revisar costumbres y actitudes, para resucitar con Cristo a una nueva forma de ser y de actuar.

viernes, 1 de julio de 2011

Formación Sacerdotal y Pederastia

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Los obispos de México nos hemos reunido para actualizar las Normas Básicas para la formación sacerdotal en el país. Algunos medios informativos elucubran que sólo trataremos lo de la pederastia clerical.

No es así.

sábado, 1 de enero de 2011

¿Iglesia Entrometida?

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Cuando los obispos emitimos un juicio pastoral en torno a leyes sobre aborto, familia, uniones homosexuales, eutanasia, alquiler de vientres, elecciones, educación, etc., es frecuente escuchar, sobre todo a políticos y articulistas, que nos entrometemos en lo que no nos toca. Nos achacan que queremos gobernar al país e imponer una moral y una religión a todos los ciudadanos; dicen que anhelamos volver a siglos pasados.

Al cardenal Juan Sandoval y al sacerdote Hugo Valdemar se les intenta enjuiciar penal o administrativamente, más allá de si el cardenal calumnió al Jefe de Gobierno del Distrito Federal y a los Ministros de la Suprema Corte de Justicia (más bien de Legalidad, o de Constitucionalidad), o si ambos se sobrepasaron en sus juicios sobre el Partido de la Revolución Democrática, lo cual hay que analizar desapasionada y legalmente, lo que más interesa a quienes los enjuician es "pararle el alto" a la Iglesia para que no se meta en lo que ellos consideran asuntos que no nos competen, sino que les dejemos las manos libres para que legislen y procedan sin nuestra interferencia. En el fondo, el problema es que las leyes actuales del país no reconocen a los ministros de culto la libertad religiosa a que tenemos derecho para opinar sobre asuntos que tienen que ver con la moral y la fe. Nos han puesto candados legales, y quisieran reforzarlos aún más. ¿Esa es la democracia que alardean partidos y legisladores, limitando nuestra libertad? ¿Por qué ese temor a la Iglesia?

jueves, 1 de julio de 2010

Saramago Murió; Dios Vive

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Ha fallecido José Saramago, de origen portugués, premio Nóbel de Literatura, escritor prolífico y profundo, crítico de los sistemas, comprometido con los marginados, agudo para analizar los fenómenos sociales y políticos, libre para denunciar opresiones, fiel a sus convicciones marxistas. No podemos regatear sus méritos literarios y sociales.

Fue un ateo convencido y beligerante. Atacó acremente a nuestra fe, haciendo una interpretación tendenciosa e históricamente incompleta del cristianismo, de la Iglesia y de la práctica religiosa. Manifestó no tener fe en otra vida con Dios, como la esperamos los creyentes, pues rechazó la misma existencia de un Ser Superior. Esto le trajo dividendos de fama e ingresos económicos, con grandes espacios en medios de la misma tendencia. Ya murió, pero Dios, a quien él negó, no morirá jamás. Mueren famosos literatos, como moriremos todos, pero nuestra fe en un Dios vivo y trascendente nos sostiene en la esperanza. La vida tiene pleno sentido en Él, con Él y por Él.



JUZGAR

¿A qué se debe el ateísmo? ¿Cuáles son sus raíces y sus diversas manifestaciones?

Al respecto, dijo el Concilio Vaticano II desde 1965: "La palabra ‘ateísmo' designa realidades muy diversas. Unos niegan a Dios expresamente. Otros afirman que nada puede decirse acerca de Dios. Los hay que someten la cuestión teológica a un análisis metodológico tal, que consideran como inútil el propio planteamiento de la cuestión. Muchos, rebasando indebidamente los límites de las ciencias positivas, pretenden explicarlo todo sobre esta base puramente científica, o por el contrario, rechazan sin excepción toda verdad absoluta. Hay quienes exaltan tanto al hombre, que dejan sin contenido la fe en Dios, ya que les interesa más, a lo que parece, la afirmación del hombre que la negación de Dios. 

Hay quienes se imaginan un Dios por ellos rechazado, que nada tiene que ver con el Dios del Evangelio. Otros ni siquiera se plantean la cuestión de la existencia de Dios, porque, al parecer, no sienten inquietud religiosa alguna y no perciben el motivo de preocuparse por el hecho religioso. Además, el ateísmo nace a veces como violenta protesta contra la existencia del mal en el mundo, o como adjudicación indebida del carácter absoluto de ciertos bienes humanos que son considerados prácticamente como sucedáneos de Dios.

