domingo, 4 de octubre de 2009

Benedicto XVI y la Objeción de Conciencia



Al recibir esta mañana las cartas credenciales del nuevo Embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, Miguel Humberto Díaz, el Papa Benedicto XVI resaltó la necesidad de promover la dignidad humana, el respeto al derecho inalienable a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural, así como el derecho a la objeción de conciencia del personal de salud y de los ciudadanos en general.

Al comenzar su discurso en el que recordó su visita a Estados Unidos y luego de comentar que diversas culturas, a través de la inmigración, han enriquecido a este país, el Santo Padre alentó a vivir el "anhelo de libertad y la búsqueda de la felicidad" desde una perspectiva que vaya más allá de lo individual, es decir, "del bien común y de toda la familia humana".

Ante la crisis económica internacional, dijo el Papa, se necesita "un modelo de globalización inspirado en un humanismo auténtico, en el que los pueblos sean considerados no como meros vecinos, sino como hermanos y hermanas".

Luego de resaltar la urgencia de vivir la solidaridad, respetando la dignidad del hombre y ayudando a superar la pobreza dándole a los más necesitados "acceso al agua y al alimento, a los cuidados básicos de salud, así como a políticas justas de comercio e inmigración", Benedicto XVI explicó que "el verdadero progreso, como insiste la doctrina social de la Iglesia, debe ser integral y humano; no puede prescindir de la verdad sobre el ser humano y debe estar dirigido siempre a su bien auténtico".

En una palabra, continuó, "la fidelidad al hombre requiere fidelidad a la verdad, que sola es garantía de la libertad y del desarrollo verdadero". Por su parte, resaltó el Papa, "la Iglesia en Estados Unidos desea contribuir al debate del asunto ético y social que le darán forma el futuro de esta nación proponiendo argumentos respetuosos y razonables basados en la ley natural y confirmadas por la perspectiva de la fe".

La visión religiosa, dijo Benedicto XVI, "y la imaginación religiosa no limitan, sino que enriquecen el discurso político y ético, y las religiones, precisamente porque se relacionan con el destino último de todo hombre y toda mujer, están llamadas a ser una fuerza profética para la liberación humana y el desarrollo del mundo, especialmente en las zonas afectadas por conflictos".

El Papa Benedicto XVI se refirió luego al valor de la libertad humana y reiteró que su preservación "está inseparablemente ligada a la verdad y a la búsqueda del auténtico florecimiento humano. La crisis de nuestras democracias modernas exige comprometerse en el diálogo razonado en el discernimiento de políticas prudentes y justas que respeten la naturaleza y la dignidad humana".

La Iglesia en Estados Unidos, precisó, "contribuye a este discernimiento, en particular, por medio de la formación de las conciencias y su apostolado educativo, con los que hace una significativa y positiva contribución a la vida civil de Estados Unidos así como al debate público".

Aquí, subrayó el Papa, "pienso particularmente en un claro discernimiento en relación con los temas que afectan a la protección de la dignidad humana y al respeto del derecho inalienable a la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, así como la protección del derecho a la objeción de conciencia por parte del personal sanitario y de todos los ciudadanos en general".

Finalmente, Benedicto XVI afirmó que "la Iglesia insiste en el irrompible lazo entre la ética de la vida y cualquier otro aspecto de la ética social, ya que está convencida, como dijera proféticamente Juan Pablo II, que 'una sociedad carece de fundamentos cuando, por un lado, defiende el valor de la dignidad de la persona, la justicia y la paz, pero luego, por otro lado, actúa radicalmente de forma contraria permitiendo o tolerando una variedad de formas en las que la vida humana es devaluada y violada, especialmente si es débil o marginalizada' ".
Noticia original de Aciprensa

jueves, 1 de octubre de 2009

El Nacimiento de Jesús: Hechos Extraordinarios


La beata Ana Catalina Emmerich se destacó por su don profética, del cual nos hemos extendido oportunamente. Entre otras maravillas, fue transportada en éxtasis para vislumbrar los acontecimientos que ocurrieron en distintas partes de la Tierra en el momento del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

Transcribimos a continuación los párrafos que la Beata narró al escritor Clemente Brentano en su lecho de enferma y que describen estos sucesos extraordinarios.

“Esta noche vi en el Templo a Noemí, la maestra de María, a la profetisa Ana y al anciano Simeón. Vi en Nazaret a Ana y en Juta a Santa Isabel. Todos tenían visiones y revelaciones del Nacimiento del Salvador. He visto al pequeño Juan Bautista, cerca de su madre, manifestando una alegría muy grande. Vieron y reconocieron a María en medio de aquellas visiones, aunque no sabían donde había tenido lugar el acontecimiento. Isabel tampoco lo sabía. Sólo Ana sabía que tenía lugar en Belén.”

“Esta noche vi en el Templo un acontecimiento admirable y extraño: todos los rollos de escrituras de los saduceos saltaban fuera de los armarios donde estaban encerrados, dispersándose. Este suceso causó mucho espanto en todos, pero los saduceos lo atribuyeron a efectos de brujería y repartieron dinero a los que lo sabían para que mantuvieran el secreto.”

“He visto muchas cosas en Roma esta noche. Cuando Jesús nació, vi un barrio de la ciudad, donde vivían muchos judíos: allí brotó una fuente de aceite que causó maravilla a todos los que la vieron. Una estatua magnífica de Júpiter cayó de su pedestal en añicos, porque se desplomó la bóveda del templo. Los paganos se llenaron de terror, hicieron sacrificios y preguntaron a otro ídolo, el de Venus, creo, qué significaba aquello. El demonio respondió, por medio de la estatua: «Esto ha sucedido porque una Virgen ha concebido un Hijo sin dejar de ser virgen; y este Niño acaba de nacer». Este ídolo habló también desde la fuente de aceite. En el sitio donde brotó la fuente se alzó una iglesia dedicada a la Virgen María, Madre de Dios. Los sacerdotes paganos estaban consternados y hacían averiguaciones.”

“Setenta años antes de estos hechos vivía en Roma una buena y piadosa mujer. No recuerdo ahora si era judía. Se llamaba algo así como Serena o Cyrena y poseía algunos bienes de fortuna. Por ese tiempo se había recubierto de oro y piedras preciosas el ídolo de Júpiter y se le ofrecían sacrificios solemnes. La mujer tuvo visiones y a consecuencia de ellas hizo varias profecías, diciendo públicamente a los paganos que no debían rendir honores al ídolo de Júpiter ni hacerle sacrificios, pues vendría un día en que lo verían caer hecho pedazos. Los sacerdotes la hicieron comparecer y le preguntaron cuándo habían de suceder estas cosas. Como no pudo determinar el tiempo, fue encerrada en prisión y maltratada, hasta que Dios le hizo conocer que ello sucedería cuando una Virgen purísima diera a luz un Niño. Cuando dio esta respuesta, se burlaron de ella y la dejaron en libertad, reputándola por loca. Sólo cuando se derrumbó el templo, haciendo pedazos al ídolo, reconocieron que había dicho la verdad, maravillándose de la época fijada y del acontecimiento, aunque no sabían que la Santísima Virgen había sido la Madre, e ignorando el Nacimiento del Salvador.”

“He visto que los magistrados de Roma se informaron de estos hechos, como de la fuente que había brotado. Uno de ellos fue un tal Léntulo, abuelo de Moisés, sacerdote y mártir y de aquel otro Léntulo, que fue amigo de San Pedro en Roma. Relacionado con el emperador Augusto he visto algo que ahora no recuerdo bien. Vi al emperador con otras personas sobre una colina de Roma, en uno de cuyos lados se encontraba el Templo, cuya techumbre se había derrumbado. Por unas gradas se llegaba hasta la cumbre de la colina donde había una puerta dorada. Era un lugar donde se ventilaban asuntos de interés.”

“Cuando el emperador bajó de la colina, vio a la derecha, encima de ella, una aparición en el cielo. Era una Virgen sobre un arco iris, con un Niño en el aire, que parecía salir de Ella. Creo que, el emperador fue el único que vio esta aparición. Para conocer su significado hizo consultar a un oráculo que había enmudecido, el cual en esa ocasión habló de un Niño recién nacido, a quien todos debían adorar y rendir homenaje. El emperador hizo erigir un altar en el sitio de la colina donde había visto la aparición, y después de haber ofrecido sacrificios, lo dedicó al Primogénito de Dios. He olvidado otros detalles de este hecho.”

“He visto en Egipto un hecho que anunció el Nacimiento de Jesucristo. Mucho más allá de Matarea, de Heliópolis y de Menfis había un gran ídolo que pronunciaba habitualmente toda clase de oráculos y que de pronto enmudeció. El Faraón mandó hacer sacrificios en todo el país a fin de saber por qué causa había callado. El ídolo fue obligado por Dios a responder que guardaba silencio y debía desaparecer, porque había nacido el Hijo de la Virgen y que en aquel mismo sitio se levantaría un templo en honor de la Virgen. El Faraón hizo levantar un templo allí mismo cerca del que había antes en honor del ídolo. No recuerdo todo lo sucedido; sólo sé que el ídolo fue retirado y que se levantó un templo a la anunciada Virgen y a su Niño, siendo honrados a la manera de ellos.”

“Al tiempo del Nacimiento de Jesucristo, vi una maravillosa aparición que se presentó a los Reyes Magos en su país. Estos Magos eran observadores de los astros y tenían sobre una montaña una torre en forma de pirámide, donde siempre se encontraba uno de ellos con los sacerdotes observando el curso de los astros y las estrellas. Escribían sus observaciones y se las comunicaban unos a otros. Esta noche creo haber visto a dos de los Reyes Magos sobre la torre piramidal. El tercero, que habitaba al Este del Mar Caspio, no estaba allí. Observaban una determinada constelación en la cual veían de cuando en cuando variantes, con diversas apariciones. Esta noche vi la imagen que se les presentaba. No la vieron en una estrella, sino en una figura compuesta de varias de ellas, entre las cuales parecía efectuarse un movimiento.”

“Vieron un hermoso arco iris sobre la media luna y sobre el arco iris sentada a la Virgen. Tenía la rodilla izquierda ligeramente levantada y la pierna derecha más alargada, descansando el pie sobre la media luna. A la izquierda de la Virgen, encima del arco iris, apareció una cepa de vid y a la derecha, un haz de espigas de trigo. Delante de la Virgen vi elevarse como un cáliz semejante al de la Última Cena. Del cáliz vi salir al Niño y por encima de Él, un disco luminoso parecido a una custodia vacía, de la que partían rayos semejantes a espigas. Por eso pensé en el Santísimo Sacramento. Del costado derecho del Niño salió una rama, en cuya extremidad apareció, a semejanza de una flor, una iglesia octogonal con una gran puerta dorada y dos pequeñas laterales. La Virgen hizo entrar al cáliz, al Niño y a la Hostia en la Iglesia, cuyo interior pude ver, y que en aquel momento me pareció muy grande. En el fondo había una manifestación de la Santísima Trinidad. La iglesia se transformó luego en una ciudad brillante, que me pareció la Jerusalén celestial.”

“En este cuadro vi muchas cosas que se sucedían y parecían nacer unas de otras, mientras yo miraba el interior de la iglesia. Ya no puedo recordar en qué forma se fueron sucediendo. Tampoco recuerdo de qué manera supieron los Reyes Magos que Jesús había nacido en Judea. El tercero de los Reyes, que vivía muy distante, vio la aparición al mismo tiempo que los otros. Los días que precedieron al Nacimiento de Jesús, los veía sobre su observatorio donde tuvieron varias visiones. Los Reyes sintieron una alegría muy grande, juntaron sus dones y regalos y se dispusieron para el viaje. Se encontraron al cabo de varios días de camino.”

Una Ciencia con Conciencia

Con sumo orgullo, reproducimos a continuación la entrevista brindada el 24 de marzo de 2004 a la agencia católica Zenit por el padre Mariano Artigas (1938 - 2006). El sacerdote, profesor ordinario de filosofía de la naturaleza y de las ciencias de la Universidad de Navarra, fue un autor fundamental de obras clave en materia de fe y ciencia, entre las cuales se destaca el múltiplemente editado libro «Ciencia, razón y fe».

