viernes, 1 de agosto de 2008

Galileo, Lavoisier y Durham

Probablemente, una de las personas que más aportes realizó para la conciliación entre la fe y la razón haya sido el sacerdote español Mariano Artigas, fallecido en 2006, quien fue además Doctor en Física y en Filosofía. El padre Artigas fue uno de los fundadores del Grupo de Investigación sobre Ciencia, Razón y Fe de la Universidad de Navarra.
Dentro de su frondosa obra, hemos seleccionado para nuestros lectores un artículo que esclarece la desfigurada visión sobre Galileo que nos ha llegado con el sesgo intencional de algunos historiadores seculares.

Introducción

A veces, los prejuicios contra la Iglesia provienen de la presunta oposición de la religión hacia la ciencia. Es interesante considerar algunos datos al respecto.

Todo el mundo ha oído hablar del caso de Galileo, casi siempre de modo deformado. Pocos saben que Lavoisier, uno de los fundadores de la química, fue guillotinado por la Revolución Francesa. Casi nadie tiene noticia de Pierre Duhem, físico importante, autor de una monumental obra de historia y filosofía de la ciencia. Y es que, cuando se habla de ciencia y fe, a mucha gente le pasan por la cabeza dos palabras: «oposición» y Galileo. Pocos piensan en «colaboración», y nadie en Duhem. Es una lástima.

Cuando hablo de Galileo en mis clases y conferencias, suelo recordar que el sabio italiano murió de muerte natural cuando tenía 78 años. Seguramente, muchos oyentes piensan que Galileo fue quemado por la Inquisición. Casi siempre, al terminar, algunos me dicen: es verdad, yo creía que a Galileo lo quemaron.

Me llamó especialmente la atención lo que me sucedió en enero de 1992. Vino a verme un sacerdote que había asistido a mi conferencia. Estaba indignado, y con razón. Nos encontrábamos en Roma, donde él trabajaba en su tesis doctoral en teología, y me preguntaba: «¿Cómo se explica que una persona como yo, que soy sacerdote católico desde hace varios años, que he estudiado en un Seminario y en una Universidad Pontificia, me entere ahora, a estas alturas, de que a Galileo no le mataron?» Y añadió: «Hace pocos días, un compañero de mi Residencia estuvo visitando el Palacio del Quirinal, y nos contó que el guía, en un momento de la visita, señaló un balcón bien visible y dijo: "desde ese balcón, el Papa hizo el gesto de poner el dedo pulgar hacia abajo, para condenar a Galileo a muerte"».





La hoguera inexistente

¿Cómo se explica todo esto? No lo sé. Es muy extraño. La verdad es que Galileo nació el martes 15 de febrero de 1564, y murió el miércoles 8 de enero de 1642, en su casa, una villa en Arcetri, cerca de Florencia. Su discípulo Viviani, que permaneció continuamente junto a él en los últimos treinta meses, cuenta que su salud estaba muy agotada: tenía una grave artritis desde los 30 años, a la que se unía «una irritación constante y casi insoportable en los párpados» y «otros achaques que trae consigo una edad tan avanzada, sobre todo cuando se ha consumido en el mucho estudio y vigilia». Añade que, a pesar de todo, seguía lleno de proyectos de trabajo, hasta que por fin «le asaltó una fiebre, que le fue consumiendo lentamente, y una fuerte palpitación, con lo que a lo largo de dos meses se fue extenuando cada vez más, y, por fin, un miércoles, que era el 8 de enero de 1642, hacia las cuatro de la madrugada, murió con firmeza filosófica y cristiana, a los setenta y siete años de edad, diez meses y veinte días».


En 1633 tuvo lugar en Roma el famoso proceso contra Galileo. No fue condenado a muerte, ni nadie lo pretendió. Nadie le torturó, ni le pegó, ni le puso un dedo encima; no hubo ninguna clase de malos tratos físicos. Fue condenado a prisión y, teniendo en cuenta sus buenas disposiciones, la pena fue inmediatamente conmutada por arresto domiciliario. Desde el proceso hasta que murió, vivió en su casa. Siguió trabajando con intensidad, y publicó en esa época su obra más importante.

Tres de los diez altos dignatarios del tribunal se negaron a firmar la sentencia. El Papa nada tuvo que ver oficialmente ni con el tribunal ni con la sentencia. Desde luego, el proceso no debió producirse, y me parece lamentable. Pero los trabajos de Galileo siguieron adelante.