Quienes voluntariamente pretenden apartar de su corazón a Dios y soslayar las cuestiones religiosas, desoyen el dictado de su conciencia y, por tanto, no carecen de culpa. Sin embargo, también los creyentes tienen en esto su parte de responsabilidad. Porque el ateísmo, considerado en su total integridad, no es un fenómeno originario, sino un fenómeno derivado de varias causas, entre las cuales se debe contar también la reacción crítica contra las religiones y, ciertamente en algunas zonas del mundo, contra la religión cristiana. Por lo cual, en esta génesis del ateísmo, pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral o social, han ocultado, más bien que revelado, el genuino rostro de Dios y de la religión" (GS 19).

ACTUAR

Afirma el Concilio: "El remedio del ateísmo hay que buscarlo en la exposición adecuada de la doctrina y en la integridad de vida de la Iglesia y de sus miembros. A la Iglesia toca hacer presentes y como visibles a Dios Padre y a su Hijo encarnado en la continua renovación y purificación propias bajo la guía del Espíritu Santo. Esto se logra principalmente con el testimonio de una fe viva y adulta y el amor fraterno" (GS 21). "En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado" (GS 22).

Respetemos a los no creyentes, pero que éstos también nos respeten a nosotros. La mejor forma de contrarrestar el ateísmo es cimentando nuestra fe en la Palabra de Dios y en la doctrina de la Iglesia, y sobre todo con nuestra coherencia de vida en la justicia, la verdad, la honestidad, el servicio fraterno, la opción por los pobres.

Monseñor Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas (México)
26 de junio de 2010

martes, 1 de junio de 2010

¡Vivan los Sacerdotes!

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Me llamó la atención escuchar esta espontánea aclamación del pueblo, al hacer la visita pastoral a una comunidad indígena ch'ol, a cinco horas de San Cristóbal de Las Casas. Fue una celebración multitudinaria (no exagero) y durante la procesión de bienvenida que me dieron, desde las afueras del pueblo hasta donde está el templo, repetían varios de estos "vivas" y aplausos.

Resalto este reconocimiento a los sacerdotes, por el persistente clima acusatorio de medios informativos en su contra, al difundir pecados clericales que son inocultables y siempre detestables, pero que se han sobredimensionado tendenciosamente. El poder de la televisión es enorme, pero es mayor la fuerza de la fe y el testimonio de la entrega generosa de la mayoría de los sacerdotes. El pueblo sencillo los quiere y los aclama; les tiene confianza y cariño.

sábado, 1 de mayo de 2010

Derechos Humanos para Todos: Pueblos Originarios

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Fui invitado a participar en un Foro, que se realizó en la sede del Senado de la República, promovido por senadores y diputados federales que integran la Comisión de Concordia y Pacificación, establecida en 1995 para coadyuvar en la solución del conflicto armado que se hizo público el 1 de enero de 1994 en Chiapas, y que intenta ahora retomar los llamados "Acuerdos de San Andrés", firmados por el Gobierno y por los comandantes del EZLN, pero que no se plasmaron en la reforma constitucional de 2001. Comparto algo de lo que expuse en esta ocasión.


Según algunos censos, en toda América hay más de 42 millones de indígenas; en México, hay cerca de 14 millones, de 56 etnias reconocidas. Sufren graves ataques a su identidad y supervivencia, pues la globalización económica y cultural pone en peligro su propia existencia como pueblos diversos. Su progresiva transformación cultural provoca la rápida desaparición de algunas lenguas y culturas. La migración, forzada por la pobreza, está influyendo profundamente en el cambio de costumbres y de relaciones entre ellos mismos. Sin embargo, se constata una clara emergencia de diversas etnias, que se hacen cada vez más presentes en la sociedad, exigiendo sus derechos.

Los datos estadísticos nacionales confirman que la mayoría de los indígenas no gozan de todos los derechos que, como mexicanos, debemos disfrutar, sino que viven empobrecidos y excluidos. Es limitado el derecho a la vida, pues muchas madres indígenas no tienen atención médica y alimentación suficiente durante el embarazo, por lo cual muchas abortan sin pretenderlo, algunas mueren en el parto, o nacen los hijos en condiciones infrahumanas. No gozan el derecho a la salud, pues en sus pueblos se dan los más altos índices de desnutrición y mortandad infantil. Es muy doloroso que enfermedades curables, sean mortales para ellos sólo porque no hay médicos ni medicinas a su alcance. No gozan el derecho a la educación escolar básica, pues en sus pueblos subsiste el analfabetismo.