El profesor Artigas fue miembro de la Academia Internacional de Filosofía de las Ciencias de Bruselas y de la Academia Pontificia de Santo Tomás de la Santa Sede.

- Zenit: Galileo, ¿sigue siendo un problema sin resolver?

- Artigas: Cuando hablo del caso Galileo como un problema sin resolver me refiero al valor de las teorías científicas. El cardenal Belarmino decía a Galileo que no tendría problemas si presentaba su teoría como un modelo hipotético, útil para calcular los fenómenos.

El Papa Urbano VIII dijo que no se podía saber si su modelo era verdadero, porque Dios es todopoderoso y quizás los efectos que observamos se deban a causas que no coinciden con nuestra teoría.

Galileo pensaba que la nueva ciencia buscaba la verdad y podía conseguirla: era un realista. Yo también lo soy. Pero en la actualidad está ampliamente difundida la idea contraria. El caso Galileo es muy largo y complicado, muy poca gente lo conoce bien.

Hace poco he publicado, junto con William Shea, uno de los mejores especialistas de Galileo, «Galileo en Roma» (Ediciones Encuentro, Madrid), que también se ha publicado en New York y se está vendiendo bien («Galileo in Rome», Oxford University Press, New York). En ese libro proporcionamos todos los datos para saber exactamente qué sucedió, tomando como esquema los seis viajes que Galileo hizo a Roma.

- Zenit: ¿Cuáles son los «nuevos casos Galileo» de hoy?

- Artigas: No ha habido ningún otro caso como el de Galileo. Las autoridades de la Iglesia aprendieron la lección. Lo más parecido sería el evolucionismo. Hubo actuaciones en contra; precisamente ahora estoy preparando un libro en el que utilizo los documentos, hasta ahora desconocidos, del archivo del Santo Oficio. Pero nunca se produjo una condena del evolucionismo por parte de las autoridades de Roma.

Problemas actuales como el aborto, la ética sexual o la bioética no tienen nada que ver con el caso Galileo: la Iglesia acepta todos los datos de la ciencia, simplemente no está de acuerdo en que sea moralmente correcto hacer todo lo que nos permiten las técnicas disponibles.

Yo diría que en la actualidad el peligro es más bien que existan casos Galileo al revés. O sea: científicos o filósofos que utilizan la autoridad de la ciencia para pontificar sobre cuestiones religiosas o morales que caen fuera del ámbito de la ciencia.

- Zenit: ¿Cuál es la posición de la Iglesia ante el evolucionismo, en palabras simples?

- Artigas: En 1950 el Papa Pío XII, en la encíclica «Humani generis», dijo que el evolucionismo era una hipótesis, que se podía discutir el origen del organismo humano con tal que se admita que Dios crea en cada ser humano el alma espiritual.

En 1996 el Papa Juan Pablo II se refirió al evolucionismo como algo más que una hipótesis, que está avalado por un conjunto de pruebas independientes, y afirmó que los problemas no surgen de la ciencia, sino de ideologías materialistas que no son científicas.

En «Ciencia, razón y fe» he incluido un capítulo donde se resume la problemática del evolucionismo, y ahí cito los correspondientes textos del Magisterio de la Iglesia.

Además, la misma editorial Eunsa, de Pamplona, va a publicar muy pronto una edición actualizada de mi libro «Las fronteras del evolucionismo», donde trato estos temas con más amplitud, con toda la claridad posible.

-Zenit: ¿Cómo ayuda la fe a la ciencia, y viceversa?

- Artigas: La ciencia ocupa un lugar central en nuestra civilización, y dado su enorme prestigio, existe un peligro semejante al de las mayorías absolutas en política: no hacer caso de otros enfoques. La fe muestra que existe un mundo espiritual al que la ciencia no llega, y ayuda a dar sentido auténtico a la ciencia como búsqueda de la verdad y servicio a la humanidad, de acuerdo con los planes de Dios.

A su vez, la ciencia proporciona muchos medios para mejorar la calidad de la vida humana.

Con una adecuada combinación de sentido religioso y de conocimientos científicos y técnicos, se podrían resolver muchos de los problemas más graves que sufre hoy día la humanidad.

- Zenit: ¿Dependemos totalmente de la ciencia, o tenemos un cierto margen de autonomía?

- Artigas: La ciencia es un producto humano. Somos nosotros quienes la hacemos. Es absurdo que, a veces, seamos las víctimas de nuestro propio producto. Ya he dicho que soy un realista: existe un orden en la naturaleza que está ahí y no lo podemos inventar, mediante la ciencia intentamos lo conocemos cada vez mejor y aprendemos a utilizarlo de modo controlado.
Pero la ciencia no nos puede decir cómo utilizar ese conocimiento: hace falta complementar la ciencia con una reflexión meta-científica, de tipo filosófico, moral, religioso. La ciencia exige un complemento de conciencia. Nos proporciona un poder que es cada vez mayor, pero es un error pensar que todo lo que se puede hacer es correcto. Es nuestra responsabilidad enfocar correctamente la ciencia y la tecnología que se basa en la ciencia.
El texto original puede leerse aquí.

Saber dar con caridad

1) Para saber

Es un sentir común la necesidad que hay de ser justos y de vivir la caridad. Pero, ¿de dónde proviene la caridad? ¿Cómo conseguirla? El Papa Benedicto XVI nos da la respuesta: “La caridad es amor recibido y ofrecido. Es «gracia» (cháris). Su origen es el amor que brota del Padre por el Hijo, en el Espíritu Santo. Es amor que desde el Hijo desciende sobre nosotros” (Caridad en la Verdad, n.5).

El origen de la caridad es, pues, Dios mismo. Resulta coherente pues todo bien proviene de Dios. Pero además, nos damos cuenta que viniendo de Dios, habrá que acudir a Él para que nos la conceda. Dios la otorga gratuitamente, y es conveniente pedírsela, como Él mismo nos lo aconseja “Pedid y se os dará”.

El Papa nos señala en su carta que al haber recibido la caridad, nos hacemos a la vez “instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad”. Hemos de ser portadores del amor hacia los demás. Este ideal ha movido a muchos hombres para solucionar sus necesidades. Damos un ejemplo a continuación.

2) Para pensar

Como bien apuntaba un comentarista, fue triste saber que murió recientemente un gran hombre que hizo mucho bien a la humanidad, pero más triste fue que haya pasado virtualmente inadvertida en México y que fuera casi un desconocido para la mayoría.

Se trata de Norman Ernest Borlaug, de familia noruega que nació en Iowa, Estados Unidos en 1914. Trabajó desde muy joven para pagarse los estudios universitarios. En 1944 se unió a un proyecto para combatir el hambre en México, donde vivió 63 de sus 95 años.

En México produjo variedades enanas de trigo más resistentes y productivas que las tradicionales. Con ellas las cosechas mexicanas de trigo aumentaron seis veces en volumen. En los años sesenta introdujo las semillas mexicanas en la India y Paquistán haciendo frente a una grave crisis alimenticia. China también copió las técnicas del doctor Borlaug y así pudo vencer la gran hambre que estaban padeciendo millones.

Se le atribuye al doctor Borlaug haber evitado la muerte de la increíble cantidad de… ¡mil millones de personas!, la mayoría niños. Por eso se le otorgó el Premio Nobel de la Paz, pues como dijo un comunicado del Comité del Nobel: “Hemos tomado esta decisión con la esperanza de que dar pan también traerá la paz al mundo”.

Un ejemplo de cómo la caridad es más que ser amable, es un esfuerzo en trabajar para ayudar en sus necesidades a nuestro prójimo creando un mundo más justo.

3) Para vivir

Esa caridad que es recibida, a la vez hemos de ofrecerla a los demás. Este es el fin que intenta la Iglesia y que el Papa nos propone: “La doctrina social de la Iglesia responde a esta dinámica de caridad recibida y ofrecida. Es «caritas in veritate in re sociali», anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad”.

No todos tendremos las posibilidades del doctor Norman para ayudar a tantísimas personas, pero cada uno, según sus posibilidades, habrá de plantearse si hace lo que está en su mano para dar esa caridad de Dios. Podemos empezar por pedirle al Señor nos llene de su Amor para poderlo dar.

Por eso decía San Josemaría Escrivá que el apostolado, el afán de atraer a las almas a Dios, es una sobreabundancia de la vida interior, es el amor de Dios que se “desborda” hacia los demás.
Padre José Martínez Colin (España)

Santa Paulina Jericot



En cada parroquia del mundo, el tercer domingo de octubre se celebra el Día de las Misiones, una fecha para ofrecer oraciones, sacrificios y limosnas por las misiones y los misioneros de todo el mundo. Vamos a hablar de la joven a la cual se le ocurrió esa idea.

La idea feliz nació de una simple charla con la sirvienta de la casa. Un día llegó Paulina Jaricot de su trabajo, cansada y con deseos de escuchar alguna narración que le distrajera amenamente. Y se fue a la cocina a pedirle a la sirvienta que le contara algo ameno y agradable. La buena mujer le respondió: "si me ayuda a terminar este trabajito que estoy haciendo, le contaré luego algo que le agradará mucho". La muchacha le ayudó de buena gana, y terminando el oficio, la cocinera se quitó el delantal y abriendo una revista de misiones se puso a leerle las aventuras de varios misioneros que en lejanas tierras, en medio de terribles penurias económicas, y con grandes peligros y dificultades, escribían narrando sus hazañas, y pidiendo a los católicos que les ayudaran con sus oraciones, limosnas y sacrificios, para poder continuar con éxito su difícil labor misionera.

En ese momento pasó por la mente de Paulina una idea luminosa: ¿por qué no reunir personas piadosas y obtener que cada cual obsequie dinero y ofrezca algunas oraciones y algún pequeño sacrifico por las misiones y los misioneros, y enviar después todo esto a los que trabajan evangelizando en tierras lejanas? Y se propuso empezar a llevar a cabo esa misma semana tan bella idea.




Paulina había nacido en la ciudad de Lyon (Francia) y desde muy niña había demostrado un gran espíritu religioso. Su hermano mayor sentía inmensos deseos de ser misionero y (quizás por falta de suficiente información) le describían las misiones como algo terrorífico, donde los misioneros tenían que viajar por los ríos sobre el cuello de terribles cocodrilos y por las selvas en los hombros de feroces tigres. Esto la emocionaba a ella pero le quitaba todo deseo de irse de misionera. Sin embargo sentía una gran inclinación a ayudar a los misioneros de alguna manera, y pedía a Dios que la iluminara. Y el Señor la iluminó por medio de una simple lectura hecha por una sirvienta.

De pequeñita aprendió que un gran sacrificio que sirve mucho para salvar almas es el vencer las propias inclinaciones a la ira, a la gula y al orgullo y la pereza, y se propuso ofrecer cada día a Nuestro Señor alguno de esos pequeños sacrificios.

Cuando en 1814 el Papa Pío VII quedó libre de la prisión en la que lo tenía Napoleón, el pueblo entero salió en todas partes a aclamarlo triunfalmente en su viaje hacia Roma. Paulina tuvo el gusto de que el Santo Padre al pasar por frente a su casa la bendijera y le pusiera las manos sobre su pequeña cabecita. Recuerdo bellísimo que nunca olvidó.

De joven se hizo amiga de una muchacha sumamente vanidosa y ésta la convenció de que debía dedicarse a la coquetería. Por varios meses estuvo en fiestas y bailes y llena de adornos, de coloretes y de joyas, pero nada de esto la satisfacía. Su mamá rezaba por su hija para que no se fuera a echar a perder ante tanta mundanidad. Y Dios la escuchó.

Un día en una fiesta social resbaló con sus altas zapatillas por una escalera y sufrió un golpe durísimo. Quedó muda y con grave peligro de enloquecer. Entonces la mamá le hizo este ofrecimiento a Dios: "Señor: yo ya he vivido bastante. En cambio esta muchachita está empezando a vivir. Si te parece bien, llévame a mí a la eternidad, pero a ella devuélvele la salud y consérvale la vida".

Y Dios le aceptó esta petición. La mamá se enfermó y murió, pero Paulina recuperó el habla, y la salud física y mental y se sintió llena de vida y de entusiasmo.


