viernes, 1 de enero de 2010

Navidad y Sociedad Argentina

Todavía queda un inconsciente social de lo que es la Navidad… que haya paz… encuentro familiar… saludos y regalos de amistad… buena comida… Fiesta…

Pero, en muchos, falta lo principal de la fiesta: EL ENCUENTRO CON JESÚS.

Todo el mundo se está preparando para la Fiesta de Navidad… Seamos conscientes que una Navidad sin Cristo es como una nuez podrida. Por muy “sabroso” aspecto que tenga la cáscara, si al romperla encontramos su interior en mal estado, espontáneamente hacemos una mueca de desagrado. Una Navidad sin un encuentro con Jesús no es NAVIDAD, aunque en el almanaque así figure y será una fiesta falseada

Los que tenemos Fe en que Dios nos ama y por eso, nos ha enviado a su propio Hijo, nacido de mujer, la joven de Nazaret, preparemos cuidadosamente la Navidad 2009. Recuperemos la celebración navideña para gozar el plan salvador de Dios. Escuchemos su Palabra. El Evangelio de Jesús nos habla claro sobre qué tenemos que hacer para ser felices. Cómo nos tenemos que comportar entre nosotros para vivir de acuerdo al proyecto salvador. Nos orienta para que logremos las más íntimas y grandes aspiraciones del ser humano. Para que vivamos en armonía fraterna transformados en hermanos de Jesús e hijos de Dios. Para que vivamos la alegría de la igualdad de familia de Dios. Para que, ciudadanos de esta Patria, demos signos de la Patria Celestial conforme al proyecto liberador integral del Dios de Jesucristo. En clave cristiana, Navidad es la Fiesta del amor, la Fiesta de la igualdad en un compartir fraternal. Seamos realistas ¿así será la Fiesta de Navidad en la Argentina de hoy?, ¿cómo se está preparando?

Seamos sinceros… Abiertamente, en forma contraria al plan salvador de Dios al enviarnos a Jesús. Ante tanta desigualdad, injusticia, violencia, hambre, niñez abandonada en la calle, juventud destruida por el alcohol y la droga, adultos decepcionados por falta de trabajo y engañados por el juego, ancianos traicionados en sus ahorros, asoma una pregunta: ¿ dónde está Dios y su plan salvador? NO. La pregunta es ¿dónde están los creyentes en el Dios Jesucristo? ¿Dónde están los católicos en la Argentina de hoy? ¿Cómplices de los responsables de la Patria en ruinas? ¿O cooperadores de Dios en el plan salvador del Dios de Jesús?

El mensaje bíblico es lapidario. Jesús que esperamos en Navidad convoca a construir una nueva historia en justicia y santidad. En Navidad de Jesús se cantó la Gloria de Dios a tiempo que se comprometió a hombres y mujeres de buena voluntad a construir la PAZ. Mensaje que encierra la voz de profetas de todos los tiempos que llaman a la tarea de combatir la avidez del rico, la iniquidad de quienes deben dictar leyes justas y no las dictan, el orgullo tiránico y dominador de gobernantes arrogantes, el vacío del Culto a Dios sin compromiso de un compartir generoso y efectivo con el que menos tiene.

Por eso, en la inmediatez del acontecimiento de Jesús nacido en Belén la pregunta cristiana es ¿qué tenemos que hacer? El más grande y último de los profetas, Juan el Bautista responde en forma terminante: compartan. “El que tenga comida, compártala con quien no tenga nada para comer” Lucas 3,1-18. El compartir produce igualdad de familia creando una sociedad comunitaria. Común-unidad.

Ante la Argentina partida en 2 clases de ciudadanos: quienes tienen hasta un consumismo irritante y vergonzoso y quienes no tienen lo mínimo para consumir, generador de violencia de todo tipo: violencia de dirigentes sin reales políticas de una real justicia social desde una sincera solidaridad; violencia criminal generada por la desesperación y drogadicción, al amparo del vil enriquecimiento con la extrema pobreza ¿qué significa una auténtica celebración de Navidad 2009? Tomar el compromiso, con suma urgencia, de formar chicas y muchachos en la dimensión social del Evangelio de Jesús, nacido en la pobreza de un pesebre. La Argentina necesita dirigentes honestos y servidores. De lo contrario, la sociedad argentina seguirá autodestruyéndose por la injusticia, la violencia y la droga.

Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma para el tercer domingo de Adviento ((13 de diciembre de 2009)

La Cultura no es un Lujo



La cultura no es un lujo ni un divertimento; ella es necesaria, es el tajamar contra la barbarie, siempre latente en el hombre. La Religión necesita de la cultura verdadera; la Religión Católica es una “Religión Cultural”, no primitiva; por eso ella conservó la cultura antigua durante el bajo Imperio y los Siglos de Hierro amenazada. Hombres religiosos se hacían monjes para copiar manuscritos, no sólo de Cicerón y Virgilio, pero ¡de Petronio!

San Benito, padre de los monjes de Occidente, inventó una Orden y una Regla admirables: vio que era necesario algunos hombres se dedicasen al estudio, y otros trabajasen manualmente para mantenerlos; y otros a la tarea intermedia de copiar y conservar el depósito de la antigua cultura, amenazado por los bárbaros del Norte; cubriendo así los tres puntos vitales de la civilización europea; y al mismo tiempo cantasen todos juntos el oficio divino, y enseñasen la agricultura a los belicosos bárbaros –y toda cultura, junto con los Cuatro Evangelios (...)

Los profetas son, en última instancia, los que mantienen (o mantenían) sana la cultura; pues toda gran arte y gran filosofía tiene una raíz religiosa. Suprimen a los profetas, se pudre la cultura. Hay que ver la estofa de los profetas que ahora nos imparten cultura a mares desde los diarios, las revistas, la radio, la televisión, las novelas, las poesías –y las cátedras. Hay que verlos, pero un rato no más, para conocerlos. Nadie puede abrevarse allí asiduamente, y sobrevivir. Toda la “cultura” argentina está falsificada e intoxicada. Los veramente cultos están relegados; y aun hostigados, si tienen dones proféticos”.

Padre Leonardo Castellani (1899-1981)
-Fragmento de su obra "El Apokalypsis de San Juan", en relación con la visión de las 7 Copas-

Panteísmo y Neopaganismo

En su mensaje para la 43° Jornada Mundial de la Paz que se celebrará el próximo 1 de enero de 2010, titulado "Si quieres promover la paz, protege la Creación", el Papa Benedicto XVI explicó que "una correcta concepción de la relación del hombre con el medio ambiente no lleva a absolutizar la naturaleza ni a considerarla más importante que la persona misma".

En el texto presentado esta mañana en conferencia de prensa en la Sala Stampa de la Santa Sede, el Santo Padre explica que "el Magisterio de la Iglesia manifiesta reservas ante una concepción del mundo que nos rodea inspirada en el ecocentrismo y el biocentrismo, porque dicha concepción elimina la diferencia ontológica y axiológica entre la persona humana y los otros seres vivientes. De este modo, se anula en la práctica la identidad y el papel superior del hombre, favoreciendo una visión igualitarista de la ‘dignidad’ de todos los seres vivientes".

"Se abre así paso –prosigue el mensaje– a un nuevo panteísmo con acentos neopaganos, que hace derivar la salvación del hombre exclusivamente de la naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista. La Iglesia invita en cambio a plantear la cuestión de manera equilibrada, respetando la ‘gramática’ que el Creador ha inscrito en su obra, confiando al hombre el papel de guardián y administrador responsable de la creación, papel del que ciertamente no debe abusar, pero del cual tampoco puede abdicar".

"En efecto, también la posición contraria de absolutizar la técnica y el poder humano termina por atentar gravemente, no sólo contra la naturaleza, sino también contra la misma dignidad humana", explica el Santo Padre.

Luego de recordar que la Iglesia tiene "una responsabilidad respecto a la creación y se siente en el deber de ejercerla también en el ámbito público, para defender la tierra, el agua y el aire, dones de Dios Creador para todos, y sobre todo para proteger al hombre frente al peligro de la destrucción de sí mismo", el Papa resalta que "la degradación de la naturaleza está estrechamente relacionada con la cultura que modela la convivencia humana, por lo que ‘cuando se respeta la ‘ecología humana’ en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia’".

"No se puede pedir a los jóvenes que respeten el medio ambiente, si no se les ayuda en la familia y en la sociedad a respetarse a sí mismos: el libro de la naturaleza es único, tanto en lo que concierne al ambiente como a la ética personal, familiar y social", añade.

Benedicto XVI asegura luego que "los deberes respecto al ambiente se derivan de los deberes para con la persona, considerada en sí misma y en su relación con los demás. Por eso, aliento de buen grado la educación de una responsabilidad ecológica que, como he dicho en la Encíclica Caritas in veritate, salvaguarde una auténtica ‘ecología humana’ y, por tanto, afirme con renovada convicción la inviolabilidad de la vida humana en cada una de sus fases, y en cualquier condición en que se encuentre, la dignidad de la persona y la insustituible misión de la familia, en la cual se educa en el amor al prójimo y el respeto por la naturaleza. Es preciso salvaguardar el patrimonio humano de la sociedad".

"Este patrimonio de valores tiene su origen y está inscrito en la ley moral natural, que fundamenta el respeto de la persona humana y de la creación", agrega.

