"Jesús llama a los pobres y sencillos pastores por medio de los ángeles para manifestarse a ellos. Llama a los sabios por medio de su misma ciencia. Y todos, movidos por la fuerza interna de su gracia, corren hacia él para adorarlo." (San Pío de Pietrelcina)
viernes, 1 de marzo de 2013
Reflexión: Los Primeros Pasos
Imagen: I primi passi (pintor: Gaetano Chierici, 1383-1920)
La escena ocurre en el interior de un hogar pobre en Italia. El revestimiento de los muros está agrietado, una escoba se apoya en una silla que ha perdido parte de su paja, un papel con aceite reemplaza un vidrio y el suelo recubierto de ladrillos extiende sus uniones irregulares.
La madre, sentada sobre un cofre bajo la ventana, tiende las manos para alentar a su niño a dar sus primeros pasos. El hermano mayor lo estimula con un movimiento y le da un dedo para que se apoye.
El bebé vacilante, con la boca abierta y la fisonomía radiante, tiene los ojos fijos en su objetivo: alcanzar a aquella que lo llama, para darle una alegría, lanzarse a sus brazos, recibir y dar su ternura.
La fisonomía del gesto de la Madre manifiesta la realidad de ese vínculo único y maravilloso que sólo existe en la familia auténtica.
Nada puede sustituir a estos rayos de amor materno que permiten que el niño se desarrolle.
jueves, 1 de noviembre de 2012
Patrones en la Naturaleza
domingo, 1 de mayo de 2011
¿Por qué la Verdad Genera Odio?
miércoles, 1 de diciembre de 2010
El Hombre Mediocre
lunes, 1 de marzo de 2010
La Belleza en lo Cotidiano Conduce a Dios
Es sorprendente que él no se refiere a la belleza artística, al gran arte, aún al arte religioso existente en todos los tiempos y lugares. Se refiere a “la belleza en su forma más cotidiana: la belleza de las calles bien trazadas y de las fisonomías alegres, de las formas naturales y de los paisajes cordiales”.
El hermoso castillo de Luis II de Baviera (Neuschwanstein)
Nada azucarado ni de un estilo tipo “tarjeta de Navidad”. Sino que, en el clima cultural reseco y transformado en un desierto, de la “desacralización”, Scrutton busca una experiencia de “belleza que encontramos, en una u otra versión, todos los días: desde el reaparecer de la luz del sol después de una tempestad, hasta el cuidado que todos tenemos con nuestras casas. Somos criaturas carentes y las tentativas de poner orden en todo lo que nos circunda -decorando, arreglando, creando- son tentativas de dar una bienvenida a nosotros mismos y a aquellos a quienes amamos. La necesidad que tenemos de lo bello no es simplemente un agregado redundante a la lista de los apetitos humanos.”
“¿Por qué tantos artistas contemporáneos se niegan a seguir ese camino?”. La respuesta de Scrutton es “porque tal vez sepan que éste conduce hasta Dios”.
Muestra de arquitectura moderna
El filósofo hace un análisis implacable de los cambios sufridos por el mundo del arte durante “medio siglo de negativismo”. Los artistas pasaron a “glorificar la fealdad a través de imágenes de brutalidad y destrucción, elogiando estilos de vida viciosos y repugnantes, músicas de un mal gusto vejatorio o de una violencia alocada e impía. El culto de la frialdad y de la desacralización se afirma en esta época de prosperidad sin precedentes. No se puede servir a Dios y a Mamon: en presencia de las cosas sagradas -concluye- nuestras vidas son juzgadas y para escapar de ese juicio, destruimos la cosa que parece acusarnos”.
Texto original: Maria Antonietta Calabrò (Corriere de la Sera, 12 de diciembre de 2009)