Poco después, un día entró a un templo y oyó predicar a un santo sacerdote acerca de lo pasajeros que son los goces de este mundo y de lo engañosas que son las vanidades de la vida. Después del sermón fue a confesarse con el predicador y éste le aconsejó: "Deje las vanidades y lo que la lleva al orgullo y dedíquese a ganarse el cielo con humildad y muchas buenas obras". Desde aquel día ya nunca más Paulina volvió a emplear lujosos adornos de vanidad, ni a gastar dinero en lo que solamente lleva a aparecer y deslumbrar. Sus vestidos serían sumamente modestos, hasta el extremo que las antiguas amigas la criticaban por ello, ya que, en vez de ir a los bailes, se iba a visitar enfermos pobres en los hospitales.

Entonces nació la nueva obra llamada Propagación de la Fe, formada por grupos de 10 personas, las cuales se comprometen a dar cada una alguna limosna para los misioneros, y ofrecer oraciones y pequeños sacrificios por ellos. Paulina organizó numerosos grupos o “coros” entre sus amistades y pronto comenzaron a reunir ayuda para enviar a lejanas tierras.

Su hermano, que se acaba de ordenar de sacerdote, propuso la idea de Paulina a otros sacerdotes en París, con la consecuente fundación de coros de Propagación de la Fe. La idea se extendió rapidísimo por toda la nación y las ayudas a los misioneros se aumentaron inmensamente. Casi nadie sabía quién había sido la fundadora de este movimiento, pero lo importante era ayudar a extender la santa religión.


Para poder conseguir más oraciones con menos dificultad, Paulina formó grupos de 15 personas, de las cuales cada una se comprometía a rezar un misterio del rosario al día por los misioneros. Así, entre todos, rezaban cada día un rosario completo por las misiones. Fue una idea muy provechosa. Paulina se fue a Roma a contarle al Santo Padre Gregorio XVI su idea de la Propagación de la Fe. El Sumo Pontífice la aprobó plenamente y se propuso recomendarla a toda la Iglesia Universal.

Al volver a Francia fue a confesarse con el Santo Cura de Ars. El santo le dijo proféticamente: «Sus ideas misioneras son muy buenas, pero Dios le va a pedir fuertes sacrificios, para que logren tener más éxito». Esto se le cumplió a la letra, porque en adelante los sufrimientos e incomprensiones que tuvo que sufrir nuestra santa fueron enormes.

Al principio recogía ella misma las limosnas para las misiones, pero varios avivados le robaron descaradamente. Entonces se dio cuenta de que debía dejar esto a sacerdotes y laicos especializados que no se dejaran estafar tan fácilmente. Después recibió ayudas para fundar obras sociales en favor de los obreros pobres, pero varios negociantes sin escrúpulos la engañaron y se quedaron con ese dinero. Paulina se dio cuenta de que Dios la llamaba a dedicarse a lo espiritual, y que debía dejar la administración de lo material a manos de expertos que supieran mucho de eso.

En 1862, después de haber perdonado generosamente a todos los que la habían estafado y hecho sufrir, y contenta porque su obra de la Propagación de la Fe estaba ya muy extendida, murió santamente y satisfecha de haber podido contribuir eficazmente a favor de las misiones católicas.

Veinte años después, en 1882, el Papa León XIII extendió la Obra de la Propagación de la Fe a todo el mundo, y ahora cada año, el mes de octubre (y especialmente en el tercer domingo de este mes) los católicos fervorosos ofrecen oraciones, sacrificios y limosnas por las misiones y los misioneros del mundo entero.


Texto original: EWTN

La Iglesia y la Pena de Muerte

1. Actualidad del problema

Se comprende adecuadamente la inquietud que ha suscitado entre la opinión pública los recientes casos de pena de muerte en Estados Unidos, particularmente por la implicación en ellos de 2 argentinos [2]. A esto se suma la impotencia del hombre de la calle ante la escalada de violencia siempre creciente que ve tomar cuerpo a su alrededor. No es de extrañarse que encuestas realizadas en nuestro medio manifiesten que cada vez más personas están a favor de este tipo de castigo [3]. A decir verdad, más que un deseo de la pena capital, esto es síntoma de la desconfianza del público en general respecto de la seguridad social y de la impotencia de una legislación judicial que no está a la altura de los acontecimientos. En nuestro país el problema ha vuelto a ser colocado sobre el tapete a raíz de algunas declaraciones de altos políticos [4].

El problema de la pena de muerte es un tema tan delicado como complicado dado que se maneja entre el plano teórico y el práctico (siempre sujeto a los abusos y a los defectos de los actos humanos). Se nos ha consultado por la posición de la Iglesia. Indicaré brevemente las enseñanzas de la Sagrada Escritura y del Magisterio y la reflexión filosófica tradicional sobre este punto.

2. La Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia

El Antiguo Testamento contiene numerosas disposiciones penales que conminan la pena de muerte contra delitos de particular gravedad, por ejemplo, el asesinato, la blasfemia, la idolatría, el adulterio: Lev 20,9-18; Ex 31,14s; Núm 15,32-36.

El Nuevo Testamento, si bien restringe considerablemente la dureza de las penas del Antiguo, sin embargo, reconoce también que la autoridad lleva la espada para castigar al que obra el mal (cf. Rom 13,4).

La Iglesia nunca ha reclamado para sí el derecho a imponer tal pena (ius gladii) sino que ha recomendado siempre la indulgencia con los malhechores y ha prohibido a los sacerdotes que contribuyan a una sentencia de muerte [5]. Sin embargo, todos los grandes maestros han admitido la licitud teórica de la pena de muerte, como San Agustín y Santo Tomás. La Iglesia ha defendido expresamente el derecho de la autoridad legítima a imponer tal castigo contras las afirmaciones contrarias de los valdenses. Así, por ejemplo, en la Profesión de Fe impuesta a Durando de Huesca y compañeros valdenses, el 18 de diciembre de 1208 dice: “De la potestad secular afirmamos que sin pecado mortal puede ejercer juicio de sangre, con tal que para inferir la vindicta no proceda con odio sino por juicio, no incautamente sino con consejo” [6].

El Catecismo de la Iglesia Católica dice: “(...) La enseñanza tradicional de la Iglesia ha reconocido el justo fundamento del derecho y deber de la legítima autoridad pública para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a la pena de muerte” [7].

El Papa Juan Pablo II ha vuelto sobre ella en la Encíclica Evangelium vitae recordando los siguientes puntos: permanece válido el principio indicado por el Catecismo de la Iglesia Católica; pero, como el primer efecto de la pena de muerte es “el de compensar el desorden introducido por la falta” en la sociedad, “preservar el orden público y la seguridad de las personas”, “es evidente que, precisamente para conseguir todas estas finalidades, la medida y la calidad de la pena deben ser valoradas y decididas atentamente, sin que se deba llegar a la medida extrema de la eliminación del reo salvo en casos de absoluta necesidad, es decir, cuando la defensa de la sociedad no sea posible de otro modo” [8].

3. La reflexión y fundamentación filosófica.

A lo largo de la historia del pensamiento tradicional, han sido propuestos distintos argumentos para sostener la legitimidad de la pena de muerte. Podemos reducirlos a tres principales.

1º El principio de totalidad.

En síntesis este argumento puede expresarse como sigue: 'Cualquier parte se ordena al todo como lo imperfecto a lo perfecto, y por ello cada parte existe naturalmente para el todo. Por tanto, si fuera necesario para la salud de todo el cuerpo humano la amputación de algún miembro, por ejemplo, si está podrido y puede infectar a los otros, tal amputación será laudable y saludable. Pues bien, cada persona singular se compara a toda la comunidad como la parte al todo; y por tanto, si un hombre es peligroso para la sociedad y la corrompe por algún pecado, en orden a la conservación del bien común se le quita la vida laudable y saludablemente; pues, como afirma San Pablo en 1 Cor 5,6: un poco de levadura corrompe toda la masa ' [9]

Hay que notar, sin embargo, con el Padre Zalba [10] que el principio de totalidad aquí esgrimido no tiene perfecta aplicación unívoca y directa en nuestro caso. El criminal es un miembro del todo social; pero no le está subordinado en cuanto a su propio ser y a su existencia, como le están subordinados al todo físico sus componentes. El ciudadano se subordina al Estado sólo en cuanto a ciertos servicios para el bien común; por eso la autoridad pública no puede obligarle más que en lo necesario para el bien común. Esto significa que si bien el principio de totalidad justifica la pena de muerte cuando parezca necesario para el bien común y para la seguridad de los ciudadanos inocentes, no lo es por sí solo sino porque es completado por otros principios, los cuales expondremos a continuación. El recurso al solo principio de totalidad podría prestarse a abusos y conlleva el riesgo de presentar una concepción de la sociedad calcada sobre el modelo colectivista del marxismo, en el cual el individuo sólo tiene valor como 'parte' del todo.

2º El principio de perfección de la sociedad.

El Padre Zalba invoca otra consideración filosófica (a su criterio más clara): toda sociedad perfecta tiene en sí misma los medios necesarios para promover el bien común entre sus miembros. El Estado tiene el derecho de imponer la colaboración necesaria para el bien y el orden social. En tal sentido si fuese necesaria para la convivencia pacífica y segura de los buenos la eliminación de algunos malhechores notorios, sería legítima la pena de muerte en cuanto sanción ejemplar, defensa o previsión contra nuevos crímenes y correctivo aleccionador para otros eventuales malhechores. Se podría discutir -dice Zalba- si puede llegarse a tal necesidad. Pero en el caso hipotético que así fuera, no puede debatirse la legitimidad del recurso.

3º El principio de la pérdida del derecho a la vida.

Mausbach [11] argumenta, en cambio, apelando a la teoría de la pérdida del derecho a la vida. Según esta teoría, la pena de muerte sólo es la ejecución forzosa de la exclusión de la comunidad de derecho, de la cual el mismo delincuente se ha excluido a sí mismo previamente al cometer un determinado delito. Con su delito el delincuente ha cometido una especie de 'suicidio social'. Por tanto, no se le quita la vida porque él se la quitó antes a otros (ley del talión) sino que se le quita la vida porque él mismo se ha excluido de la comunidad. El delincuente ha negado la comunidad en aquél que él ha asesinado y, al mismo tiempo, ha perdido el derecho de pertenecer a ella. El Estado se limita, con la ejecución de la pena de muerte, a hacer realidad lo que el delincuente ha hecho consigo mismo. La pena de muerte constituye objetivamente una 'retribución', y subjetivamente (cuando es aceptada voluntariamente por el reo) se convierte en una 'expiación'.

4. Conclusiones.

En definitiva, no deben confundirse dos planteamientos esencialmente diversos: el de la licitud moral de la pena de muerte y la cuestión práctica de su aplicación. Como hemos visto, tanto la razón natural cuanto la doctrina revelada y magisterial admiten la licitud fundamental de dicha pena. Otra cosa es, en cambio, la opinión prudencial que puede dictaminar en alguna circunstancia histórica que debería renunciarse a su aplicación en un Estado y en un tiempo determinados. Lo que decida en cada tiempo y lugar la aplicación o la supresión de la pena de muerte ha de ser exclusivamente las exigencias del bien común.

Es muy delicado intentar determinar si tales condiciones se dan objetivamente o no. Sin embargo, no debería banalizarse el hecho de que el Santo Padre, en un documento magisterial cual es una Encíclica, abogue por la indulgencia en este tema.

A mi criterio personal, e intentando comprender este pedido práctico del Santo Padre, pienso que los motivos por los cuales la Iglesia considera actualmente la pena de muerte como un recurso sólo conveniente en casos absolutamente extremos son:

La arbitrariedad y poca confiabilidad en muchos gobiernos y gobernantes. Para aplicar un castigo extremo y tan delicado como la pena de muerte, la primera condición sine qua non es contar con gobernantes y jueces de indiscutible integridad moral. ¿Los tenemos? ¿No podrá prestarse un castigo tal para encauzar vendettas, revanchismos, para eliminar opositores políticos, realizar 'limpiezas' étnicas, o para ofrecer 'chivos expiatorios' a un público desilusionado de la impunidad jurídica de que gozan tantos criminales? [12].