Recordando el título del mensaje: "Si quieres promover la paz, protege la Creación", el Pontífice destaca que "la búsqueda de la paz por parte de todos los hombres de buena voluntad se verá facilitada sin duda por el reconocimiento común de la relación inseparable que existe entre Dios, los seres humanos y toda la Creación".

Ante esta tarea, prosigue, "los cristianos ofrecen su propia aportación, iluminados por la divina Revelación y siguiendo la Tradición de la Iglesia. Consideran el cosmos y sus maravillas a la luz de la obra creadora del Padre y de la redención de Cristo, que, con su muerte y resurrección, ha reconciliado con Dios ‘todos los seres: los del cielo y los de la tierra’. Cristo, crucificado y resucitado, ha entregado a la humanidad su Espíritu santificador, que guía el camino de la historia, en espera del día en que, con la vuelta gloriosa del Señor, serán inaugurados ‘un cielo nuevo y una tierra nueva’, en los que habitarán por siempre la justicia y la paz".

Por ello, dice el Papa, "proteger el entorno natural para construir un mundo de paz es un deber de cada persona. He aquí un desafío urgente que se ha de afrontar de modo unánime con un renovado empeño; he aquí una oportunidad providencial para legar a las nuevas generaciones la perspectiva de un futuro mejor para todos. Que los responsables de las naciones sean conscientes de ello, así como los que, en todos los ámbitos, se interesan por el destino de la humanidad: la salvaguardia de la Creación y la consecución de la paz son realidades íntimamente relacionadas entre sí".

Finalmente Benedicto XVI invita a "todos los creyentes a elevar una ferviente oración a Dios, Creador todopoderoso y Padre de misericordia, para que en el corazón de cada hombre y de cada mujer resuene, se acoja y se viva el apremiante llamamiento: Si quieres promover la paz, protege la Creación".

San Francisco Javier





El Papa Pío X nombró a San Francisco Javier como Patrono de todos los misioneros porque fue sin duda uno de los misioneros más grandes que han existido, siendo llamado con justa razón el "gigante de la historia de las misiones".

San Francisco empezó a ser misionero a los 35 años y murió con tan sólo 46 años. En 11 años recorrió la India (país inmenso), el Japón y varios países más. Su deseo de ir a Japón era tan grande que exclamaba: "si no consigo barco, iré nadando". Fue un verdadero héroe misional.

El santo nació cerca de Pamplona (España) en el castillo de Javier, en el año 1506. Fue enviado a estudiar a la Universidad de París, y estando allí conoció a San Ignacio de Loyola con quien estableció una sólida y bonita amistad. San Ignacio le repetía constantemente la famosa frase de Jesucristo: "¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?" y fue justamente esta amistad y las frecuentes pláticas e intensas oraciones lo que transformó por completo a San Francisco Javier, quien fue uno de los siete primeros religiosos con los cuales San Ignacio fundó la Compañía de Jesús o Comunidad de Padres Jesuitas.

Su gran anhelo era poder misionar y convertir a la gran nación china. Pero en ese lugar estaba prohibida la entrada a los blancos de Europa. Al fin consiguió que el capitán de un barco lo llevara a la isla desierta de San Cian, a 100 kilómetros de Hong Kong, pero allí lo dejaron abandonado, se enfermó y consumido por la fiebre, murió el 3 de diciembre de 1552, pronunciando el nombre de Jesús, a la edad de 46 años.

Años más tarde, sus compañeros de la congregación quisieron llevar sus restos a Goa, y encontraron su cuerpo incorrupto, conservándose así hasta nuestros días. San Francisco Javier fue declarado santo por el Sumo Pontífice en 1622 junto con Santa Teresa, San Ignacio, San Felipe y San Isidro.

Los santos tienen sus planes de apostolado que a veces no llegan a poder cumplirse, sólo Dios sabe por qué. Porque Dios conoce todo, lo escondido, lo oculto y lo que todos ven.

Gran Santo fue San Francisco Javier; imitémosle en la fe y en sus ansias de misionar, pero tanto da ir a China como quedarse en el mismo lugar donde vimos la luz un día; lo importante de verdad es hablar de Dios a las gentes y llenarles el corazón de deseos de obras de piedad. Hoy se reza poco y se reza mal; hay que rezar para pedir por los demás y no sólo por nosotros. Seamos misioneros también en la oración, que esto agrada en abundancia al Señor Nuestro Dios, Jesucristo, Rey y Salvador.


Padre Jesús para CatholicosOnLine

Ovarios Destruidos: el Fracaso de las Vacunas Anticonceptivas

(Texto original de Joan Robinson - Population Research Institute)
La Dra. Bonnie Dunbar, una de las principales investigadoras en el campo de la anticoncepción, abandonó recientemente 30 años de trabajo en el desarrollo de una vacuna anticonceptiva, porque descubrió que el cuerpo femenino se rehúsa a ir en contra de su propia reproducción. La ciencia, una vez más, confirma la fuerza inalterable del diseño físico femenino.

Ya sea en la China rural, en la sabana africana o en el Occidente citadino, los cuerpos de las mujeres, y específicamente su capacidad reproductiva, son objeto de múltiples ataques. Píldoras, parches e implantes hormonales, espermicidas, etc., son intentos para detener el sistema de la mujer en una de sus capacidades más perfectas e integrales: darle la existencia a un ser humano, y por ende, continuar su especie. Los anticonceptivos son a fin de cuentas introducción invasiva de material extraño en el cuerpo de la mujer que anula el proceso reproductivo natural. Lo que la Dra. Bonnie Dunbar esperó desarrollar era una vacuna que podría engañar al sistema inmunológico femenino. Una forma de lucha contra las células reproductivas como si éstas fueran virus. La vacuna de la Dra. Dunbar era un intento insidioso de hacer que el cuerpo considere el embarazo como una enfermedad.

La motivación detrás de su investigación sobre los anticonceptivos fue, como es lógico, el control de la población. “He pasado mas de 20 años desarrollando vacunas, vacunas anticonceptivas”, explicó la Dra. Dunbar, “porque en mi juventud tuve una visión de que, tal vez, podríamos ayudar al problema de la población mundial y darles a las mujeres una opción para el control de la natalidad que no fuera invasiva a nuestras hormonas o a nuestros sistemas o que tengan los efectos colaterales que ahora vemos en muchos métodos anticonceptivos”.

Se supone que ella esperaba que la inmunidad de la vacuna al embarazo durara varios años al menos y así resultaría un control de población más eficaz en las naciones en desarrollo. En la mentalidad de los promotores del control natal, la píldora u otros métodos anticonceptivos requieren demasiada participación y disciplina de la mujer para ser efectivos. En esos métodos de corta duración y uso repetitivo (diario en el caso de las píldoras) la tasa de deserción y falla de uso son altísimas. Por supuesto es algo que nunca se molestan en decir en público.

Entre los muchos éxitos de su larga y brillante carrera, la Dra. Dunbar formó parte de la plantilla de científicos de la Fundación Harbor Branch de la Universidad Atlántica de Florida, del Smithsonian Institution y, no nos sorprende en lo más mínimo, del Population Council, digamos la “Universidad” de Rockefeller. Ha recibido muchas condecoraciones por sus décadas de trabajo en las vacunas anticonceptivas y en 1994 fue premiada por los NIH (National Institutes of Health, el instituto encargado de la salud pública en Estados Unidos) como la First Margaret Pittman Lecturer (Primera Catedrática Margaret Pittman). Ella es un miembro fundador de The Africa Biomedical Center (Centro Biomédico de Africa) en Kenia, donde actualmente vive. A través de los años, la Dra. Dunbar ha asesorado a la Organización Mundial de la Salud y a USAID en muchos proyectos de países en desarrollo, incluyendo China, India, América del Sur y África. (No es coincidencia que todas estas regiones son objetivos principales para los programas de control de población de las Naciones Unidas.)


Tuve el placer de conocer a la Dra. Dunbar recientemente en la IV Conferencia Pública Internacional sobre la Vacunación. Ella vino de Kenia para presentar los resultados de su fallida investigación de la vacuna y hacer un llamamiento sorprendente para una reorientación de fondos, apartados del VIH / SIDA y la investigación de la vacuna anticonceptiva, a las necesidades primarias de salud de los africanos y, por supuesto, a la reducción de la población.

Cuando empezó como estudiante de posgrado a desarrollar una vacuna anticonceptiva, la Dra. Dunbar se dio cuenta de que muchas mujeres infértiles tenían anticuerpos hacia su propia zona pelúcida. (La zona pelúcida es la glucoproteína que rodea el óvulo femenino o el huevo). Esto impedía que el esperma se una penetrando y fertilizando el óvulo. Esto se convirtió en la base de la hipótesis de la investigación de la Dra. Dunbar.

“Por años,” explicó, “pensamos que si las mujeres eran infértiles debido a estos anticuerpos, pero por otro lado, eran perfectamente saludables, entonces esta situación se convertía en un eficaz método anticonceptivo, que evitaría la fecundación sin ser abortivo, y tampoco interferiría con el sistema endocrino.” Esperaba imitar este trastorno de infertilidad natural, para hacer una vacuna que desarrollaría en mujeres saludables respuesta inmunológica a sus propios óvulos. “El objetivo de nuestra vacuna era desarrollar autoinmunidad”, declaró la Dra. Dunbar, así de claro y sin ninguna afectación.