Por tanto, se han cumplido ya 350 años desde la muerte natural de Galileo. Estoy de acuerdo con mi oyente de Roma: parece mentira que, a estas alturas, casi todo el mundo, curas católicos incluidos, estén seriamente equivocados sobre importantes aspectos de un caso que se utiliza continuamente para atacar a la Iglesia y para afirmar, como si fuera un hecho histórico, que la religión en general y la Iglesia católica en particular siempre han estado en contra del progreso científico.

Una gran cabeza guillotinada

¿Quién sabe algo, en cambio, acerca del caso de Lavoisier, que tuvo bastante peor suerte que Galileo?

Antoine Laurent Lavoisier, nacido el 26 de agosto de 1743 en París, realizó muchos trabajos científicos importantes. En la Academia de Ciencias se publicaron más de 60 comunicaciones suyas. Fue uno de los protagonistas principales de la revolución científica que condujo a la consolidación de la química, por lo que se le considera, con frecuencia, como el padre de la química moderna.

Su gran pecado consistió en trabajar en el cobro de las contribuciones. Por este motivo, fue arrestado en 1793. Importantes personajes hicieron todo lo que pudieron para salvarle. Parece que Halle expuso al tribunal todos los trabajos que había realizado Lavoisier, y se dice que, a continuación, el presidente del tribunal pronunció una famosa frase: «La República no necesita sabios». Lavoisier fue guillotinado el 8 de mayo de 1794, cuando tenía 51 años. Joseph Louis Lagrange, destacado matemático cuyo apellido es bien conocido por todos los matemáticos y físicos dijo al día siguiente: «Ha bastado un instante para segar su cabeza; habrán de pasar cien años antes de que nazca otra igual».

Evidentemente, Lavoisier no fue guillotinado por la fe. Y no estoy empeñado en atacar a la Revolución, ni a la República, ni a nadie. Simplemente, me sorprende mucho que exista tanta desproporción entre lo que llega a la opinión pública acerca de los casos de Galileo y de Lavoisier.

En este vida se dan curiosas coincidencias. Cuando acababa de escribir el párrafo anterior, vino a verme un amigo, profesor de biología y buen católico. Comentamos lo que yo estaba escribiendo y me dijo que un colega suyo de otro país le había comentado poco tiempo antes: «¿Eres biólogo y católico a la vez?, ¡qué raro! ¡es el primer caso que conozco!».

El sucedido viene como anillo al dedo. Resulta un poco extraño, pero es real. Probablemente, por motivos que los historiadores y sociólogos podrían investigar, durante mucho tiempo se ha pensado, en muchos ambientes, que la ciencia y la religión son cosas opuestas. La verdad es que eso no es verdad. Los grandes pioneros de la ciencia moderna eran cristianos. Galileo siempre fue católico. Entre los científicos de todas las épocas no son pocos los cristianos convencidos. En la actualidad, los científicos no creyentes suelen reconocer que su agnosticismo no tiene nada que ver con la ciencia, y que no existe ninguna dificultad objetiva para ser buen científico y buen cristiano a la vez.




Duhem: físico, filósofo, historiador y católico


Esto nos lleva de la mano al caso de Duhem. Se trata de un personaje muy conocido, aunque no siempre bien interpretado, en el ámbito de la filosofía de la ciencia, y totalmente desconocido para la opinión pública. Sin embargo, vale la pena saber qué hizo.

Pierre Duhem fue un físico francés de gran talla intelectual. Nació en 1861 y murió en 1916. La lista de sus artículos y libros ocupa 17 páginas de un libro de buen tamaño. Escribió mucho sobre temas científicos muy especializados, y también se ocupó de filosofía e historia de la ciencia. Algunas de sus obras son libros en varios volúmenes, y una de ellas tiene 10 volúmenes de 500 páginas cada uno. Sin duda, fue uno de los físicos más importantes de su época. Fue un católico convencido y llevó una vida realmente ejemplar en todos los aspectos.

Que yo sepa, ninguna obra de Duhem, al menos de las más importantes, está traducida al castellano. Hay, en cambio, algunas traducidas a otros idiomas; incluso una de ellas, «La teoría física», fue traducida al alemán dos años después de su aparición, con un prefacio muy favorable de Ernst Mach, otro importante físico-filósofo, cuyas ideas tenían poco de católico.
Duhem es el pionero de los estudios históricos acerca de la ciencia medieval, tema que tiene una importancia cada vez mayor en la actualidad. Este es el aspecto en el que me voy a detener.
Duhem era un trabajador infatigable que, a pesar de su gran talla, no llegó a ser profesor en París, quizá debido a obstáculos ideológicos. Esto le permitió trabajar mucho por su cuenta. Estaba interesado en la historia de la ciencia y se puso a investigar en el pasado. Ante su sorpresa, fue encontrando en los archivos franceses muchos manuscritos antiguos nunca publicados, que arrojaban nuevas luces acerca del nacimiento de la ciencia moderna.