2º El problema, más grave todavía, proviene de una ética espuria que domina gran parte de la intelectualidad actual y, consiguientemente, de una filosofía del derecho consecuente con ésta. Me refiero a la ética teleologista, consecuencialista y proporcionalista, para la cual el fin justifica los medios, y los actos han de ser juzgados por sus consecuencias, mientras que considerados en sí mismos son indiferentes. Esto mismo es sostenido por algunos juristas. Recuerdo que años atrás, un alto representante de la justicia norteamericana, cuestionado sobre las posibles deficiencias en las condenas a muerte realizadas por la justicia de su país, reconocía que cierto número de condenados al patíbulo eran, en realidad, inocentes de sus delitos, pero -concluía- de todos modos se debía mantener la praxis porque se recababan más bienes del mantenimiento de la pena de muerte que de su abolición.

3º Debido a la cultura de muerte reinante como disuasivo, la amenaza de la pena de muerte es prácticamente ineficaz. El estrato social al que pertenecen los posibles candidatos a la pena de muerte (asesinos, violadores, terroristas, etc.), está animado por la mentalidad de la cultura de muerte. A estos, por tanto, como a otros 'grupos de riesgo' (drogadictos, rockeros, grupos satanistas) les importa poco y nada la posibilidad de quedar en el intento. A muchos incluso les atrae el vértigo que aporta arriesgar la vida en la jugada. Y ciertamente, ninguno, o casi, de los que perpetran crímenes dignos de la pena de muerte considera factible que los atrapen y condenen a la pena capital.

4º Finalmente, el problema creciente de ciertos fundamentalismos religiosos y políticos que usan la pena de muerte como arma político-religiosa para afianzar sus ideologías. Algunas cifras son elocuentes: en 1995 se ejecutaron 2931 presos en 41 países, de los cuales 2190 ejecuciones se realizaron en China, 192 en Arabia Saudita y más de 100 en Nigeria; es decir, el 85% del total [13].

Tal vez estos y otros argumentos sean los que el Santo Padre sopesa a la hora de sugerir las actitudes prácticas de los gobiernos y gobernantes.

Padre Miguel Fuentes para "El Teólogo Responde"
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Referencias (original del autor):
[1] Apareció en Revista Diálogo nº 16.

[2] El 2 de mayo de 1996 se suspendió la ejecución, en el Estado de Virginia (USA), del argentino Ángel Breard Giubi, condenado a la silla eléctrica por homicidio e intento de violación; y en julio del mismo año fue condenado a pena de muerte con inyección letal Victor Saldaño, por homicidio capital agravado de secuestro. También el periódico LA NACION dedicó a la pena de muerte un artículo (firmado por Adrián Ventura) el 26 de julio de 1996, p. 7.

[3] Cf. Rev. NOTICIAS, 20 de julio de 1996, p. 94 ss.

[4] El intendente de Escobar, Luis Patti, pidió la pena de muerte para 6 policías de la Brigada antinarcóticos de Quilmes; y el mismo presidente Carlos Menem 'ha bogado por ella con vehemencia' impulsando varios proyectos (cf. Rev. NOTICIAS, 20 de julio de 1996, p. 94).

[5] Cf. J. Mausbach, Teología moral católica, Eunsa, Pamplona 1974, t. III, pp. 235-245; L.CICCONE, Non Uccidere, Ed. Ares, Milano 1988, 67-104.

[6] Dz 425.

[7] Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2266.

[8] Enc. Evangelium vitae, nº 56.

[9] Lo usa Santo Tomás en II-II, 64, 2.

[10] Cf. MARCELINO ZALBA, ¿Es inmoral, hoy, la pena de muerte? , en Rev. Mikael 19 (1979), 63-78.

[11] Cf. Mausbach, op.cit ., pp. 240 ss.

[12] Una de las cosas que se alegó en el caso de Saldaño fue que en su pronta condena a la pena máxima influía su origen hispano. Puede ser cierto o no, pero algo es indudable: en Estados Unidos de los 313 ejecutados desde que se reimplantó el sistema, el 45% pertenecía a minorías étnicas.

[13] Cf. Rev. NOTICIAS, 20 de julio de 1996, p. 97.

Diseño Inteligente

En la primera predicación de la Cuaresma en marzo de 2009, el padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, dedicó sus pensamientos al octavo capítulo de la carta de San Pablo a los Romanos, en la cual el santo afirma que la creación "sufre dolores de parto, aguardando la manifestación gloriosa de los hijos de Dios".

"¿El cosmos entra dentro del plan de salvación o como decían los pensadores antiguos, no hay esperanza para ella? Lejos de ser un tema obsoleto, el actual debate sobre el evolucionismo ha vuelto a poner el tema sobre la mesa. La opinión casi unánime hoy es que ese término designa a la creación en su conjunto, es decir tanto el mundo material como el mundo humano. Este estado de sufriente espera se debe al hecho de que la creación, sin culpa por su parte, ha sido arrastrada por el hombre al estado de impiedad".

“Sin embargo, este estado no será el último: ¡Existe una esperanza para la creación! No porque la creación, en cuanto tal, esté en grado de esperar subjetivamente, sino porque Dios tiene en mente para él un rescate. Esta esperanza está ligada al hombre redimido, el "hijo de Dios", que con un movimiento contrario al de Adán, arrastrará un día definitivamente el cosmos a su propio estado de libertad y de gloria".

“Esta cuestión, precisamente este año que se celebra el bicentenario de Darwin y con él el evolucionismo vuelve a ser noticia, nos ofrece la ocasión de tocar el problema hoy tan debatido sobre la presencia o no de un sentido y de un proyecto divino interno a la Creación”.

"En el diálogo actual entre ciencia y fe el problema se presenta en términos diversos, pero la sustancia es la misma. Se trata de saber si el cosmos ha sido pensado y querido por alguno o si es fruto de la casualidad y de la necesidad. Frente a la visión puramente materialismo que apoyan los partidarios del evolucionismo, la tesis de los creyentes ha acabado por cristalizarse en la fórmula que en inglés suena intelligent design, el diseño inteligente, se entiende, del Creador".

"Lo que ha creado tanta discusión y rechazo de esta idea ha sido, en mi opinión, el hecho de no distinguir con bastante claridad el diseño inteligente como teoría científica, del diseño inteligente como verdad de fe. Como teoría científica, la tesis del "diseño inteligente" afirma que es posible probar por el análisis mismo de la Creación, por tanto científicamente, que el mundo tiene un autor externo a sí mismo y muestra los signos de una inteligencia ordenadora. Sin embargo, si se la considera como verdad de fe, es incontestable si, como piensan muchos científicos, es pseudociencia hacer del diseño inteligente una conclusión científica, también es pseudociencia aquella que lo excluye".

"La ciencia podría avanzar en la pretensión si pudiera por sí sola explicar todo: no sólo el «cómo» del mundo, sino también el «qué» y el «por qué»."

"Esto la ciencia sabe bien que no está en su poder hacerlo. Incluso quien elimina de su horizonte la idea de Dios, no elimina con ello el misterio. Queda siempre una pregunta sin respuesta: ¿por qué el ser y no la nada? La misma nada ¿es quizás para nosotros un misterio menos impenetrable que el ser, y la casualidad un enigma menos inexplicable que Dios?"

"Sin embargo, para los creyentes la teoría en sí de la evolución de las especies no es incompatible con la de un diseño inteligente que dirige el camino de la materia en el tiempo."

"Como en el campo del espíritu la gracia deja espacio a la impredecibilidad de la libertad humana y actúa también a través de ella, así en el campo físico y biológico todo está confiado al juego de las causas segundas (la lucha por la supervivencia de las especies según Darwin, la casualidad y la necesidad según Monod), aunque este mismo juego está previsto y hecho precisamente por la providencia de Dios".

"En uno y en otro caso, Dios, como dice el proverbio, escribe derecho con renglones torcidos. La diferencia entre la postura de los creyentes de quienes no lo son la recoge esta afirmación, escrita por un agnóstico: «si recorremos hacia atrás la historia del mundo, como se pasan las páginas de un libro desde la última página hacia atrás, llegados al final, nos damos cuenta de que es como si faltara la primera página, el incipit. Lo sabemos todo del mundo, excepto por qué y cómo ha comenzado»".

"El creyente está convencido de que la Biblia nos proporciona precisamente esta página inicial que falta; ¡en ella, como en el frontispicio de todo libro, está indicado el nombre del autor y el título de la obra!".

Texto original de Inma Álvarez para zenit.org



jueves, 24 de septiembre de 2009

Nuestra Señora de La Merced


El significado del título «Merced» es ante todo «misericordia». La Virgen es misericordiosa y también lo deben ser sus hijos. Esto significa que recurrimos a ella ante todo con el deseo de asemejarnos a Jesús misericordioso.

El título mariano de la Merced se remonta a la fundación de la Orden religiosa de los mercedarios el 10 de agosto de 1218, en Barcelona (España). En esa época muchos eran cautivos de los moros y, en su desesperación y abandono, estaban en peligro de perder lo más preciado: la fe católica. Nuestra bendita Madre del Cielo, dándose a conocer como La Merced, quiso manifestar su misericordia hacia ellos por medio de dicha orden dedicada a atenderlos y liberarlos.

Desde el siglo XIII es patrona de Barcelona. Es además patrona de los cautivos (presos) y de muchos países de Latinoamérica.

La talla de la imagen de la Merced que se venera en la basílica de la Merced de Barcelona es del siglo XIV, de estilo sedente, como las románicas. En catalán se la llama Mare de Deu de la Mercé, Madre de Dios de la Merced.

En el año 1696, el papa Inocencio XII extendió la fiesta de la Virgen de la Merced a toda la Iglesia, y fijó su fecha el 24 de septiembre. Pero a raíz de la reforma litúrgica del concilio Vaticano II, en el año 1969 la fiesta se suprimió del calendario universal.

Texto original: María, Madre de Dios

martes, 15 de septiembre de 2009

"Merecer asistencia"

Una madre inglesa vio a su hijo prematuro extremo morir en sus brazos sin asistencia médica alguna debido a que nació con 21 semanas y 5 días de gestación, dos días menos que el mínimo contemplado en los lineamientos sanitarios de Inglaterra.


Los médicos del James Paget Hospital de Norfolk ignoraron las súplicas de Sarah Capewell, quien en octubre del año pasado dio a luz a su hijo Jayden con unos cinco meses de gestación. Los médicos se negaron a asistir al bebé porque le faltaban dos días para cumplir con el requisito establecido en los lineamientos nacionales de la Asociación Británica de Medicina Perinatal, según los cuales debe ofrecerse asistencia solo a los niños que nazcan después de las 22 semanas de gestación.


Capewell declaró al Daily Mail que los médicos que la atendieron en el parto se negaron incluso a mirar al niño, que vivió por casi dos horas sin asistencia médica. El bebé respiraba sin ayuda, tenía fuertes latidos, movía brazos y piernas. Sin embargo, se negaron a trasladarlo a una unidad de cuidados especiales y le dijeron que habrían tratado de salvarlo si nacía dos días después.


"Cuando nació, sacó sus brazos y se impulsó con sus piernas", recordó Capewell y narró que una obstétrica lo describió como un "pequeño luchador".


"Yo llamaba a los doctores pero la obstétrica me dijo que no vendrían a ayudarme y tratara de disfrutar del tiempo con mi hijo", agregó.


Ella arropó a su bebé y le tomó fotos. El niño murió en sus brazos menos de dos horas después de nacer. Durante el trabajo de parto no le suministraron inyecciones para contener el nacimiento o reforzar los pulmones del bebé, siempre por la misma razón: no tenía 22 semanas de gestación.


Los médicos le pidieron a Capewell, que ya había tenido cinco abortos espontáneos, que tratara este parto como una pérdida y no como un nacimiento. Tras la muerte de su hijo, Capewell sostuvo una fuerte discusión con el hospital por su derecho de recibir certificados de nacimiento y defunción de su hijo, para poder celebrar su funeral.


Dos años antes del nacimiento de Jayden, Amillia Taylor nació en Florida con 21 semanas y seis días de gestación. La niña recibió asistencia médica porque los doctores pensaron que tenía una semana más de edad. La pequeña está por cumplir tres años y se convirtió en la bebé más prematura en sobrevivir.