La manera en que la Dra. Dunbar proponía para generar autoinmunidad fue inyectar a sus conejos de laboratorio, no con sus propias glucoproteínas de la zona pelúcida (muy parecidas a otras proteínas del conejo que realizan funciones diversas en el cuerpo del conejo), sino con las proteínas del cerdo. Estas últimas son lo suficiente extrañas para “engañar al conejo produciendo anticuerpos en contra de sus mismas propias proteínas”. Y fue eficaz. Estas inyecciones provocaron una respuesta autoinmune en los conejos inoculados. Sin embargo, hubo una dificultad mayor que, curiosamente, al final resultó insuperable.

“Descubrimos que cuando inmunizábamos a estos animales, les destruíamos completamente los ovarios,” admitió la Dra. Dunbar. “Desafortunadamente, no solamente estábamos evitando la fecundación, sino que generábamos toda una enfermedad autoinmune, también conocida como insuficiencia ovárica prematura.”

Ella probó la vacuna en varios animales, incluyendo primates, y descubrió en todos los casos que la vacuna causó una falla auto inmunológica permanente en los ovarios. Al observar las fotografías de estos ovarios devastados, completamente destruidos por el propio cuerpo femenino, la Dra. Dunbar tomó una decisión. Actuando con integridad, a menudo ausente en investigadores de anti-fertilidad, resolvió oponerse totalmente a cualquier desarrollo posterior de esta vacuna en seres humanos. "Al declarar la muerte de esta vacuna para la investigación humana adicional", declaró la Dra. Dunbar, "yo seré responsable de la infelicidad de algunas personas en mi empresa de biotecnología y de algunas otras más."

Ahora esta antigua vacuna anticonceptiva está siendo desarrollada como un posible agente de esterilización no-quirúrgico para perros y gatos, y también se utiliza para seleccionar la limitada población de elefantes africanos. Y por supuesto en ello, no tenemos ninguna objeción.

Joan Robinson - Population Research Institute

Grande es Mi Preocupación

“Hijos predilectos, pasad Conmigo las últimas horas de este año que está para acabar, en la oración y en el recogimiento.

No os dejéis apoderar por la disipación, el ruido y las diversiones, con las que pasan estas horas la mayor parte de mis pobres hijos.

Leed en el silencio los signos de vuestro tiempo y asociaos a mi gran preocupación por lo que os espera.

–Grande es mi preocupación, porque esta humanidad, tan enferma, continúa en su obstinado rechazo de Dios y de su Ley de amor.

De tantas maneras y con muchos signos e intervenciones extraordinarias, he intervenido durante este año para invitarla a la conversión y a su retorno al Señor.

Pero no he sido escuchada.

El Nombre del Señor es vilipendiado y su día es cada vez más profanado.

El egoísmo sofoca el corazón de los hombres, que se han vuelto fríos y cerrados por una gran incapacidad de amar.

El valor de la vida es despreciado; aumentan las violencias y homicidios; se recurre a cualquier medio para impedir el nacimiento de nuevas criaturas; se multiplican por doquier los abortos voluntarios, estos terribles delitos que gritan noche y día venganza ante la presencia de vuestro Dios; la impureza se propaga como una marea de fango que todo lo arrolla.

La copa de la divina Justicia está colmada y rebosante.

Yo veo el castigo con el que la misericordia de Dios quiere purificar y salvar esta pobre humanidad pecadora.

¡Qué grandes y numerosos son los sufrimientos que os esperan, mis pobres hijos tan insidiados y engañados por Satanás, el Espíritu de la mentira que os seduce y os arrastra a la muerte!

–Grande es mi preocupación, porque mi Iglesia está a merced de las fuerzas del mal que la amenazan e intentan destruirla desde dentro.

La masonería, con su poder diabólico, ha puesto su centro en el corazón mismo de la Iglesia, donde reside el Vicario de mi Hijo Jesús y desde allí difunde su maléfico influjo en todas partes del mundo.

Ahora ella va a ser nuevamente traicionada por los suyos, cruelmente perseguida, y conducida al patíbulo.

Yo veo que la persecución sangrienta está ya a las puertas y cuántos de vosotros seréis dispersados por el impetuoso viento de este huracán espantoso.

Participad en estas horas en esta mi gran preocupación y uníos todos a mi oración de intercesión y de reparación.

Multiplicad por todas partes los Cenáculos de oración, que Yo os he pedido, como lugares seguros, como refugios donde protegeros de la tremenda tormenta que os espera.

En los Cenáculos sentiréis mi extraordinaria presencia.

En los Cenáculos experimentaréis la seguridad y la paz que os da vuestra Madre Celestial.

En los Cenáculos seréis preservados del mal y defendidos de los grandes peligros que os amenazan.

En los Cenáculos seréis formados por Mí en la confianza y en una gran esperanza.

Porque el Cenáculo es el lugar de vuestra salvación que la Madre Celestial ha preparado para vosotros en estos últimos tiempos en los que la gran prueba ya ha llegado para todos.”


Mensaje de la Santísima Virgen al Padre Gobbi (Milán, 31 de diciembre de 1993)

¡Jesús me reta!

Jesús me reta cuando:
Estoy furioso me dice, perdona.
Tengo miedo me dice, ten valor.
Tengo dudas me dice, ten confianza.
Estoy inquieto, me dice ten calma.

Prefiero hacer lo que quiero, me dice sígueme.
Tengo mis propios planes, me dice olvídalos.
Busco cosas materiales, me dice déjalas atrás.
Quiero seguridad, me dice no te prometí nada.

Quiero vivir mi vida, me dice piérdela.
Creo que soy bueno, me dice ser bueno no es suficiente.
Quiero ser el jefe, me dice sirve.
Quiero mandar a otros, me dice obedece.

Quiero entender, me dice cree.
Quiero claridad, me habla en parábolas.
Me gusta la poesía, me habla de realidades.
Quiero tranquilidad, le gusta que esté perturbado.

Me gusta la violencia, me dice la paz este contigo.
Saco la espada, me dice guárdala.
Pienso en venganza, me ofrece la otra mejilla.
Hablo de orden, me dice he venido a traer la espada.

Escojo el odio, me dice ama a tus enemigos.
Siembro armonía, me dice he venido a lanzar el fuego sobre la tierra.
Quiero ser el más importante, me dice aprende a ser como un niño.
Quiero esconderme, me dice deja que tu luz brille.

Cuando busco el mejor lugar, me dice siéntate en la última banca.
Cuando quiero lucirme, me dice reza en tu cuarto tras puertas cerradas.
No, no entiendo a este Jesús.
Él me provoca, él me confunde.
Como a muchos de sus discípulos.

Yo también seguiría a otro maestro.
Que fuese más cierto y menos exigente.
Pero experimento casi lo mismo que Pedro.
No conozco a ningún otro,
que tenga las palabras de vida eterna.

Así, decido seguirlo incondicionalmente.

Escrito por Fr. Jack Wainain
Publicado por Golgota On Line

jueves, 31 de diciembre de 2009

Acerca de la Legalización de las Uniones Homosexuales

Comunicado de prensa de monseñor Juan Carlos Romanín SDB, obispo de Río Gallegos, con motivo de la unión homosexual realizada en Ushuaia (29 de diciembre de 2009)

Como es de público conocimiento, nos acercamos a toda nuestra Diócesis de Río Gallegos para aclarar algunos conceptos referentes a la legalización de las uniones homosexuales desde la Doctrina de la Iglesia, subrayada en este último tiempo por el Episcopado Argentino.
"El matrimonio no es una unión cualquiera entre personas humanas. Ha sido fundado por el Creador, que lo ha dotado de una naturaleza propia, propiedades esenciales y finalidades específicas. La verdad natural sobre el matrimonio ha sido confirmada por la Revelación contenida en las narraciones bíblicas de la creación: el hombre, imagen de Dios, ha sido creado ‘varón y hembra’ (Gn 1, 27)". El hombre y la mujer son iguales, tienen los mismos derechos y son complementarios.

"El matrimonio, además, ha sido instituido por el Creador como una forma de vida en la que se realiza aquella comunión de personas que implica el ejercicio de la facultad sexual. ‘Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y se harán una sola carne’ (Gn 2, 24). “Dios ha querido donar a la unión del hombre y la mujer una participación especial en su obra creadora. Por eso ha bendecido al hombre y la mujer con las palabras: ‘Sean fecundos y multiplíquense’ (Gn 1, 28). En el designio del Creador, complementariedad de los sexos y apertura a la procreación pertenecen a la naturaleza misma de la institución del matrimonio. (CIC 1603-1605)

Además, la unión matrimonial entre el hombre y la mujer ha sido elevada por Cristo a la dignidad de sacramento. La Iglesia enseña que el matrimonio cristiano es signo eficaz de la alianza entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5, 32). Este significado cristiano del matrimonio, lejos de disminuir el valor profundamente humano de la unión matrimonial entre el hombre y la mujer, lo confirma y refuerza (cf. Mt 19, 3-12; Mc 10, 6-9).

En contraste con lo mencionado previamente y de acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica: ‘Los actos homosexuales, en efecto, cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual.” (CIC 2357)

Es necesario aclarar que el respeto a estas personas no implica el legalizar sus actos. Debemos pensar en las generaciones venideras, como los niños, crecerán pensando que esta conducta homosexual es natural, especialmente si lo hacen en un "hogar" homosexual.