Las cárceles del país retienen injustamente a muchos de ellos, sólo porque son pobres y no tienen recursos para pagar un abogado, o una pequeña fianza. Persiste un racismo inhumano y anticristiano contra ellos. Muchos mexicanos siguen pensando que ser indígena es equivalente a ser ignorante, sucio, tonto y, por tanto, objeto de desprecio y explotación. No faltan quienes consideran que tener tantos indígenas en el país es un signo de atraso, una vergüenza, un vestigio del pasado, y que lo mejor sería que ya no existieran. No se escucha su voz, no se les toma en cuenta, no se valora su palabra, no se aprecia su cultura, porque no se les conoce con el corazón.

Se les ha regateado su derecho a ser reconocidos como pueblos originarios, como sujetos de derecho público para organizarse y administrarse, con formas políticas y sociales distintas a las del común del país. No se ha reconocido su derecho a ejercer justicia según algunas de sus costumbres muy sabias y efectivas. No se les ha tomado en cuenta en todos los casos para decidir obras públicas, como carreteras y construcciones, en sus territorios. Excepto en Oaxaca, no se reconoce su forma de elegir autoridades, sin tener que sujetarse a partidos y sistemas electorales ajenos a su cultura. Ellos proceden por asambleas en las que se trata de llegar a consensos, sin tener que recurrir a la mayoría de votos.

JUZGAR


No idealizamos las culturas indígenas, pues estamos conscientes de que hay también injusticias entre ellos mismos, marginación de la mujer, esclavitud a ciertas costumbres, tradiciones que no siempre respetan los derechos de todos y se imponen decisiones comunitarias que no toman en cuenta los derechos individuales. Hay intolerancias hacia las diferencias, hacia la diversidad, tanto en la política como en la religión. Todavía quedan unos lugares, cada día menos, donde no se tolera que alguien o algunos cambien hacia otra preferencia religiosa; a veces se les amenaza, se les expulsa y se viola su derecho a la libertad religiosa, consagrada en la Constitución y defendida por nuestra Iglesia.


Nosotros no alentamos la intolerancia; no promovemos que se les cobren cuotas para festividades religiosas, ni que se les impongan cargos de un credo diferente al propio. Hemos insistido en que las asambleas comunitarias deben respetar los derechos de todos a profesar la religión de su preferencia; sin embargo, no siempre nos hacen caso, pues para muchos la costumbre y la decisión de la asamblea es lo único que vale; no las leyes civiles, ni la Biblia. En contrapartida, también los católicos sufrimos intolerancias y ofensas de otras religiones.

Es de justicia reconocer que los gobiernos federal, estatal y municipal, en los sexenios y trienios pasados, han canalizado muchos recursos a Chiapas y a Estados con población indígena, para superar el rezago histórico que han padecido estos pueblos. Sin embargo, es tanto el desnivel y el desequilibrio en comparación con otras zonas y otros grupos sociales, que aún resta mucho para que llegue la justicia a estos mexicanos, hermanos nuestros y parte radical de nuestra historia y de nuestra identidad nacional. Desconocerlos es negarnos a nosotros mismos.


ACTUAR


Debemos caminar al unísono de nuestros hermanos indígenas, en el momento actual en que ellos irrumpen en la sociedad, reclamando el reconocimiento de su identidad cultural. Escuchar con respeto sus propuestas, sus inquietudes, sus necesidades, antes de proponer y aprobar nuevas leyes. Aunque se desee hacerles un bien, esto no se logrará sin tomarlos en cuenta a ellos. No basta escuchar a los no indígenas que decimos hablar por ellos; es de justicia darles la palabra y escucharlos con humildad.


Hay que avanzar en el reconocimiento de su personalidad jurídica como pueblos distintos, con historia e identidad propia. Reconocer, con los límites convenientes, su derecho a una legítima autonomía, autodeterminación y autogestión, dentro de la necesaria y pluriforme unidad nacional. Reconocer su derecho a disponer de sus territorios históricos y a ser consultados cuando se planean y se ejecutan obras o proyectos en sus tierras. Reconocer sus sistemas de elección de autoridades por medios distintos a los partidos políticos. Reconocer sus sistemas jurídicos y educativos, sus idiomas, su forma de hacer justicia y de resolver diferencias. Encontrar formas jurídicas para evitar más intolerancia religiosa, combinando los derechos comunitarios y los individuales.