Publicado originalmente por Aciprensa

martes, 8 de septiembre de 2009

El Papa y el rabino

El Papa Juan Pablo II, en una solemne sala del Vaticano, recibe a una de las más altas autoridades religiosas del judaísmo, el gran Rabino del Estado deIsrael, Meir Lau. La formal entrevista se llevó a cabo en fraternal marco y quedó espacio parael relato anecdótico. Entonces, el rabino judío narró al Sumo Pontífice un hecho acaecido hace largas décadas en una ciudad europea. Le contó que terminada la Segunda Guerra Mundial, una señora católica se dirigió al párroco de su pueblo, para hacerle una consulta. Ella tenía a su cuidado, desde los días de la guerra, a un pequeño niño judío que le habían encomendado, pues sus padres habían sido enviados a uncampo de concentración.Los padres del niño, desaparecidos en el trágico infierno de la masacre nazi, habían previsto para él un futuro en la tierra de Israel. La señora se encontraba ante una encrucijada y pedía al sacerdote católico un consejo.


El párroco tuvo una pronta y comprensiva respuesta: "Se debe respetar la voluntad de los padres". El citado niño judío fue enviado al entonces naciente Estado de Israel, donde se criaría y educaría. La anécdota resultó muy interesante para Karol Wojtyla, y pasó a ser más conmovedora aún, cuando el gran rabino le aclaró la identidad de aquellas personas: "Usted, era ese párroco católico. Y ese niño huérfano... era yo".





Humberto Alcalde Álvarez

Natividad de la Santísima Virgen (8 de Septiembre)


Sancta Dei Genitrix, ora pro nobis



domingo, 6 de septiembre de 2009

La Otra Pandemia

La salud es lo primero. Es el dogma indiscutible de la sociedad actual. La pandemia de la gripe A a nadie deja indiferente. Todos a una, por la vacuna. La preocupación es grande en el Gobierno, instituciones, sociedad, familia, individuos. No se repara en gastos, actuaciones y medios, con tal de aislar el virus y evitar contagios. Para que no cunda la alarma, se dice que la pandemia de la gripe A, no es más peligrosa que la gripe común y las cifras de muertos no rebasan la normalidad.





Esta es la realidad vivida. Nadie cuestiona la paz, la salud y el bienestar total de la gente. Pero... ¿ha oído alguien hablar de otra pandemia mucho más peligrosa y letal, que la que ataca el cuerpo de las personas?





Me refiero a la pandemia invisible pero real, del pecado mortal, del escándalo, del aborto, del materialismo, de la falta de fe, del ateismo, del relativismo, etc., que mata el alma de los contagiados, mucho más numerosos y desgraciados que los contagiados por el otro virus. Claro, esto no se ve, pero millones y millones de personas, malviven con la muerte espiritual dentro de sí, sin paz, sin alegría, singracia de Dios. Podrían, si quisieran, curar e inmunizarse de esta letal enfermedad. La vacuna la tienen a su alcance: oración y sacramentos.





¿Por qué no intentarlo?





Miguel Rivilla San Martín


martes, 1 de septiembre de 2009

San Vicente de Paul

Nació en Pouy (Francia) en 1580. Vivió su niñez en el campo, ayudando a sus padres, y se destaco desde temprana edad por su carácter generoso para con los pobres. Fue enviado por sus padres a estudiar con la comunidad franciscana, en la cual abrazó la vocación sacerdotal, siendo ordenado en 1600.


Debió soportar 3 episodios de gran sufrimiento que fueron eficaces para la purificación de su alma. En primer lugar, permaneció esclavo de piratas otomanos en el actual territorio de Túnez entre 1605 y 1607. Si bien logró escapar para regresar a Francia, se hospedó en su tierra natal y fue acusado erróneamente del robo de 400 monedas de plata. Finalmente, al igual que otros santos, debió padecer fuertes tentaciones contra la Fe en una verdadera “noche oscura del alma”. Trascurridos 10 años de su ordenación, Vicente pensó en retirarse de la vida para convertirse en un eremita. Fue en ese entonces donde hizo sus votos para dedicar su apostolado a los más necesitados.



En sus propias palabras, el santo afirmó que “me di cuenta de que yo tenía un temperamento bilioso y amargo y me convencí de que con un modo de ser áspero y duro se hace más mal que bien en el trabajo de las almas. Y entonces me propuse pedir a Dios que me cambiara mi modo agrio de comportarme, en un modo amable y bondadoso y me propuse trabajar día tras día por transformar mi carácter áspero en un modo de ser agradable.” En este contexto, los escritos de San Francisco de Sales le fueron de gran utilidad.









Vicente fue nombrado en ese entonces capellán de los marineros y de los prisioneros que trabajan en los barcos de la Armada francesa. En el siglo XVII, los barcos navegaban merced a la tarea de los prisioneros en la galera, por medio de su trabajo sobre los inmensos remos, en un entorno sofocante y de esclavitud. Se describe que él mismo se puso a remar para reemplazar a un prisionero rendido por la debilidad. Su intercesión permitió mejorar la calidad de vida de muchos de esos hombres.




De la misma manera, cuando se desempeñó como capellán de las haciendas ministeriales, se encargó de predicar y convertir con otros sacerdotes a los campesinos, quienes estaban inmersos en una profunda ignorancia religiosa. Las crónicas contemporáneas describen a centenares de personas reunidas para escuchar su prédica y enmendar sus faltas. Estos fueron los comienzos de las Comunidad de Padres Vicentinos, que actualmente superan las 500 casas de ayuda a los necesitados en todo el mundo. Como consecuencia, su colaboradora, Santa Luisa de Marillac, dio lugar a la mayor comunidad femenina en el mundo, las más de 30 mil hermanas Vicentinas repartidas por el planeta.




San Vicente fundó hospitales y asilos para huérfanos y logró mediante su acción rescatar a la población empobrecida por las guerras. Advirtió que la principal causa del decaimiento de la Fe en su país era la pobre formación sacerdotal. Junto con sus religiosos organizó seminarios para preparar cuidadosamente a los seminaristas de manera que llegaran a ser sacerdotes santos y fervorosos.




El 27 de septiembre de 1660 falleció, contando con 80 años. Fue León XIII quien proclamó a este santo como el patrono de todas las asociaciones católicas de caridad.
¡San Vicente de Paul, ruega por nosotros!


Revista Digital Fides et Ratio

domingo, 30 de agosto de 2009

¿Sabemos cuánto valemos?



La Historia de un Anillo

Se cuenta que hace muchos años, había un joven triste que se sentía discriminado por todos. Decidió ir con su anciano profesor para contarle su problema: “Vine porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Dicen que no sirvo para nada, que no hago nada bien, que soy tonto y muy idiota ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?”



El profesor le dijo: “Lo siento mucho, joven, pero ahora no puedo ayudarte. Primero debo resolver mi propio problema. Pero si tú me ayudas a resolverlo, quizá pueda ayudarte a resolver el tuyo”. El joven asintió: “Claro, profesor”, aunque se sintió otra vez desvalorizado.
El profesor se sacó un anillo del dedo pequeño y se lo dio diciendo: “Monta el caballo y vete al mercado. Debes vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es preciso que obtengas por él el máximo posible, pero no aceptes nunca menos de una moneda de oro. Vete y vuelve lo más rápido posible”.



El joven tomó el anillo y partió. Cuando llegó al mercado empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Ellos miraban con cierto interés. Pero cuando decía que pretendía no menos de una moneda de oro, algunos reían, otros se apartaban sin mirarlo. Solamente un viejecito fue amable de explicarle que una moneda de oro era mucho valor para comprar un anillo. Algunos llegaron a ofrecerle una moneda de plata y una jícara de cobre, pero el joven seguía las instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazaba las ofertas.



Después de ofrecer la joya a todos los que pasaban por el mercado, y abatido por el fracaso, montó en el caballo y regresó. El joven incluso deseaba tener una moneda de oro para comprar él mismo el anillo, librando de la preocupación a su profesor. Entró en la casa y explicó: “Profesor, lo siento mucho, pero es imposible conseguir lo que me pidió. Tal vez pudiese conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que nadie lo valore en más”.
“Es importante eso que me dices, joven”, le contestó sonriente. “Pero primero debemos saber el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar el caballo y vas con el mejor joyero. ¿Quién mejor para saber su valor exacto? Pero no importa cuanto te ofrezca, no lo vendas por nada. Vuelve aquí con mi anillo”.



El joven fue a ver al joyero, quien lo examinó detenidamente con una lupa, lo pesó y le dijo: “Dile a tu profesor que, si lo quiere vender ahora, no puedo darle más de 58 monedas de oro”. “¡58 MONEDAS DE ORO!”, exclamó el joven. “Si -contestó el joyero- y creo que con el tiempo podría ofrecer cerca de 70 monedas, pero si la venta es urgente…”.



El joven corrió emocionado a casa del profesor para contarle lo ocurrido. “Siéntate”, dijo el profesor, y después de escuchar todo lo que el joven le contó, le dijo: “Tu eres como ese anillo, una joya valiosa y única. Solamente puede ser valorada por un especialista. ¿Pensabas que cualquiera podía descubrir su verdadero valor?” Y diciendo esto, volvió a colocarse su anillo en el dedo. Y concluyó: “Todos somos como esta joya. Valiosos y únicos. Y aunque andamos por todos los mercados de la vida, no podemos pretender que personas inexpertas nos valoren. No dependas nunca de lo que pueda decir gente inexperta. Dios sabe lo que verdaderamente eres y así te ama. Eso es lo importante”.


Padre José Martínez Colin



sábado, 29 de agosto de 2009

Apóstoles y Caballeros


Es, pues, cierto que hay hoy día un número creciente de hombres decididos a enseñar a sus hermanos que no hay Dios, que no hay otra vida, y que lo único por lo que se debe bregar, es para conseguir una sociedad próspera y feliz en este mundo. "El cielo se lo dejamos a los ángeles y a los gorriones" —blasfemaba Heine—. Todo lo que impida fabricar un Edén en la tierra y un Rascacielos que efectivamente llegue hasta el cielo, debe ser combatido con la máxima fuerza y por todos los medios —según estos hombres. Los que desde cualquier modo atajen o estorben la creación de esa Sociedad Terrena Perfecta y Feliz deben ser eliminados a cualquier costo. Todas las inmensas fuerzas del Dinero, la Política y la Técnica Moderna deben ser puestas al servicio de esta gran empresa de la Humanidad, que un gran político francés, Viviani, definió con el tropo bien apropiado de "apagar las estrellas". Estos hombres no son solamente los herejes; ni tampoco son ellos todos los judíos y todos los herejes; aunque es cierto que a esa trenza de tres se pueden reducir como a su origen todos los que hoy día están ocupados —¡y con qué febril eficiencia a veces!— en ese trabajito de pura cepa demoníaca.

¿Cómo pueden prédicas de tal sulfurosa olfación obtener audiencia? Muy fácilmente. Primero, porque debido al género de educación que recibe la mayoría de la gente de este santo país, las nuevas generaciones crecen en una increíble ignorancia y más todavía en una terrible confusión religiosa, que les convierte a Dios y a su Hijo Divino en unas cosas más bien lejanas y extranjeras, a las cuales ciertamente no hay por qué irritar por las dudas —no sea el diablo que de veras sean así como los curas dicen— pero que en definitiva no sabemos, y si las supiéramos, no te sacan de ningún apuro. Por otro lado las cosas de esta vida apuran, y el mundo aparece bien real, bien existente, y bien sólido y magnífico para el que tiene plata, y el que no la tiene se muere de hambre como dos y dos son cuatro, como he visto días pasados en el cine. Y la prueba es que los frailes mismos —que son los que dicen que se puede vivir sin plata— tienen unos conventos regios, como he visto también en el cine. Esto no todos lo dicen así, pero está implicado en esta común conducta de carrera furiosa a la plata de que todo el ambiente nuestro nos brinda tantos ejemplos; ¡y qué altos ejemplos de tanto en tanto! Esta conducta general y por lo mismo contagiosa, a menos no estar contrarrestada por los más sólidos principios, implica con respecto al prójimo el siguiente apotegma: Cada cual mire por sigo y al más débil, contra un poste. Y como los débiles son los más en la humanidad, he aquí que una minoría más astuta, activa y enérgica, usando tal filosofía llega a apoderarse de los medios de producción y de los resortes del poder de una manera enorme, y llega a tener en sus manos, como ha dicho el papa Pío XI, junto con enormes caudales, un poder ingente de explotación de las masas humanas, poder tanto más terrible cuanto más incontrolado, oculto, invisible: un poder tentacular invisible, que de hecho es mayor a veces —dice el papa— que el poder político de los gobernantes visibles, como nuestro presidente, poder con el que pueden, por ejemplo, enviar a una nación medio a ciegas a una guerra. Esa minoría no puede desear la gloria del nombre de Dios; Dios es la única arma que tiene contra ella el inmenso ejército del Desheredado. Esa minoría no puede ser muy amiga de Dios; y de hecho, en forma más o menos explícita y formal, es enemiga de Dios.