Pedimos a la sociedad promulgar leyes de acuerdo con el orden moral y al respeto de los derechos inalienables de cada persona. Como dice Santo Tomás de Aquino: "Toda ley propuesta por los hombres tiene razón de ley en cuanto es conforme con la ley moral natural, reconocida por la recta razón". Las legislaciones favorables a las uniones homosexuales son contrarias a la recta razón porque confieren garantías jurídicas análogas a las de la institución matrimonial a la unión entre personas del mismo sexo.

En las uniones homosexuales están completamente ausentes los elementos biológicos y antropológicos del matrimonio y de la familia. Éstas no están en condiciones de asegurar adecuadamente la procreación y la supervivencia de la especie humana. En dichas uniones no sólo se niega la posibilidad de la procreación, sino que ante una posible adopción, se le estaría negando al niño la experiencia de la maternidad y de la paternidad. “En toda adopción legítima se procede en base a la consigna “la cual no consiste en buscar un niño para un hogar, sino encontrar una familia para ese niño.” (CEA, Directorio Pastoral Familiar, nº 178, a)

La sociedad debe su supervivencia a la familia fundada sobre el matrimonio. La pareja heterosexual dentro de la familia ejerce un rol procreativo y un rol educativo. Una unión homosexual cambiaría radicalmente lo que hoy entendemos por familia: padre, madre e hijos. La consecuencia inevitable del reconocimiento legal de las uniones homosexuales es la redefinición del matrimonio.

"Dado que las parejas matrimoniales cumplen el papel de garantizar el orden de la procreación y son, por lo tanto, de eminente interés público, el derecho civil les confiere un reconocimiento institucional. Las uniones homosexuales, por el contrario, no exigen una específica atención por parte del ordenamiento jurídico, porque no cumplen dicho papel para el bien común". “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales”, Congregación para la Doctrina de la Fe, 3 de junio de 2003)

Por otro lado, el no reconocer las uniones homosexuales no deja de lado todos los derechos que la sociedad le reconoce a cada uno de estos individuos, por lo que es falso que se diga que tienen menos derechos civiles que otros. Los derechos fundamentales de toda persona deben ser respetados.

Nos llama la atención que no se haya permitido dar un debate prolongado y profundo sobre una cuestión de tamaña trascendencia y, en cambio, se haya hecho todo silenciosa y sorpresivamente. Esto constituye un signo de grave ligereza y sienta un serio precedente legislativo para nuestro país y para toda Latinoamérica.

Como Iglesia, llamamos la atención a todos los católicos, sobre todo a los que están involucrados en la política, especialmente a aquellos que ejercen funciones en los poderes del Estado, recordándoles que resulta un acto inmoral grave el hecho de que un católico apoye la legalización de las uniones homosexuales.

Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría convertirlo en un anti-modelo para la sociedad actual, ya que rechaza valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia pide recuperar el respeto por la familia, “lugar afectivo en el que se generan los valores comunitarios más sólidos y se aprende a amar y a ser amado.” (“Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad”, CEA, 14 noviembre 2008)

En la fiesta de la Sagrada Familia, celebrada el domingo último, hicimos nuestra la oración de la Misa pidiéndole a Jesús, a María y a José nos concedan imitar sus virtudes domésticas y unidos por el vínculo de la caridad, lleguemos a gozar de los premios eternos del cielo. Y pedimos a los santos mártires inocentes que nos den la valentía y la audacia de defender siempre la Buena Noticia del Evangelio.

Mons. Juan Carlos Romanín SDB, obispo de Río Gallegos, Provincias de Santa Cruz, Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur

jueves, 10 de diciembre de 2009

El Origen del Mal



En su habitual catequesis de la Audiencia General de este miércoles celebrada en el Aula Pablo VI, el Papa Benedicto XVI habló de otro monje del siglo XI, Ruperto de Deutz, quien enseñó en su tiempo algunas cosas válidas para la actualidad: el mal tiene su origen en el errado uso la libertad humana, con lo que defendió así la absoluta bondad de Dios.

El Santo Padre explicó que desde joven, Ruperto manifestó su amor por la vida monástica y su adhesión total a la Sede de Pedro. Fue nombrado abad de Deutz en 1120 y murió en 1129. "Nos enseña que cuando surgen controversias en la Iglesia, la referencia al ministerio petrino garantiza fidelidad a la sana doctrina y otorga serenidad y libertad interior", dijo el Papa

Recordando las numerosas obras de Ruperto, "que todavía hoy suscitan un enorme interés", Benedicto XVI subrayó que "intervino con determinación" en algunas discusiones teológicas, como por ejemplo en la "defensa de la presencia real de Cristo en la Eucaristía".

En este contexto, el Papa alertó del peligro "de reducir el realismo eucarístico, considerándolo solo un rito de comunión, de socialización, que lleva a que olvidemos muy fácilmente que Cristo resucitado, con su cuerpo resucitado, está presente realmente, y se entrega en nuestras manos para incorporarnos a su cuerpo inmortal y guiarnos a la vida nueva ¡Es un misterio que hay que adorar y amar siempre de nuevo!", exclamó.

El Santo Padre se refirió luego a otra controversia en la que intervino el abad de Deutz: "el problema de la conciliación de la bondad y de la omnipotencia de Dios con la existencia del mal. El abad parte de la bondad de Dios, de la verdad de que Dios es sumamente bueno y no puede sino querer el bien. Individua el origen del mal en el ser humano y en el uso erróneo de la libertad".

Ruperto, dijo el Papa, "sostiene que la Encarnación, evento central de toda la historia, estaba prevista desde toda la eternidad, independientemente del pecado del hombre, para que toda la creación pudiese alabar a Dios Padre y amarlo como una única familia congregada alrededor de Cristo".

Benedicto XVI señaló que Ruperto "es el primer escritor que identificó a la esposa del Cántico de los Cánticos con María Santísima. Así, con su comentario a este libro de la Escritura se revela una especie de ‘summa’ mariológica, en la que se presentan los privilegios y las virtudes excelentes de María. Unió su doctrina mariológica a la doctrina eclesiológica; vio en María Santísima a la parte más santa de la Iglesia entera", y esto tuvo su eco en el Concilio Vaticano II, con la proclamación solemne de María Madre de la Iglesia.

Ruperto de Deutz, concluyó el Pontífice, "como todos los representantes de la teología monástica, supo conjugar el estudio racional de los misterios de la fe con la oración y la contemplación, considerada como la cumbre de todo conocimiento de Dios".

En su saludo a los fieles en español, el Santo Padre se dirigió de manera particular "a los miembros de la Hermandad del Santo Entierro y de Nuestra Señora de la Soledad, de Dos Hermanas, a los jóvenes de Cancún-Chetumal y a los estudiantes de Monterrey, así como a los demás grupos venidos de España y otros países latinoamericanos. A todos os invito a reconocer con agradecimiento la presencia de Cristo en el Pan eucarístico y en su Palabra. Muchas gracias".

martes, 8 de diciembre de 2009

La Inmaculada Concepción de María Santísima




Queridos hermanos y hermanas:

Celebramos hoy una de las fiestas de la bienaventurada Virgen más bellas y populares: la Inmaculada Concepción. María no sólo no cometió pecado alguno, sino que quedó preservada incluso de esa común herencia del género humano que es la culpa original, a causa de la misión a la que Dios la había destinado desde siempre: ser la Madre del Redentor.

Todo esto queda contenido en la verdad de fe de la Inmaculada Concepción. El fundamento bíblico de este dogma se encuentra en las palabras que el Ángel dirigió a la muchacha de Nazaret: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lucas 1, 28). «Llena de gracia», en el original griego «kecharitoméne», es el nombre más bello de María, nombre que le dio el mismo Dios para indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la elegida, la escogida para acoger el don más precioso, Jesús, «el amor encarnado de Dios» (encíclica «Deus caritas est», 12).

Podemos preguntarnos: ¿por qué entre todas las mujeres, Dios ha escogido precisamente a María de Nazaret? La respuesta se esconde en el misterio insondable de la divina voluntad. Sin embargo, hay un motivo que el Evangelio destaca: su humildad. Lo subraya Dante Alighieri en el último canto del «Paraíso»: «Virgen Madre, hija de tu hijo, humilde y alta más que otra criatura, término fijo del consejo eterno» (Paraíso XXXIII, 1-3). La Virgen misma en el «Magnificat», su cántico de alabanza, dice esto: «Engrandece mi alma al Señor… porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava» (Lucas 1, 46.48). Sí, Dios se sintió prendado por la humildad de María, que encontró gracia a sus ojos (Cf. Lucas 1, 30). Se convirtió, de este modo, en la Madre de Dios, imagen y modelo de la Iglesia, elegida entre los pueblos para recibir la bendición del Señor y difundirla entre toda la familia humana.


Esta «bendición» es el mismo Jesucristo. Él es la fuente de la «gracia», de la que María quedó llena desde el primer instante de su existencia. Acogió con fe a Jesús y con amor lo entregó al mundo. Ésta es también nuestra vocación y nuestra misión, la vocación y la misión de la Iglesia: acoger a Cristo en nuestra vida y entregarlo al mundo «para que el mundo se salve por él» (Juan 3, 17).