Monseñor Felipe Arizmendi Esquivel
(obispo de San Cristóbal de Las Casas, México)
24 de abril de 2010

jueves, 1 de abril de 2010

¿Católicos intolerantes?

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Con frecuencia salen notas periodísticas en que se acusa a católicos de ser intolerantes contra protestantes o evangélicos. Dejan la impresión de que éstos son blancas palomas, perseguidos sólo por su decisión de cambiar de religión, como si en el fondo no hubiera otras causales. No se toma en cuenta la historia, la identidad cultural de un pueblo, los acuerdos comunitarios, las ofensas de que son objeto los católicos, los problemas agrarios, las tradiciones religiosas, etc.



La Comisión Nacional de los Derechos Humanos pidió al gobierno estatal que proporcione "medidas cautelares" a los evangélicos de algunos de nuestros municipios, como si estuvieran en peligro constante, como si los católicos los hubieran amenazado casi de muerte, o no los dejaran vivir en paz. ¡Qué fácil es dejarse presionar y actuar desde lejos, sin conocer a fondo la realidad! En Chiapas, no hay guerra religiosa. Nuestra Iglesia no alienta la intolerancia. En general, hay armonía entre las diferentes confesiones, pues nuestro Estado es el más plurirreligioso. Son muy pocos los conflictos sólo por religión, pero por intolerancias de ambas partes.





JUZGAR



Los integrantes del Consejo Interreligioso de Chiapas, en que compartimos presbiterianos, bautistas, adventistas, nazarenos, mormones, Buen Pastor, asambleas de Dios, algunos otros y los obispos católicos, emitimos hace poco esta declaración:



1. Nuestro Dios en quien creemos, es un Dios de amor y de libertad (cf Jn 3,16-18). A todos los seres humanos nos ha hecho a su imagen y semejanza (cf Gén 1,27), independientemente de nuestras razas, culturas, ideologías y religiones. Por tanto, toda persona es digna de respeto y de amor, sin hacer exclusiones por motivos religiosos o de otra naturaleza (cf 1 Jn 3,14).



2. Jesucristo reprocha a su amigo más cercano, el apóstol Juan, cuando éste le dice que prohibió a una persona expulsar demonios en nombre de Jesús, porque no era del grupo de los doce. Ordena que no se lo impidan (cf Mc 9,38-40). Por ello, debemos respetar a quienes pertenecen a otras confesiones religiosas y no son de la nuestra. Como dice el apóstol Pablo, lo que importa es que Cristo sea predicado, y esto es lo que nos debe alegrar, aunque algunos lo hagan con intenciones no puras (cf Flp 1,15-18).



3. Apoyados en esta luz de la Palabra de Dios, exhortamos a las comunidades de nuestro Estado a respetar la libertad religiosa de todas las personas. Cada quien es libre de profesar la religión que le parezca mejor, y a nadie se puede expulsar de una comunidad por practicar una religión distinta a la de la mayoría. Son muy respetables los acuerdos que se toman por consenso en las asambleas, pero ante todo se debe respetar la libertad de cada persona y de cada familia. No puede haber armonía social y cristiana, sin el respeto de los individuos a la comunidad, y de la comunidad a cada persona y a cada familia.



ACTUAR



4. Por tanto, no es justo ni válido exigir cuotas de cooperación para fiestas o celebraciones de una religión diferente a la propia, ni ofender con juicios y frases bíblicas a quienes sinceramente viven su religión. En concreto, una asamblea comunitaria no puede obligar a los que se declaran evangélicos o de otras confesiones a pagar una cuota para una fiesta católica, mucho menos a quemar sus casas y templos o expulsarlos de la comunidad. Por su parte, los evangélicos y los de otras confesiones han de respetar a los católicos y sus fiestas, y no calificarlos como idólatras, pues estos confiesan que no adoran imágenes, sino sólo las veneran y respetan, como un medio para llegar a Dios, encarnado en Jesucristo.



5. Pedimos a nuestro Padre Dios que nos conceda su Espíritu, para que todos nos esforcemos por vivir en unidad y amor, y así hagamos realidad la petición de Jesús: "Que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado" (Jn 17,21). Si seguimos divididos y enfrentados, impedimos que los incrédulos acepten el Evangelio. Si nos respetamos y nos amamos, demostraremos que en verdad somos discípulos de Jesús (cf Jn 13,35).





Monseñor Felipe Arizmendi Esquivel


San Cristóbal de las Casas, México (6 de marzo de 2010)