No es extraño que al otro extremo de este fenómeno del dominio del demonio Plutón en el mundo moderno, exista otra pequeña banda de hombres muy listos, cabezas claras, violentos, entusiastas, luchadores, enérgicos, que tienen como ideal supremo y fortísimo, que vibra en ellos con una vibración casi religiosa, la destrucción de tan horrible estado de cosas, la liberación de las masas humanas de esta fuerza inhumana e implacable que es la Moneda, la destrucción del actual orden social, que les aparece como algo infernal, odioso, insoportable. Estos hombres saben lo que es el Odio y saben de su embriagadora sed de destruir. Quieren hacer una nueva sociedad, un nuevo mundo, un Nuevo Hombre y, para eso, destruir hasta las raíces el actual, que les parece —en una especie de visión maniquea— radicalmente inficionado por las esencias del Mal, infinitamente odiable. Y entre esas raíces y esos sostenes del orden actual topan la religión, la Iglesia, el Cristianismo, Jesús de Nazaret que dijo que Él era Dios... El paso es perfectamente lógico. “La Religión es el Opio del Pueblo”, dice Marx. “Dios es la Humanidad hacia una Súper-Humanidad”, dice Bernard Shaw. “Dios ha muerto”, dice Nietzsche. “¡Muera Dios!”, dice Lenin.

Más hondo que estas dos bandas de capitalistas y comunistas, existe una más horrible y secreta; pero esa yo ya no la conozco, por suerte. Ha hablado de ella misteriosamente monseñor D'Herbigny en un trabajo filosófico sobre la persecución a la Iglesia en el mundo moderno. En un informe presentado al Vaticano sobre la persecución religiosa de los Sin-Dios en Rusia y Méjico, este ilustre prelado y sabio francés decía: “Imaginemos un hombre de empresa y de presa, como ese mister Heythorp, tan maravillosamente pintado por Galworsthy en su novela A stoic, dotado de las viejas cualidades de audacia, decisión, tenacidad y brío del pirata anglosajón trasladadas al mundo de las finanzas, con la aventurería del explorador aliada a la precisión del matemático, como hay tantos en el mundo moderno; imaginemos a uno o muchos de estos hombres fríos y poderosos, posesionados por una violenta pasión contra el catolicismo, por una razón o por otra; o por haber sido educados así, o por haber topado contra la religión en algunas de sus magnas empresas de lucro y logrería. Hombres así aislados o unidos, dentro de la Masonería o fuera de ella, constituyen un poder persecutorio, tanto más temible cuanto menos visible, y explican muchos fenómenos sociológicos contemporáneos, porque se convierten como en el alma y en los jefes de los movimientos anticristianos más o menos informes o instintivos. Un hombre así fue el barón de Rotschildd, el que pagó la Vida de Jesús del apóstata Renán. Otro fue Calmann-Lévy, el que financió toda la obra venenosa de Anatole France. Otros fueron los banqueros Morgan, que suministraron a Lenin los fondos necesarios para la revolución de Octubre”. Hasta aquí monseñor D'Herbigny. Contra estas demoníacas fuerzas ocultas, la Iglesia tiene primero de todo dos armas, que son los brazos levantados al cielo de la oración, y los brazos en cruz de los mártires, los brazos del padre Pró que cae acribillado de balas con la sonrisa en los labios; y después, todo el arsenal de las virtudes cristianas, de la palabra de Dios que es espada bífida, y también de la inteligencia y el pensamiento, sobre todo en los que gobiernan, porque Cristo Nuestro Señor nos ha mandado ser simples, pero nos ha prohibido ser sonsos, al menos los que gobiernan. Y en su vida nos dejó grande e inestimable ejemplo, que no debe ser suprimido del evangelio, del uso que se ha de hacer de la ira y la indignación —que son pasiones humanas ciertamente refrenables, pero no suprimibles—, cuando se levantó como un león y como un nuevo Moisés contra los que deshonraban e injuriaban directamente a Dios con sus palabras y acciones, haciendo una demostración violenta contra ellos que le puso en peligro, y más tarde de hecho le costó la vida. Porque A Dios rogando y con el mazo dando es también un refrán cristiano.

Nuestra intención dice: "Rogar por la conversión de los que injurian a Dios", y reflexionando sobre ella hemos llegado a un punto que parece más cerca de la inquisición que de la conversión. No es así sin embargo, Es que los que han llegado a cierta clase de pecados no se convierten con cualquier clase de sermones, ni siquiera con cualquier clase de oraciones. Por eso arriba hemos nombrado el martirio. No obra en ellos el sermón de palabra sino solamente el sermón de obra. Cristo sabía perfectamente, cuando arrojó a los mercaderes del templo, que con su látigo Él no iba a derrotar a los soldados de Caifás ni a la legión de Pilatos; pero sabía también que era parte de su misión hacer aquel gesto de indignación en defensa de la honra de su Padre y después sostener con su vida la autoridad de aquel gesto. Y eso es lo que hacían los mártires cuando volteaban un ídolo y después se dejaban atar para las fieras. No hay Cruzada verdadera sin la opción del Martirio; y éste es un pensamiento absolutamente necesario para hoy, en que varios movimientos de espada se adjudican el nombre de Cruzada. San Pedro tenía espada y le cortó la oreja a Malco; pero después fue y negó a Cristo, a pesar de sus buenas intenciones, solamente porque, teniendo en efecto alma de Cruzado, no había en su alma preparación de mártir. Se había dormido durante la Oración.

Roguemos, pues, porque Dios vuelva a unir en un haz esas dos grandes creaciones de la Iglesia, hoy desunidas por el liberalismo: el espíritu de Caballería y el espíritu de Apostolado. Los católicos liberales dicen: “transijan, transijan, transijan; al fin y al cabo estos masones que gobiernan nos dejan predicar, y eso es lo principal, porque predicando nosotros se convertirán todos, incluso esos mismos masones”. Creen que es posible el Apostolado sin la Caballería, que es como decir la Gracia sin la Natura. En cambio, el católico totalitario cree todo lo contrario: “Usted dice que no hay Dios y yo digo que hay Dios. ¿Cómo lo prueba? Lo pruebo estando dispuesto a morir por esta creencia. Pero le prevengo que si usted, confiado en eso, vino a matarme, yo la voy a pegar un tiro primero, porque una cosa es ser santo y otra cosa es ser sonso, y morir por morir, es mejor vivir.”

Cada uno tiene una parte de la verdad cristiana. Roguemos porque se encuentren esas dos hermanas, y veremos entonces maravillas en la tierra.








Padre Leonardo Castellani †
"Seis ensayos y Tres Cartas", Ediciones Dictio, Buenos Aires, 1973

Libertad cristiana



Para los que creemos en Cristo como Señor de la Historia y verdadero Libertador de nuestras vidas, sabemos que no siempre coincide el concepto de libertad humana con el de libertad cristiana.

Para muchísimos que no comparten nuestra fe, la libertad se confunde frecuentemente con el libertinaje. Se creen libres cuando hacen lo que les da la gana, sin más normas que su propio capricho y creyendo que no tienen que dar cuenta de sus actos a nadie.
No precisan que alguien les diga lo que es bueno o malo, lo verdadero o lo falso, lo justo o lo injusto. Ellos son para sí mismos su propia norma o ley. Es bueno lo que me gusta o apetece y es malo lo que me desagrada o contraria. La única limitación a su “libertad” es la fuerza coactiva de la ley humana, impuesta por el consenso de los demás.

Suelen hablar casi siempre de derechos, pero casi nunca de obligaciones. Estas las aceptan no tanto por convicción personal, como por miedo a incurrir en sanciones o castigos previstos por esa misma ley.

Los cristianos sabemos que Dios nos ha hecho libres, -no robots-, “a su imagen y semejanza”, pero no independientes. Nos sentimos criaturas libres para optar entre el bien y el mal. Somos por voluntad de Dios criaturas autónomas, pero en modo alguno
independientes del Creador, que tiene derecho sobre todas y cada una de sus criaturas.

Los cristianos aceptamos que nuestra libertad lleva pareja nuestra responsabilidad, es decir que tenemos que “responder” ante Dios de lo que hacemos tanto en nuestra vida como con nuestra vida. Sabemos que este don de la libertad se termina en el momento de la muerte. Aunque vivamos eternamente ya nunca gozaremos de libertad. Del lado que cae el árbol al cortarlo, de ése permanecerá para siempre, dice la Biblia.

Otro aspecto interesante por demás, es la de considerar que la libertad plena y verdadera no es tanto la libertad de acción (poder hacer una acción o la contraria), sino la libertad interior, que se ha de identificar con hacer siempre el bien y buscar la verdad. Esta libertad es la libertad “hacia” o “para”: o sea la libertad que tiene un sentido no en sí misma-porque estaría vacía de contenido-, sino que tiene un contenido en la razón de ser de las cosas y de las acciones. En definitiva, del que está detrás de todo y trasciende todo: El Absoluto o el Creador de todo cuanto existe.

Padre Miguel Rivilla San Martín

sábado, 1 de agosto de 2009

Los Esteroides Anabólicos

Con el nombre general de “anabólicos” se describe a una serie de moléculas de estructura esteroide, emparentadas con la testosterona, la principal de las hormonas masculinas. El término anabólico se utiliza en Biología para hacer referencia a productos que intervienen en la construcción de tejidos. De hecho, en condiciones fisiológicas, la testosterona y otros andrógenos se asocian con el aumento del músculo esquelético, de la producción de glóbulos rojos y de la aparición y sostén de los llamados caracteres sexuales masculinos (barba, tono de voz, distribución del vello corporal). De la misma manera, están involucrados en la disminución del contenido graso.

La testosterona y otros anabólicos más complejos, como la nandrolona, se utilizan en el terreno de las ciencias médicas ante enfermedades como los estados de hipogonadismo, en los cuales, por diversas causas, la producción natural de estas hormonas se encuentra disminuida. Sin embargo, su capacidad para aumentar la masa muscular fue el motivo que generó su abuso para aumentar el desempeño y la apariencia física en distintas disciplinas deportivas, en especial en los atletas de alto rendimiento, la halterofilia y el fisicoculturismo.

Debido a sus características moleculares, los esteroides anabólicos se absorben con facilidad tanto por vía oral como mediante el uso intramuscular, subcutáneo o incluso a través de la piel (transdérmico). Es frecuente que, en circunstancias de abuso, quienes utilizan estos compuestos lo hagan por fases cíclicas, durante días o semanas, con períodos de suspensión intermedios. Asimismo, algunos deportistas asocian diferentes compuestos con el objetivo de aumentar su efectividad (“amontonamiento”) y buscando disminuir las numerosas complicaciones.

Desde hace décadas se ha demostrado que el uso inapropiado de estas hormonas se vincula fuertemente con la aparición de distintas formas de cáncer, entre las que se destacan los tumores hepáticos y prostáticos. Resultan de por sí hepatotóxicos y elevan en forma pronunciada la presión arterial por medio de la retención hídrica. Quizás su efecto adverso más difundido es la virilización, que se expresa en las mujeres con el surgimiento de acné, caída del cabello, alteraciones menstruales, clitorimegalia, cambios en el tono de voz e incluso mayor incidencia de cáncer de ovario. En los varones, además de reducir el tamaño testicular, provocan oligozoospermia (disminución del número de espermatozoides). Sin embargo, la principal inquietud ocurre en los adolescentes, donde estas hormonas no sólo alteran la progresión normal de la pubertad, sino que se asocian con el cierre anticipado de los cartílagos esqueléticos y la posibilidad de interrumpir el crecimiento.