Queridos hermanos y hermanas: la fiesta de la Inmaculada ilumina como un faro el período de Adviento, que es un tiempo de vigilante y confiada espera del Salvador. Mientras salimos al encuentro de Dios, que viene, miremos a María que «brilla como signo de esperanza segura y de consuelo para el pueblo de Dios en camino» («Lumen gentium», 68).

Benedicto XVI, 2006



María Santísima, ruega por nosotros.

martes, 1 de diciembre de 2009

En Coma por 23 Años...


Según publicó la agencia de noticias Aciprensa, Rom Houben sufrió un accidente automovilístico en 1983 y los médicos lo declararon en coma irreversible. Hace tres años, "volvió a nacer" gracias a que un chequeo especial reveló que tenía el cuerpo paralizado pero su cerebro funcionaba casi totalmente.

Con la ayuda de un teclado especial, Houben –hoy de 46 años de edad– conmocionó a la sociedad belga al revelar que desde que despertó tras el accidente siempre estuvo consciente pero nadie lo escuchaba."Yo gritaba pero nadie me escuchaba", declaró Houben a la revista alemana Der Spiegel y explicó que se sentía atrapado en un cuerpo que no respondía, por lo que debía luchar con la impotencia de ver a los doctores y enfermeras intentar hablar con él antes de que perdieran todas las esperanzas.


Rom Houben

En 2006 un escáner reveló que aunque Houben estaba paralizado, su cerebro funcionaba casi en su totalidad. "Nunca olvidaré el día en que me descubrieron. Fue como volver a nacer", declaró.La historia de Houben fue revelada esta semana gracias a un ensayo del doctor Steven Laureys, de la Universidad de Liege, quien asegura que en el 40 por ciento de los casos de diagnóstico de estado vegetativo, un estudio más exhaustivo revela signos de conciencia.


Profesor Laureys (Universidad de Ligia)

El equipo de Laureys entrenó a Houben para comunicarse con la ayuda de un teclado especial. Si Houben está con vida también es gracias a sus padres que se resistieron a aceptar que su hijo estaba en estado comatoso o vegetativo. Su madre lo llevó cinco veces a Estados Unidos para que le hicieran pruebas y fue quien encontró al doctor Laureys. Con la ayuda del teclado, Houben ha comenzado a escribir sus memorias y aunque su parálisis es grave, ahora ya puede comunicarse con sus seres queridos.

Vencer al Mal con el Bien

(1) Para saber

Al tratar sobre el desarrollo de los pueblos, el Papa Benedicto XVI ha querido poner énfasis en que su logro no está sólo en soluciones “técnicas”, es decir, el problema no es sólo económico o político, sino que es más profundo, ya que tiene relación con la vocación que tiene cada hombre para vivir el amor. Pero ese amor debe estar fundamentado en la verdad.

La humanidad ya tiene un modelo de ese amor: lo encuentra en Dios hecho hombre, en Jesús. De ahí que afirme el Papa que el anuncio de Cristo es el primero y principal factor de desarrollo, pues ese amor nos enseñará a dar y a darnos al prójimo. Jesucristo viene a comunicarnos ese amor para que, a su vez, podamos darlo nosotros también (Cfr. Caridad en la verdad, n.8).

2) Para pensar

Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quien los alumnos consideraban su amigo debido a su bondad para quienes seguían sus instrucciones.
Mientras caminaban, vieron junto a la vereda un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado y que estaba por terminar sus labores diarias.

El alumno dijo al profesor: “Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre”.

“Mi querido amigo -le dijo el profesor-, nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Mejor coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre”.

Eso hizo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos. El hombre pobre, terminó sus tareas, y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo. Al ponerse el abrigo deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro, se agachó para ver qué era y encontró la moneda. Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado. Miró la moneda, le dio vuelta y la volvió a mirar.
Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no se veía a nadie. La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda. Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantó la vista al cielo pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta, hablando de su esposa enferma y sin ayuda; de sus hijos que no tenían pan y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre.

El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de lágrimas. “Ahora- dijo el profesor- ¿no estás más complacido que si le hubieras hecho una broma?”.
El joven respondió: “Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo algo que antes no entendía: es mejor dar que recibir”.

3) Para vivir

El motivo de la reciente encíclica fue el cuarenta aniversario de la publicación de la Encíclica de Pablo VI llamada “El desarrollo de los pueblos”. Después de ese documento, el mundo ha experimentado un cambio: el fenómeno de la “globalización”. El riesgo, dice el Papa, es que al olvidar el aspecto ético, no haya un verdadero crecimiento humano de todos los pueblos.
Sólo la fuerza del amor podrá vencer al mal con el bien y se podrán abrir las conciencias de los seres humanos a unas relaciones recíprocas de libertad y de responsabilidad que eliminen las injusticias (Cfr. Caridad en la verdad, n.9).

Nuestra Señora de las Victorias

De los 3 eventos marianos ocurridos en París en el siglo 19, en los que Dios habló sobre el Inmaculado Corazón de María, el segundo fue el más explícito en referencia a esta gracia. El primero había sido la aparición de la Virgen a Santa Catalina Labouré en Rue du Bac en la que pidió la Medalla Milagrosa y el tercero, el Escapulario Verde.

Nos referimos a los acontecimientos acaecidos en 1836 en la Parroquia de Nuestra Señora de las Victorias de París. Como resultado de este hecho, la parroquia se convirtió en un gran centro de devoción mariana.

La construcción del templo se había iniciado hacia 1629 por parte de "los Padrecitos" agustinos. Fue el rey Luis XIII el que propuso el nombre de "Nuestra Señora de las Victorias" como agradecimiento por sus victorias que garantizaron la unidad francesa. Pronto quedó de manifiesto que Dios tenía para ese convento especiales designios. La Virgen quería aquel lugar para atraer hacia Dios a sus hijos dispersos por el pecado y sus consecuencias, las guerras y el ateismo.
Durante la Revolución Francesa, cuando se extendió el terror por toda Francia, los padres Agustinos fueron expulsados de su convento y en su iglesia instalaron la bolsa de valores. Las cosas cambiaron cuando Napoleón quiso, por intereses políticos, aparentar ser amigo de la Iglesia. Entre 1800 y 1809 el templo fue eregido como parroquia. Debido al gran daño que la revolucióm había provocado sobre la fe, sólo concurrían unos pocos fieles. Fue en 1832 cuando el el padre Carlos Eléonor des Genettes fue instalado como párroco de Nuestra Señora de la Victorias.
La Iglesia y la comunidad estaban en decadencia. Por casi 5 años no se observaron frutos de la tarea parroquial. No obstante, el 3 de diciembre de 1836, mientras celebraba la Santa Misa en el altar de la iglesia de Nuestra Señora, hizo las oraciones de la liturgia de la época. Pronunció las palabras: ¨Judica me¨, sintió una gran conmoción interior. ¨¡Júzgame, oh Señor!"
Si el Señor fuera a juzgarlo, ¿cómo lo encontraría? ¿Quizás como un fracasado?. "¿Ha habido un sacerdote tan estéril en su ministerio como yo?". Este pensamiento era un puñal que traspasaba su corazón. Concluyó que lo mejor era presentar su renuncia como párroco.

Cuando comenzó la Oración Eucarística, hizo un esfuerzo concentrarse en la Consagración. Sin embargo, se sintió muy perturbado y suplicó al Señor para ofrecer el Santo Sacrificio en un estado digno. Fue entonces cuando escuchó muy claramente unas palabras solemnes: "Consagra tu parroquia al Santísimo e Inmaculado Corazón de María".

Así experimentó una gran paz interior y desapareció su obsesión. Cuando se iba a levantar de su silla para terminar la celebración de la Santa Misa, volvió a escuchar aquellas palabras: "Consagra tu parroquia al Santísimo e Inmaculado Corazón de María". Cayó de rodillas preso del temor y, si bien intentó ignorar la frase, decidió responder a la petición. Pensó que la mejor forma de llevar esto a cabo era establecer una asociación religiosa con oraciones específicas, reuniones y normas.

El domingo 11 de diciembre anunció desde el púlpito que empezarían esa misma tarde unas devociones y oraciones para pedir al Señor, a través de la intercesión del Inmaculado Corazón de María, la conversión de los pecadores. Después de la Misa, 2 hombres que casi nunca asistían a Misa, se acercaron al P. Genettes y pidieron el sacramento de la confesión. A las siete de la tarde, la hora anunciada para empezar las devociones al Inmaculado Corazón, quinientas personas se hicieron presente en la iglesia, cuando por años no se había visto en esa parroquia más de diez personas.

Mientras avanzaban las devociones, sus corazones se fueron gradualmente abriendo al amor de María Santísima. Ante sus dudas, el párroco pidió a la Virgen Santísima una señal, la conversión del señor Joly, el último ministro de Luis XVI, ciego, enfermo y anticlerical. El padre había tratado muchas veces de acercarse al Joly sin éxito.

El 12 de diciembre, el sacerdote regresó a casa del pecador y logró a él. Joly pidió al padre que lo bendijera. Movido profundamente, el sacerdote lo bendijo, y en ese momento el anciano exclamó: "¡Su visita me está haciendo tanto bien, padre! No le puedo ver, pero siento su presencia. Desde que entró a mi cuarto sentí una paz, calma interior y felicidad que nunca antes había experimentado". Al ver tal disposición, le propuso si quería confesarse, a lo cual Joly contestó inmediatamente que sí.

La Asociación continuó creciendo y se extendió por toda París, luego por Francia y más tarde por el mundo entero. Para la primavera de 1838, la extraordinaria historia de la Asociación llamó la atención del Supremo Pontífice. Gregorio XVI emitió un informe erigiendo perpetuamente en la Iglesia de Nuestra Señora de las Victorias, la Archicofradía del Santísimo e Inmaculado Corazón de María, para la conversión de los pecadores. La humilde y pequeña asociación se convirtió en una organización espiritual mundial.
La conversión tan extraordinaria que hubo en la Parroquia de Nuestra Señora de las Victorias a través de la Consagración al Inmaculado Corazón, y el rápido crecimiento de la Archicofradía del Santísimo e Inmaculado Corazón de María para la conversión de los pecadores, fue la segunda manifestación mariana después de Rue du Bac, dentro de todo un plan divino para promover la devoción al Inmaculado Corazón de María que continuaría desarrollándose a través de los años.

Chesterton y su Conversión al Catolicismo


Chesterton: ¿Por qué me convertí al catolicismo?

Aunque sólo hace algunos años que soy católico, sé sin embargo que el problema "por qué soy católico" es muy distinto del problema "por qué me convertí al catolicismo". Tantas cosas han motivado mi conversión y tantas otras siguen surgiendo después... Todas ellas se ponen en evidencia solamente cuando la primera nos da el empujón que conduce a la conversión misma.

Todas son también tan numerosas y tan distintas las unas de las otras, que, al cabo, el motivo originario y primordial puede llegar a parecernos casi insignificante y secundario. La "confirmación" de la fe, vale decir, su fortalecimiento y afirmación, puede venir, tanto en el sentido real como en el sentido ritual, después de la conversión. El convertido no suele recordar más tarde de qué modo aquellas razones se sucedían las unas a las otras. Pues pronto, muy pronto, este sinnúmero de motivos llega a fundirse para él en una sola y única razón.

Existe entre los hombres una curiosa especie de agnósticos, ávidos escudriñadores del arte, que averiguan con sumo cuidado todo lo que en una catedral es antiguo y todo lo que en ella es nuevo. Los católicos, por el contrario, otorgan más importancia al hecho de si la catedral ha sido reconstruida para volver a servir como lo que es, es decir, como catedral.

¡Una catedral! A ella se parece todo el edificio de mi fe; de esta fe mía que es demasiado grande para una descripción detallada; y de la que, sólo con gran esfuerzo, puedo determinar las edades de sus distintas piedras.

A pesar de todo, estoy seguro de que lo primero que me atrajo hacia el catolicismo, era algo que, en el fondo, debería más bien haberme apartado de él. Estoy convencido también de que varios católicos deben sus primeros pasos hacia Roma a la amabilidad del difunto señor Kensit.

El señor Kensit, un pequeño librero de la City, conocido como protestante fanático, organizó en 1898 una banda que, sistemáticamente, asaltaba las iglesias ritualistas y perturbaba seriamente los oficios. El señor Kensit murió en 1902 a causa de heridas recibidas durante uno de esos asaltos. Pronto la opinión pública se volvió contra él, clasificando como "Kensitite Press" a los peores panfletos antirreligiosos publicados en Inglaterra contra Roma, panfletos carentes de todo juicio sano y de toda buena voluntad.

Recuerdo especialmente ahora estos dos casos: unos autores serios lanzaban graves acusaciones contra el catolicismo, y, cosa curiosa, lo que ellos condenaban me pareció algo precioso y deseable.

En el primer caso -creo que se trataba de Horton y Hocking- se mencionaba con estremecido pavor, una terrible blasfemia sobre la Santísima Virgen de un místico católico que escribía: "Todas las criaturas deben todo a Dios; pero a Ella, hasta Dios mismo le debe algún agradecimiento". Esto me sobresaltó como un son de trompeta y me dije casi en alta voz: "¡Qué maravillosamente dicho!" Me parecía como si el inimaginable hecho de la Encarnación pudiera con dificultad hallar expresión mejor y más clara que la sugerida por aquel místico, siempre que se la sepa entender.

En el segundo caso, alguien del diario "Daily News" (entonces yo mismo era todavía alguien del "Daily News"), como ejemplo típico del "formulismo muerto" de los oficios católicos, citó lo siguiente: un obispo francés se había dirigido a unos soldados y obreros cuyo cansancio físico les volvía dura la asistencia a Misa, diciéndoles que Dios se contentaría con su sola presencia, y que les perdonaría sin duda su cansancio y su distracción. Entonces yo me dije otra vez a mí mismo: "¡Qué sensata es esa gente! Si alguien corriera diez leguas para hacerme un gusto a mí, yo le agradecería muchísimo, también, que se durmiera enseguida en mi presencia".

Junto con estos dos ejemplos, podría citar aún muchos otros procedentes de aquella primera época en que los inciertos amagos de mi fe católica se nutrieron casi con exclusividad de publicaciones anticatólicas.

Tengo un claro recuerdo de lo que siguió a estos primeros amagos. Es algo de lo cual me doy tanta más cuenta cuanto más desearía que no hubiese sucedido. Empecé a marchar hacia el catolicismo mucho antes de conocer a aquellas dos personas excelentísimas a quienes, a este respecto, debo y agradezco tanto: al reverendo Padre John O'Connor de Bradford y al señor Hilaire Belloc; pero lo hice bajo la influencia de mi acostumbrado liberalismo político; lo hice hasta en la madriguera del "Daily News".

Este primer empuje, después de debérselo a Dios, se lo debo a la historia y a la actitud del pueblo irlandés, a pesar de que no hay en mí ni una sola gota de sangre irlandesa. Estuve solamente dos veces en Irlanda y no tengo ni intereses allí ni sé gran cosa del país. Pero ello no me impidió reconocer que la unión existente entre los diferentes partidos de Irlanda se debe en el fondo a una realidad religiosa; y que es por esta realidad que todo mi interés se concentraba en ese aspecto de la política liberal.

Fui descubriendo cada vez con mayor nitidez, enterándome por la historia y por mis propias experiencias, cómo, durante largo tiempo se persiguió por motivos inexplicables a un pueblo cristiano, y todavía sigue odiándosele. Reconocí luego que no podía ser de otra manera, porque esos cristianos eran profundos e incómodos como aquellos que Nerón hizo echar a los leones.

Creo que estas mis revelaciones personales evidencian con claridad la razón de mi catolicismo, razón que luego fue fortificándose. Podría añadir ahora cómo seguí reconociendo después, que a todos los grandes imperios, una vez que se apartaban de Roma, les sucedía precisamente lo mismo que a todos aquellos seres que desprecian las leyes o la naturaleza: tenían un leve éxito momentáneo, pero pronto experimentaban la sensación de estar enlazados por un nudo corredizo, en una situación de la que ellos mismos no podían librarse. En Prusia hay tan poca perspectiva para el prusianismo, como en Manchester para el individualismo manchesteriano.

Todo el mundo sabe que a un viejo pueblo agrario, arraigado en la fe y en las tradiciones de sus antepasados, le espera un futuro más grande o por lo menos más sencillo y más directo que a los pueblos que no tienen por base la tradición y la fe. Si este concepto se aplicase a una autobiografía, resultaría mucho más fácil escribirla que si se escudriñasen sus distintas evoluciones; pero el sistema sería egoísta. Yo prefiero elegir otro método para explicar breve pero completamente el contenido esencial de mi convicción: no es por falta de material que actúo así, sino por la dificultad de elegir lo más apropiado entre todo ese material numeroso. Sin embargo trataré de insinuar uno o dos puntos que me causaron una especial impresión.

Hay en el mundo miles de modos de misticismo capaces de enloquecer al hombre. Pero hay una sola manera entre todas de poner al hombre en un estado normal. Es cierto que la humanidad jamás pudo vivir un largo tiempo sin misticismo. Hasta los primeros sones agudos de la voz helada de Voltaire encontraron eco en Cagliostro. Ahora la superstición y la credulidad han vuelto a expandirse con tan vertiginosa rapidez, que dentro de poco el católico y el agnóstico se encontrarán lado a lado. Los católicos serán los únicos que, con razón, podrán llamarse racionalistas. El mismo culto idolátrico por el misterio empezó con la decadencia de la Roma pagana a pesar de los "intermezzos" de un Lucrecio o de un Lucano.

No es natural ser materialista ni tampoco el serlo da una impresión de naturalidad. Tampoco es natural contentarse únicamente con la naturaleza. El hombre, por lo contrario, es místico. Nacido como místico, muere también como místico, sobre todo si en vida ha sido un agnóstico. Mientras que todas las sociedades humanas consideran la inclinación al misticismo como algo extraordinario, tengo yo que objetar, sin embargo, que una sola sociedad entre ellas, el catolicismo, tiene en cuenta las cosas cotidianas. Todas las otras las dejan de lado y las menosprecian.