Además, los anabólicos se relacionan con modificaciones de la conducta, ya que se han descrito cambios de carácter, incremento de la agresividad, episodios de manía e incluso un incremento de la prevalencia de ideación paranoide, alteraciones del juicio de realidad, suicidios y homicidios.

Es probable que el abuso de estas sustancias se fundamente en la veneración de la imagen corporal que tiene lugar en nuestro modelo cultural relativista, en el cual la apariencia física adquiere una importancia irrisoria. Destacarse físicamente o rendir en una competencia parecen metas que superan al propio instinto de conservación y al respeto por la vida propia y del prójimo. Quizás, en el fondo, la imagen corporal y la apariencia representan una forma moderna de esclavitud en las cuales los esteroides anabólicos constituyen una herramienta más de acceso.



Revista Digital Fides et Ratio
Publicado originalmente en formato 1.0 en agosto de 2009

La Inteligibilidad de la Naturaleza

La naturaleza resulta parcialmente inteligible cuando se la contempla a la luz de los conocimientos proporcionados por la experiencia ordinaria y por las ciencias. Pero adquiere su sentido pleno cuando contemplamos el sistema de la naturaleza a la luz de su fundamento radical y de la vida humana.

Desde la perspectiva finalista, la actividad de la naturaleza aparece como obra de una "inteligencia inconsciente": la naturaleza no delibera, pero actúa como si realmente poseyera una capacidad racional.

La expresión "inteligencia inconsciente", si se la interpreta literalmente, es contradictoria, porque contiene dos términos incompatibles. Por tanto, sólo puede ser utilizada como una metáfora. Pero la metáfora tiene una base real: las operaciones de la naturaleza son direccionales y, además, cooperan en la producción de resultados que, en muchos aspectos, sobrepasan ampliamente lo que puede conseguirse mediante la tecnología más sofisticada. En ese sentido, la naturaleza sobrepasa a la razón humana que, por otra parte, sólo puede producir artefactos en la medida en que conoce y utiliza las leyes naturales.

A veces se intenta explicar la naturaleza tomando en cuenta exclusivamente su composición y sus leyes: el orden sería el resultado de combinaciones aleatorias de procesos, y la finalidad sería sólo aparente. Bajo esta perspectiva, y partiendo de la oposición entre el azar y la finalidad, cuanto más se acentúa la función del azar queda menos espacio para la finalidad. Sin embargo, la oposición entre azar y finalidad no es absoluta, porque el azar exige la finalidad. En efecto, ni siquiera podría hablarse de azar si no existiera una direccionalidad, como tampoco tendría sentido hablar de desorden si no existiese ningún tipo de orden.

Las críticas contra la teleología suelen suponer que existe una contradicción absoluta entre el azar y la finalidad; en consecuencia, las explicaciones en las que interviene el azar se valoran como argumentos contra la finalidad. Pero no existe tal contradicción absoluta entre azar y finalidad. Al afirmar la finalidad, no se excluye cualquier tipo de azar. Simplemente se subraya que el azar y, en general, cualquier combinación de fuerzas ciegas, no puede ser considerado como una explicación total.

Por ejemplo, para explicar el origen de una frase que tiene sentido en un determinado lenguaje, no basta probar que existe alguna probabilidad de que se haya producido mediante combinaciones de letras al azar: si no existe previamente un lenguaje, con su alfabeto, su diccionario y sus reglas gramaticales, ninguna combinación de letras podrá formar términos con significado. En el origen tiene que haber inteligencia. Esto es igualmente válido con respecto a la naturaleza. La afirmación de la finalidad equivale a afirmar que la inteligibilidad de la naturaleza se fundamenta, en último término, en una actividad inteligente. La inteligencia inconsciente debe basarse en una inteligencia consciente.

Al comentar las ideas de Aristóteles sobre la finalidad natural, Tomás de Aquino propuso una especie de definición de la naturaleza, contemplada desde su fundamento metafísico radical, que es muy original y aventaja en profundidad a las ideas de Aristóteles, además de ser sorprendentemente coherente con la cosmovisión actual. Dice así: "la naturaleza es, precisamente, el plan de un cierto arte (concretamente, el arte divino), impreso en las cosas, por el cual las cosas mismas se mueven hacia un fin determinado: como si el artífice que fabrica una nave pudiera otorgar a los leños que se moviesen por sí mismos para formar la estructura de la nave" (Tomás de Aquino, Comentario a la Física de Aristóteles, libro II, capítulo 8, lectio 14).

Tres aspectos de esta cuasi-definición merecen una atención especial: la racionalidad de la naturaleza, su conexión con el plan divino, y el énfasis que se pone en la auto-organización.


En primer lugar, se subraya la racionalidad de la naturaleza al identificar la naturaleza con el plan de un arte (en el original latino, "ratio cuiusdam artis"). De hecho, el progreso científico pone de manifiesto, hasta extremos antes insospechados, la eficiencia y sutileza de la naturaleza. El éxito de la ciencia amplía cada vez más nuestro conocimiento de la racionalidad de la naturaleza. Aunque los productos de la tecnología superen en algunos aspectos a la naturaleza, siempre se basan en los materiales y las leyes que la naturaleza pone a nuestra disposición; y, desde luego, la naturaleza siempre nos aventaja, a gran distancia, en muchos aspectos de gran importancia.

En segundo lugar, la conexión de la naturaleza con el plan divino expresa el fundamento radical de la racionalidad de la naturaleza: es una manifestación del plan divino; por tanto, de un plan sumamente sabio. Además, la acción divina no se limita a dirigir desde fuera la actividad natural: el plan divino se encuentra inscrito en las cosas (se dice en el original latino: "ratio cuiusdam artis, scilicet divinae, indita rebus"). Lo natural posee modos de ser, con las correspondientes tendencias, que conducen hacia resultados óptimos. Se comprende, por tanto, que no existe oposición entre la acción natural y el plan divino; por el contrario, el plan divino incluye el dinamismo tendencial de lo natural y se realiza a través de su actualización.

En tercer lugar, se alude a la auto-organización como una característica básica de la naturaleza. El ejemplo es muy gráfico: como si se pudiera otorgar a los trozos de madera que se moviesen por sí mismos para construir una nave. Esa idea corresponde, de un modo que no podía sospecharse cuando fue escrita hace más de siete siglos, a los conocimientos actuales acerca de la auto-organización de la naturaleza, que implica, además, un gran nivel de cooperatividad entre sus componentes, sus leyes, y los diferentes sistemas que se producen en los sucesivos niveles de organización. Queda subrayada, de este modo, la direccionalidad de la naturaleza, también en su aspecto sinergético, y se insinúa la emergencia de nuevos sistemas y propiedades como resultado de la acción sinergética o cooperativa.

Por otra parte, también merecen especial atención las implicaciones de la caracterización tomista de la naturaleza. En efecto, se pone de manifiesto el valor positivo de la naturaleza como resultado del plan divino. Se explica también la articulación de la necesidad y la contingencia porque, de una parte, la naturaleza es contingente por ser el resultado de la acción libre de Dios, y de otra, posee una fuerte consistencia de acuerdo con el modo de ser que Dios ha inscrito en lo natural. Asimismo, se pone de relieve la articulación entre la unidad y la multiplicidad, porque la perfección del universo se consigue a través de la cooperación de sus componentes y, en último término, se ordena hacia la vida humana, ya que la naturaleza constituye el ámbito que hace posible la existencia de la persona humana y el desarrollo de sus capacidades. Por fin, se comprende la articulación entre el ser y el devenir, porque Dios ha puesto en la naturaleza unas virtualidades que hacen posible su progresiva evolución, y cuenta con la cooperación del hombre, a través de su trabajo, para llevar a la naturaleza hacia un estado cada vez más perfecto. En definitiva, esa definición tomista expresa el núcleo de la perspectiva metafísica y finalista de la naturaleza, y tiene gran importancia para determinar su valor en el contexto de la cosmovisión actual.

Padre Mariano Artigas (1938-2006)

Texto original: Universidad de Navarra (accesible desde aquí)

El Señor del Milagro

Estamos tan acostumbrados a saber que lo más firme y sólido con que contamos es el suelo que pisamos, que el desconcierto y temor que despierta un movimiento sísmico, aunque solo sea de algunos segundos, resulta difícil de describir. Además sabemos que las fuerzas de la naturaleza una vez desatadas son incontrolables para los seres humanos.

La ciudad de Salta vive el mes de setiembre con el regocijo propio de la llegada de la primavera. Podemos imaginarnos que en 1692 los fríos del invierno estaban pasando, los nuevos brotes en árboles y plantaciones adornaban la ciudad y sus alrededores. Las laderas del cerro San Bernardo se saturaban de verdes que sangraban borbotones rojos y lilas de ceibos y lapachos.

El día 13, a media mañana, entre las 9 y las 11, la ciudad experimentó el terror de saber que el suelo bajo sus pies ya no es firme. Las actas del Cabildo que se redactaron el día siguiente al temblor manifiestan que los temblores se prolongaron por espacio de quince minutos. Podemos suponer que no se trató de un temblor de esa duración, sino de varios sacudimientos en oleadas.

Según consta en las declaraciones tomadas por el escribano Pedro Pérez del Hoyo, los temblores se siguieron durante el resto del día y la noche, aunque suponemos que con menor intensidad que el primero de cuarto de hora de duración. Para quién desee leer las actas, se encuentran incluidas en este mismo trabajo, pero debe aclararse que se trata de las transcripciones que hizo el Padre José Pacheco Borges en 1793 de los originales que se encuentran en el Archivo General de la Nación. Los comentarios que agregamos a partir de aquí son interpretaciones que pretenden llenar algunos vacíos en el relato de los declarantes en las mencionadas actas.

Los movimientos sísmicos fueron tan intensos que dice un relato que las campanas de las iglesias tocaron solas y que las torres de la Iglesia Matriz se curvaron de tal manera que parecía que se vendrían abajo, y aunque volvieron a ponerse derechas, ya nunca volverían a tener la solidez necesaria, pues tanto estas como la de San Francisco debieron ser demolidas poco tiempo después.

Como se desprende de la lectura de las declaraciones los primeros en entrar en el templo de la Matriz fueron el sacristán y su ayudante. Esto es totalmente normal ya que es parte de su función el cuidado del templo. Por otra parte más de uno ya se había preguntado si no sería necesario retirar el Santísimo Sacramento del Tabernáculo para guardarlo en un lugar más seguro. Con estas inquietudes y con el temor propio de haber vivido hace unos instantes lo que creemos fue el movimiento sísmico más importante experimentado por la ciudad de su Salta en su historia, ingresaron al templo y observaron lo que relatan en su declaración: la imagen de la Virgen caída a los pies del altar con el rostro hacia arriba como mirando el Sagrario, sin haber sufrido daño alguno en lo delicado de sus manos y rostro. Esta situación es particularmente destacada y hay razón para que así sea, ya que la altura desde la cuál habría caído, debería haberla dañado en mucho, por no decir que podría haberla destrozado totalmente.

Nos imaginamos cómo sería el retablo que la sostenía a partir de los relatos. Tengamos en cuenta que el altar no se encontraba como actualmente podemos ver en la Iglesia. Antes del Concilio Vaticano II, la celebración de la Misa la realizaba el sacerdote de espaldas al pueblo. El altar se encontraba pegado al retablo. En otra parte de este trabajo, cuando describimos el templo de la Basílica Catedral, exponemos fotografías de los altares laterales. En ellos puede apreciarse cómo el altar se encontraba pegado al retablo. Debemos suponer que el altar se encontraba elevado por algunos peldaños del nivel del piso del templo; sobre la altura del altar de encontraba el Sagrario, lugar donde se guarda el Pan Consagrado; y sobre éste un nicho especial donde colocaba la custodia con el Santísimo Sacramento para su exposición y adoración por parte de los fieles. Este nicho debería de tener una altura considerable teniendo en cuenta el tamaño de las custodias que se utilizaban en aquella época. Y finalmente por sobre el nicho en el que exponía la Eucaristía, se encontraba otra cavidad que contenía la santa imagen de Nuestra Señora del Milagro. Si sumamos las medidas, aproximadamente obtenemos una altura de por lo menos tres metros, lo cuál sería destructivo para una imagen de estas características, considerando además que en la caída es muy probable que hubiese rebotado contra la mesa del altar.