Un célebre autor publicó una vez una novela sobre la contraposición que existe entre el convento y la familia (The Cloister and the heart). En aquel tiempo, hace 50 años, era realmente posible en Inglaterra imaginar una contradicción entre esas dos cosas. Hoy en día, la así llamada contradicción, llega a ser casi un estrecho parentesco. Aquellos que en otro tiempo exigían a gritos la anulación de los conventos, destruyen hoy sin disimulo la familia. Este es uno de los tantos hechos que testimonian la verdad siguiente: que en la religión católica, los votos y las profesiones más altas y "menos razonables" -por decirlo así- son, sin embargo, los que protegen las cosas mejores de la vida diaria.

Muchas señales místicas han sacudido el mundo. Pero una sola revolución mística lo ha conservado: el santo está al lado de lo superior, es el mejor amigo de lo bueno. Toda otra aparente revelación se desvía al fin hacia una u otra filosofía indigna de la humanidad; a simplificaciones destructoras; al pesimismo, al optimismo, al fatalismo, a la nada y otra vez a la nada; al "nonsense", a la insensatez.

Es cierto que todas las religiones contienen algo bueno. Pero lo bueno, la quinta esencia de lo bueno, la humildad, el amor y el fervoroso agradecimiento "realmente existente" hacia Dios, no se hallan en ellas. Por más que las penetremos, por más respeto que les demostremos, con mayor claridad aún reconoceremos también esto: en lo más hondo de ellas hay algo distinto de lo puramente bueno; hay a veces dudas metafísicas sobre la materia, a veces habla en ellas la voz fuerte de la naturaleza; otras, y esto en el mejor de los casos, existe un miedo a la Ley y al Señor.

Si se exagera todo esto, nace en las religiones una deformación que llega hasta el diabolismo. Sólo pueden soportarse mientras se mantengan razonables y medidas. Mientras se estén tranquilas, pueden llegar a ser estimadas, como sucedió con el protestantismo victoriano. Por el contrario, la más alta exaltación por la Santísima Virgen o la más extraña imitación de San Francisco de Asís, seguirían siendo, en su quintaesencia, una cosa sana y sólida. Nadie negará por ello su humanismo, ni despreciará a su prójimo. Lo que es bueno, jamás podrá llegar a ser DEMASIADO bueno. Esta es una de las características del catolicismo que me parece singular y universal a la vez. Esta otra la sigue:

Sólo la Iglesia Católica puede salvar al hombre ante la destructora y humillante esclavitud de ser hijo de su tiempo. El otro día, Bernard Shaw expresó el nostálgico deseo de que todos los hombres vivieran trescientos años en civilizaciones más felices. Tal frase nos demuestra cómo los santurrones sólo desean -como ellos mismos dicen- reformas prácticas y objetivas.

Ahora bien: esto se dice con facilidad; pero estoy absolutamente convencido de lo siguiente: si Bernard Shaw hubiera vivido durante los últimos trescientos años, se habría convertido hace ya mucho tiempo al catolicismo. Habría comprendido que el mundo gira siempre en la misma órbita y que poco se puede confiar en su así llamado progreso. Habría visto también cómo la Iglesia fue sacrificada por una superstición bíblica, y la Biblia por una superstición darwinista. Y uno de los primeros en combatir estos hechos hubiera sido él. Sea como fuere, Bernard Shaw deseaba para cada uno una experiencia de trescientos años. Y los católicos, muy al contrario de todos los otros hombres, tienen una experiencia de diecinueve siglos. Una persona que se convierte al catolicismo, llega, pues, a tener de repente dos mil años.

Esto significa, si lo precisamos todavía más, que una persona, al convertirse, crece y se eleva hacia el pleno humanismo. Juzga las cosas del modo como ellas conmueven a la humanidad, y a todos los países y en todos los tiempos; y no sólo según las últimas noticias de los diarios. Si un hombre moderno dice que su religión es el espiritualismo o el socialismo, ese hombre vive íntegramente en el mundo más moderno posible, es decir, en el mundo de los partidos.

El socialismo es la reacción contra el capitalismo, contra la insana acumulación de riquezas en la propia nación. Su política resultaría del todo distinta si se viviera en Esparta o en el Tíbet. El espiritualismo no atraería tampoco tanto la atención si no estuviese en contradicción deslumbrante con el materialismo extendido en todas partes. Tampoco tendría tanto poder si se reconocieran más los valores sobrenaturales.

Jamás la superstición ha revolucionado tanto el mundo como ahora. Sólo después que toda una generación declaró dogmáticamente y una vez por todas, la IMPOSIBILIDAD de que haya espíritus, la misma generación se dejó asustar por un pobre, pequeño espíritu. Estas supersticiones son invenciones de su tiempo -podría decirse en su excusa-. Hace ya mucho, sin embargo, que la Iglesia Católica probó no ser ella una invención de su tiempo: es la obra de su Creador, y sigue siendo capaz de vivir lo mismo en su vejez que en su primera juventud: y sus enemigos, en lo más profundo de sus almas, han perdido ya la esperanza de verla morir algún día.

G. K. Chesterton

La Mala Prensa del Continente Africano

El Sínodo sobre la Iglesia Católica en el continente africano, que se ha celebrado en el Vaticano del 4 al 25 de octubre ha analizado en profundidad la misión de la Iglesia al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz.

Durante esta asamblea se ha denunciado la mala prensa que actualmente tiene África en los medios informativos del mundo desarrollado. Sorprende, y a la vez entristece, ver el escaso eco que los poderosos órganos de comunicación han dado a la asamblea de obispos africanos, en la que -por cierto- se ha hablado con realismo de los problemas de todo un continente muy próximo a nosotros geográficamente, pero que tenemos muy lejos en nuestras preocupaciones y en nuestros propósitos.

África, en el día de hoy, es un continente inmerso en la pobreza y en la miseria. Destrozado por las guerras, atrapado por los conflictos, atacado por las enfermedades. La gente y los pueblos de África lloran y sangran, escribe un misionero y buen conocedor de la realidad africana.

Y las perspectivas de cara al futuro no son nada buenas. Recientes estudios sobre el impacto del cambio climático en la agricultura anuncian que las cosechas de cereales caerán en picado. Esto producirá más desnutrición infantil y un incremento del precio de los alimentos básicos, afectando a los países en vías de desarrollo, y de una manera especial al África subsahariana y al Sudeste asiático.

A pesar de todo, cabe un lugar para la esperanza. Porque siempre que hablamos de problemas que dependen de los seres humanos, la última palabra la tiene la humanidad y los recursos espirituales de cada persona y de cada comunidad. Es muy significativo que Benedicto XVI al inaugurar el reciente Sínodo africano afirmara que este continente representa "un inmenso pulmón espiritual" para "una humanidad que parece estar en crisis de fe y de esperanza".

"África -dijo el Santo Padre- es depositaria de un tesoro inestimable para el mundo entero: su sentido profundo de Dios". Aún así, tal pulmón podría verse dañado por dos "patologías peligrosas" que actualmente lo atacan. Son, por un lado, el materialismo nihilista y relativista occidental, y por el otro, el fundamentalismo religioso. En lo referente al primero el Papa advirtió que "el colonialismo del primer mundo aún no se ha acabado", ya que "ha exportado y continúa exportando sus residuos tóxicos espirituales" a otros continentes, en especial a África.

Otra realidad evidenciada en este Sínodo ha sido que la Iglesia católica ha arraigado profundamente en la realidad de los pueblos africanos y que la gran mayoría de los obispos que rigen las diócesis del continente son nativos africanos. Las comunidades cristianas de aquel continente están llamadas a ser fermento de renovación humana y espiritual. La esperanza de ese continente pasa por todos aquellos que, dentro o fuera de él, han entendido que allí se juega un desafío de vida o muerte, y trabajan por un despertar de los pueblos africanos en todos los órdenes.

Cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona
7 de Noviembre de 2009
http://www.zenit.org

martes, 17 de noviembre de 2009

"Matrimonio" Homosexual

Declaración sobre el fallo que autoriza el matrimonio
entre personas de un mismo sexo

-Arzobispado de Buenos Aires-

El hecho de que una jueza en lo contencioso administrativo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires haya dictado un fallo a través de un recurso de amparo declarando la inconstitucionalidad del Código Civil al impedir el matrimonio entre personas del mismo sexo, ignorando las condiciones para que el matrimonio sea considerado como tal, refleja un serio desapego a las leyes que nos rigen.

A esto se agrega que el Jefe de Gobierno, en una decisión política que sorprende, no haya permitido la apelación de dicha sentencia absolutamente ilegal, para dar un debate mas prolongado y profundo sobre una cuestión de tamaña trascendencia. Esto constituye un signo de grave ligereza y sienta un serio antecedente legislativo para nuestro país y para toda Latinoamérica.

La crisis de valores que afecta hoy a nuestra sociedad hace olvidar que el origen mismo de la palabra “matrimonio” se remonta a disposiciones ancestrales del Derecho Romano donde la palabra “matrimonium” se vinculaba al derecho de toda mujer a tener hijos reconocidos expresamente en el seno de la legalidad.

La palabra “matrimonio” alude justamente, a esa calidad legítima de “madre” que la mujer adquiere a través de la unión matrimonial. Con frecuencia se ha intentado asociar erróneamente el término “matrimonio” con el sacramento católico del mismo nombre, sin tener en cuenta que el vocablo y la realidad que quiere expresar, fue consagrado por el Derecho Romano muchísimo antes de que el cristianismo apareciese en la historia de la humanidad.

A su vez, esta decisión de la jueza de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires podría considerarse contraria a distintos tratados internacionales con jerarquía constitucional desde 1994, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 16), el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos (art. 23, inc. 2) y la Convención Americana de los Derechos Humanos (art. 17, inc. 2 ss); de los cuales se deduce que sólo el matrimonio constituido por personales de distinto sexo es constitucional.

“Afirmar la heterosexualidad del matrimonio no es discriminar, sino partir de una nota objetiva que es su presupuesto” (CIC)

Buenos Aires, 16 de Noviembre de 2009
Card. Jorge M. Bergoglio

Mons. Joaquín M. Sucunza
Mons. Eduardo H. García
Mons. Raúl Martín
Mons. Oscar V. Ojea
Mons. Enrique Eguía
Mons. Luis A. Fernández

martes, 3 de noviembre de 2009

La Santa Sede y el Diálogo entre Ciencia y Fe

El Año Internacional de la Astronomía, que se está celebrando, "puede ayudarnos a volver a elevar la mirada al firmamento" y descubrir la maravilla de la creación de Dios, considera el padre Federico Lombardi SJ, director de la Oficina de Información de la Santa Sede, quien expuso el esfuerzo que la Santa Sede está realizando con motivo de esta celebración, especialmente a través del Observatorio Astronómico Vaticano.

En el editorial del último número de Octava Dies, semanario del Centro Televisivo Vaticano, el padre Lombardi dice que “las estrellas siguen brillando en el firmamento, pero cada vez es más difícil verlas en nuestras ciudades, ya sea por la contaminación atmosférica, o por la presencia permanente de la iluminación artificial".

"Antiguamente era natural para el salmista cantar: ‘Al ver el cielo que has creado (Salmo 8)’. Hoy corremos el riesgo de olvidarnos de ellas" reconoce. En este contexto, considera que el Año Internacional de la Astronomía "puede ayudarnos a levantar la mirada hacia el firmamento", y subraya que el impulso que está dando la Santa Sede a este acontecimiento busca "encontrar un espacio, casi natural, para el diálogo entre ciencia y fe".

El joven director del Observatorio Astronómico Vaticano, el sacerdote jesuita argentino José Gabriel Funes, recuerda el padre Lombardi, "dice que los indios de Arizona -donde los científicos construyeron numerosos observatorios por el cielo límpido y cristalino- llaman a los astrónomos ‘el pueblo de los ojos largos’". "Todos debemos ampliar la mirada, pues estamos acostumbrados a mirar demasiado cerca, para poder superar las veladuras que nos impiden dejarnos sorprender ante el estupor vertiginoso, ante la maravilla de la trepidación, que suscita la profundidad del espacio que nos rodea".

Esta maravilla, aclara, deja "renacer en nosotros las preguntas inevitables sobre quiénes somos y dónde estamos, sobre este pequeño y frágil planeta en vuelo a través del tiempo y del espacio". "¿Qué es el hombre para que pienses en él?. Le diste dominio sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies", sigue citando al salmista, quien concluye: "¡Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!".

"Para muchos de nuestros contemporáneos la conclusión no es tan evidente, pero para todos es posible encontrar la pregunta inicial y el sentido del misterio. Unámonos a ellos, ampliando la mirada para buscar las respuestas más profundas, más verdaderas y más hermosas", concluye.

El 16 de octubre se inauguró en los Museos Vaticanos la exposición “Astrum 2009”, con motivo del Año Internacional de la Astronomía, presentada a la prensa por el presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, el arzobispo Gianfranco Ravasi. Este Año Internacional fue convocado por la UNESCO con motivo de la invención, hace 400 años, del telescopio de Galileo.

Noticia original de AICA

domingo, 1 de noviembre de 2009

El Jansenismo


Se ha denominado jansenismo a un grupo de preceptos y teorías propagadas por el obispo y teólogo francés, Cornelius Jansenio en el siglo XVII, volcadas en especial en su texto “Agustinus”.

Las ideas de Jansenio permitieron la reapertura del antiguo conflicto entre la concepción de la libertad humana y la falacia de la predestinación. El obispo sostenía que, como consecuencia del pecado original, el hombre sólo podía alcanzar la salvación por medio de la intervención de la Gracia divina, que inclinaría la voluntad hacia obrar el bien, sin que la libertad interior del hombre pueda resistirla.

Por lo tanto, Jansenio no creía en el carácter universal de la Redención, ya que aquellos no predestinados verían cercenada la acción de Cristo y quedarían fuera de su plan salvífico.

La rápida difusión de este error y sus choques con los demás miembros de la Iglesia permitieron reconocer en estas ideas su carácter herético, aunque Jansenio no deseaba generar un cisma. Como prueba, antes de morir le ordenó a sus discípulos obedecer al Papa.

No obstante, muchos seguidores desoyeron este consejo y propagaron la herejía. Fue necesaria la condena de Urbano VIII y Alejandro VII por medio de la Constitución Apostólica Ad Sacram beati Petri Sedem. Fue la bula ‘Unigenitus Dei Fillius’ de Clemente XI la que puso fin al jansenismo en 1715. Sus últimos resabios fueron liderados por Steenoven a partir de 1723.

Los Ángeles y el Purgatorio

El sistema de la beatitud en medio de las lágrimas y del sufrimiento, no es una invención humana. El divino procurador de las alegrías de este mundo las ha colocado en la pobreza (bienaventurados los pobres); en las lágrimas (bienaventurados los que lloran); en los suplicios del martirio (bienaventurados los que sufren persecución).


Me equivoco extrañamente cuando busco mi felicidad o la coloco en la adquisición de riquezas, en la búsqueda de honores, o en las delectaciones terrestres y en las alegrías de este mundo, porque me faltaría admitir que el discurso de las ocho bienaventuranzas es una concepción verdaderamente divina, mientras que mi búsqueda de felicidad fuera del Evangelio, me conduce a espantosas decepciones.

Estamos suficientemente convencidos de que la gloria y la riqueza habitan en la consciencia de toda alma virtuosa y que son el fruto de su buena voluntad. No se limitan a proteger exteriormente, a la manera de un escudo material: la égida de la verdad la cubre por todos lados. La buena voluntad derrama en su corazón una paz y una dicha constante. El alma superior a las cosas humanas, habita siempre en una región serena y pura.

Los santos, incluso los más probados, han probado anticipadamente las delicias y alegrías del cielo, por gracia de Dios. El mundo no conoce esta clase de dichas, habituado como está a los placeres de la tierra. La Escritura llama a esta felicidad anticipada, maná escondido, manna absconditum. «¡Ah!», exclama san Bernardo, «ven las cruces de los santos (y sus austeridades) pero no ves las unciones, es decir, las dulzuras y los consuelos secretos que el Espíritu Santo derrama en el fondo de sus corazones».

Ahora bien, si el mundo no comprende en lo absoluto de los gozos y de las delicias de los santos que viven sobre la tierra ¿cómo esperan hacerle comprender las delicias espirituales de las almas en el Purgatorio?

Continuemos, sin embargo, hablando de este asunto: el alma separada de su cuerpo siente mejor que en la tierra un apetito natural que la conduce hacia Dios; sube como el fuego hacia su lugar, y su amor por Dios la impulsa todavía más alto. La gracia del Espíritu la mueve y la atrae y su amor se convierte, en ella, dilección. En el disfrute del Espíritu Santo el alma posee la gracia, adquiere una caridad intensa y la unión con Dios, ya que Dios es caridad. Entonces el Espíritu Santo, el Espíritu de vida, la vivifica y la colma de sabiduría, que le da un gusto suave, cuya suavidad es del todo divina y espiritual, penetrando en su parte más íntima, le procura la felicidad del goce. Tiene entonces una idea justa de Dios, no tanto a la manera humana, sino más particularmente de una forma sobrehumana y sobrenatural, y esta manera de concebir a Dios es un don del Espíritu Santo cuyo soplo se ha propagado en ella. Igualmente, a la voz del Espíritu Santo, todas las facultades de esta alma se fusionan por los gozos del Espíritu, por afecto y por una suavidad inefable.

Antes de concluir este capítulo, constatemos la diferencia entre Satán que cae en el infierno y el alma que cae en el Purgatorio.

En la complacencia de su propia belleza Lucifer exclamó: «Soy semejante al Altísimo». Este pensamiento orgulloso se comunicó con la velocidad del rayo a los espíritus angélicos; unos lo acogieron, otros, bajo la conducción de San Miguel lo rechazaron con horror con una exclamación del todo opuesta: Quis ut Deus, ¿Quién como Dios?

En un abrir y cerrar de ojos todo terminó. Lucifer con sus ángeles cayó a los abismos, San Miguel y sus ángeles pasaron del cielo inferior donde habían sido creados, al cielo superior para gozar de la clara visión de Dios.

¿Qué ocurrió para que Satán cayera al infierno? La gracia lo había abandonado, el Espíritu Santo se apartó y cayó al instante en una ceguedad y en endurecimiento que provocaron su eterna condenación.

Los buenos ángeles asistidos por el Espíritu Santo cumplieron un acto de obediencia y de amor que los introdujo en una beatitud sobrantural. Todo esto es doctrinal y lo hemos tomado del P. Maréchaux, de su Novena al Espíritu Santo.
Abab J. Cellier, cura de Mirville.
Traducido del francés por José Gálvez Krüger para ACI Prensa