El único daño sufrido por la imagen de la Virgen consistía en la rotura de la media luna por un lado, que estaba en la peaña, como así mismo al Dragón habérsele roto las narices y una oreja, con un ala. Este suceso es realmente digno de destacar ya que el nicho en el que se exponía la Eucaristía también había caído y lo hallaron hecho pedazos, de las gradas del altar para el cuerpo de la Iglesia.

Es interesante el agregado que hacen los testigos diciendo que la imagen se encontraba como mirando al sagrario, ya que son los primeros en hacer una alusión a la intercesión que la Madre hace al Hijo pidiendo salvación de este pueblo. Otra situación que hicieron notar es que la corona y cabellera de la imagen, como es de suponer, terminaron también por el suelo, lo que dio origen a la interpretación que la piedad plasmó en los versos del himno a la Virgen: "Perdona -decías-, mi Dios, a este pueblo; si no la corona de Reina aquí os dejo".

El tercer testigo, el Licenciado D. Francisco de Rivera y Zeballos, hace mención a un acontecimiento que conmoverá a todo el pueblo: que si era el color que siempre tenía la santa imagen, por parecerle que estaba como desfigurada y descolorida. Como veremos más adelante esta es una situación que con más fuerza aún se manifestará ante todo el pueblo suplicante.

Presos del miedo, los habitantes, buscaron refugio en las calles y plaza y como tampoco se atrevían a ingresar al Templo de la Matriz, por temor a un derrumbe, aparentemente la reunión se orientó con naturalidad hacia otro extremo de la plaza: la Iglesia de los padres Jesuitas. El temor natural de no querer permanecer en el interior de los edificios llevó a los anfitriones a improvisar un lugar de oración en la plaza, frente a las puertas del templo. Allí se colocó la imagen de un Cristo Crucificado de regular tamaño, para que pueda ser apreciado por todos y se iniciaron los rezos. A los que luego se sumarían los sermones penitenciales y via crucis que se sucedían unos tras otro. En medio de la confusión general y ante el peligro de un derrumbe en la Matriz, se dispuso que la imagen de la Virgen sea guardada por esa noche en la casa de una particular, posiblemente en casa del Alcalde Blas Bernardo Díaz Zambrano.

Todavía reinaba la confusión para cuando se puso en movimiento la primera de las procesiones que salió de la Matriz a recorrer la plaza principal con el Santísimo Sacramento bajo el palio. También los padres Mercedarios organizaron oraciones y procesiones de penitencia que se realizaron durante la tarde de ese mismo día, lo mismo que los padres Franciscanos. De a poco la ciudad de Salta se convertía en un gran Templo, construido con piedras vivas unidas por la llama de las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad. Desde sus orígenes la conmemoración del Señor y la Virgen del Milagro fueron días de penitencia y oración. Resulta particularmente importante destacar estas primeras manifestaciones de la piedad salteña, que desde un comienzo, marcaron el espíritu que hasta el día de hoy mueve los corazones: la Eucaristía y la Penitencia.




Así transcurrió todo ese día 13 entre oraciones, penitencia, procesiones y temblores de tierra que aunque aislados y de menor intensidad que el primero no dejaban de amenazar la misma existencia de la ciudad y la vida de sus habitantes. No nos olvidemos que el acta que nos sirve de fuente ha sido redacta el día 14 por lo que los acontecimientos que narra luego de la toma de los testimonios jurados, suponemos que corresponden al mencionado día.

Los acontecimientos ocurridos el día anterior, relacionados con la Virgen de la Matriz, corrieron rápidamente de boca en boca, de modo que el pueblo reclamaba la presencia de la Santa imagen para poder rendir homenaje a la Virgen "del Milagro". Sin embargo la poca estabilidad del templo hacía imposible que se lo habilitase. La solución vino de parte del Capitán Blas Bernardo Díaz Zambrano, quien en acuerdo con el Vicario Chabez y Abréu, hicieron las diligencias necesarias para construir un improvisado altar a un costado de la Matriz en el lugar que actualmente ocupa el edificio de la Curia Arzobispal. En aquel lugar se encontraba el cementerio que se comunicaba con la plaza por una explanada (actual calle España). Seguía siendo de mañana cuando se dispuso el traslado de la Santa Imagen desde la casa donde había pasado la noche hasta su nuevo altar. El pueblo ya enterado acompañó devotamente esta procesión hasta el lugar en que se le rendiría culto.

Según deducimos del acta redactada ese día por el Escribano Pedro Pérez del Hoyo, allí se celebró la Misa Mayor, designándose como celebrante al sacerdote Simón Diez Zambrano (pariente del Alcalde). Finalizada la ceremonia tomó la palabra el Vicario Chavez y Abréu; de lo que expresa, destacamos especialmente

1) Se hace un público reconocimiento de la protección que el pueblo de Salta recibió de la Virgen. Esto hace evidente que aquella expresión del Sacristán "como mirando al sagrario", fue interpretada por todas aquellas personas que luego de él la vieron, descubriendo en ello, lo que la tradición ha querido traer hasta nuestros días: al pie del sagrario, allí intercediendo, el perdón pediste, por nuestros excesos.

2) Resultaba casi obvio que ante la situación presentada, se hacía exigible una respuesta de parte de las personas de mayor representatividad. Lo menos que se podía esperar de un pueblo creyente es la muestra de agradecimiento instituyéndose un día especial que recuerde semejante acontecimiento. La respuesta no se hizo esperar, ya que el acta a renglón seguido manifiesta que “el dicho señor Alcalde, se ha diputado a hacer celebración pública todos los años que pudiere, con todo el lustre y ostenta posible”.

Continúa diciendo el acta que terminada la celebración de la Misa, el mismo escribano procedió a verificar con sus propios ojos y junto a otras personas el estado del Templo y del retablo, verificando serios daños, y ratificando que la imagen de la Virgen no había sufrido mayores daños que los indicados por los sacristanes oportunamente.

Todo esto habría sucedido hasta el mediodía o primeras horas de la tarde. El acta no detalla otros acontecimientos, simplemente afirma que “prosiguiendo las dichas procesiones, y rogativas”, lo que nos hace suponer que durante el resto del día, ya con aparente calma, el pueblo agradecido por la protección maternal de la Virgen María continuó con las practicas religiosas. Por actas posteriores a esta fecha conocemos que se decidió llevar adelante una novena de acción de gracias, por lo que la Santa Imagen estuvo expuesta en su precario altar por ese lapso. Esta novena, que incluía el rezo del Santo Rosario, Salve, Misa y prédica, fue dirigida por los padres jesuitas.

Precisamente del Colegio de la Compañía había surgido una esperanza para el pueblo. El relato más claro que hay al respecto surge del Auto Exhorto del Vicario Chávez y Abreu quien en 1712 manifiesta “haber habido revelación en el tiempo de los temblores referidos al P. José Carrión de la Compañía de Jesús, de que dicho Santo Cristo Crucificado de la iglesia Matriz, que tenían sin devoción, olvidado, había perdonado a Salta, a súplica y pedido de la Madre de Dios del Milagro, que estaba en dicha iglesia, y porque no se valían de su Divina Majestad, y lo sacaban a la calle, y desde que vino a esta tierra no había visto la ciudad ni sus calles”..

El rumor de esta revelación recibida por el Padre José Carrión se dispersó rápidamente entre los vecinos, pero sin embargo no será hasta el día de mañana en que el sacerdote comunique oficialmente al Vicario el mandato que recibió de lo alto. Por la mañana, temprano las campanas llamaron a Misa Mayor. Podemos suponer, aunque nada dicen las actas, que los temblores no habían finalizado totalmente. Alguna que otra sacudida, seguramente de poca importancia, seguía manteniendo la tensión.

El comentario surgido en el Colegio de la Compañía acerca del Santo Cristo olvidado en la Matriz, seguramente también habría llegado a oídos del Vicario, de modo que al finalizar la Santa Misa, invitó a las personalidades más sobresalientes y autoridades presentes a ingresar al templo. Una vez en el interior les solicitó que “se hincasen de rodillas a la peaña del Altar de las Ánimas, donde estaba colocado este soberano Señor, y que le mirasen con todo cuidado, que era hermosísimo y devotísimo, a que haciéndolo así, levantándose, dijeron unánimes y conformes: dice vuestra merced muy bien que es una maravilla este Señor; a que respondió su merced y dijo: pues señores manos a la obra, que esta diligencia que he hecho, ha sido porque será muy conveniente y del agrado de Dios nuestro Señor, el que este soberano Señor salga en andas en la procesión general, a que estamos prevenidos acabada la Novena”.

Continúa narrando el Auto que inmediatamente se ordenó a los carpinteros que le hiciesen unas andas con las que pudieran sacarlo en procesión. Posiblemente al finalizar el día estas andas estarían terminadas y entonces el Santo Cristo fue colocado al lado de su Madre en el improvisado altar que se encontraba en el Cementerio frente a la plaza. Continuando con el relato del Auto Exhorto, luego de terminada la Misa Mayor el Padre José Carrión mandó a pedir al Vicario que se acercase al Colegio, pues necesitaba hablar con él de un asunto de suma importancia.

No existen más detalles acerca del contenido de esta revelación, además de lo que relata el Vicario en el Auto Exhorto. Seguramente el espíritu de lo revelado se encuentra contenido en esas palabras ya citadas en el día 14, pues fueron expresadas por el Padre Carrión al mismo autor del Auto Exhorto aunque cuando se escribiera este ya habían transcurrido 20 años.

Desde setiembre de 1692 la fiesta del Milagro fue creciendo. Existen algunas circunstancias y personas especiales que le otorgaron mayor brillo o que incidieron en que estas fiestas llegasen a nuestros días tal cual la vivimos nosotros. Entre esas personas debemos destacar entre otros el que fuera gobernador de las Provincias del Tucumán desde el año de 1701: Don Esteban Urízar y Arespacochaga. Nombrado por Carlos II con el cargo de Gobernador del Tucumán, Urízar demoró algunos años en llegar a esta ciudad, pues habiendo arribado a las Indias, decidió quedarse un tiempo en Buenos Aires (…) Asumió el gobierno a mediados del año 1707 en la ciudad de Córdoba. Sin embargo al año siguiente se establecía en esta ciudad de Salta en forma permanente. Conoció y amó esta tierra y por ser un fiel creyente no pudo menos que sentirse totalmente protegido por los patronos de esta ciudad. Sintió profunda reverencia por las imágenes del Señor Crucificado y la Virgen del Milagro y su piedad fue digna de destacar. Una piedad que no sólo se manifestó en palabras, sino y sobretodo en hechos que le valieron entrar de lleno en la historia del Milagro salteño aún cuando no se encontraba presente durante aquellas angustiantes horas del 13 de setiembre de 1692.

La piedad y devoción del Gobernador hizo posible también que la nueva Matriz cuya construcción se encontraba demorada, haya tenido un nuevo impulso, pues participó activamente en todas las actividades destinadas a recaudar fondos para su continuación y conclusión. Su esfuerzo se cristalizó también mediante los cuantiosos aportes que realizara de sus bienes particulares, de modo tal que en 1709 la feligresía salteña contaba con una flamante Matriz. En 1712, cuando se acercaban los días de realizar los cultos al Señor y la virgen del Milagro, enterado de que no existían los documentos confeccionados en 1692, ordenó al Vicario don Pedro de Chávez y Abreu que ordene una nueva información de lo acontecido en aquella oportunidad con el objeto de que quede fijada la verdad de los hechos ocurridos. Son los documentos producidos entonces los que actualmente sirven de certificación legal de aquellos sucesos y en los que basamos esta historia del Milagro salteño. Esta certificación se realizó tomando declaraciones a personas que fueron testigos presenciales de los hechos y de reputación intachable e indudables. Estas actas fueron varias veces transcriptas las que a su vez nosotros utilizamos son las transcripciones de Fray José Pacheco Borges que se encuentran en el Archivo General de la Nación, cuya copia se insertan en este mismo trabajo.

La celebración de las festividades del Señor y la Virgen del Milagro se continuaron sin interrupción desde 1692 hasta ahora.


Sinopsis de los contenidos del sitio de la Catedral de Salta
Publicado en formato 1.0 en agosto de 2009