Según el cliché generalmente admitido, la ciencia moderna parecía haber nacido en el siglo XVII prácticamente de la nada. La Edad Media habría sido una época oscurantista, dominada por la teología y enemiga de la ciencia. El nacimiento de la ciencia moderna se habría producido sólo cuando el librepensamiento se emancipó de la Iglesia y de la teología. Pues bien, Duhem encontró una documentación abundantísima que deshacía ese cliché, y la fue publicando, comentada, en los 10 grandes tomos de su obra «El sistema del mundo».




Para comprender la situación, conviene tener en cuenta que la imprenta no existió hasta el siglo XVI. Las obras anteriores, y por lo tanto, las obras de los medievales, eran manuscritos. Cuando se descubrió la imprenta, muchos manuscritos quedaron en el olvido de los archivos. Los pioneros de la nueva ciencia no se preocuparon de señalar sus deudas intelectuales con los autores anteriores, sino más bien de subrayar la novedad de sus trabajos. La Edad Media quedó en la penumbra.

Duhem trabajó directamente con muchos manuscritos medievales inéditos. Su trabajo le llevó al convencimiento de que la Edad Media, especialmente en la Universidad de París, pero también en la de Oxford y en otros centros intelectuales, fue una época en la que paulatinamente se fueron desarrollando los conceptos que permitieron el nacimiento sistemático de la ciencia experimental moderna en el siglo XVII.


La matriz cultural cristiana

Los trabajos de Duhem abrieron un enorme campo de investigación que ha sido continuado por importantes historiadores de todo tipo de países e ideologías.

Uno de ellos es Stanley Jaki. Nacido en Hungría en 1924, se estableció en los Estados Unidos en 1951. Es doctor en física y en teología, profesor de la Universidad de Seton Hall (Nueva Jersey), y ha sido invitado a dar cursos en las Universidades de Edimburgo, Oxford, Princeton, Sidney y otras muchas de todo el mundo. Ha publicado cerca de 30 libros sobre las relaciones de la ciencia con la filosofía y la cultura. En 1987 recibió de manos del príncipe Felipe de Gran Bretaña el premio Templeton, como reconocimiento a sus publicaciones.

Jaki escribió la primera biografía amplia sobre Pierre Duhem, que fue publicada en 1984 por la Editorial Nijhoff de La Haya. Ha continuado y ampliado los trabajos de Duhem sobre el nacimiento de la ciencia moderna y sus relaciones con la religión.

Jaki afirma que en las grandes culturas de la antigüedad (Babilonia, Egipto, Grecia, Roma, India, China, etc.), la ciencia experimental no encontró un terreno propicio. Más bien, los escasos intentos de nacimiento acabaron en sucesivos abortos. Un factor determinante fue que en esas culturas se representaba la naturaleza como sometida a unas divinidades caprichosas, o se pensaba en ella de modo panteísta. Jaki examina estos problemas desde el punto de vista histórico y concluye que el nacimiento de la ciencia moderna sólo fue posible en la Europa cristiana, cuando se llegó a dar lo que llama la «matriz cultural cristiana».

Esa matriz cultural incluía la creencia en un Dios personal creador, que ha creado libremente el mundo. Porque la creación es libre, el mundo es contingente, y sólo lo podemos conocer si lo estudiamos con ayuda de la observación y la experimentación. Porque Dios es infinitamente sabio, el mundo es racional y sigue leyes; como afirma repetidamente la revelación cristiana, el mundo está lleno de orden. Porque Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, el hombre participa de la inteligencia divina y es capaz de conocer el mundo.

De hecho, es fácil comprobar que los grandes pioneros de la ciencia moderna compartían estas convicciones, que las tenían porque eran cristianos y vivían dentro de una matriz cultural cristiana, y que en algunos casos ellos mismos afirmaron la importancia que esas ideas tenían para su trabajo científico.

Por ejemplo, Kepler hizo muchos intentos durante años hasta que encontró sus famosas leyes, convencido de que tenían que existir en un universo creado por la sabiduría divina, y que tenían que estar de acuerdo con los datos observacionales establecidos por el astrónomo danés Tycho Brahe.

Desde luego, no basta ser cristiano para hacer ciencia; la ciencia se hace con matemáticas y experimentos. Pero la ciencia moderna nació y se ha desarrollado durante siglos en un occidente cristiano que le ha proporcionado una matriz adecuada.

Comprendo que estas afirmaciones puedan extrañar a algunos. Las obras de Duhem, las de Jaki y otros autores semejantes, no suelen estar traducidas al castellanos. Además, durante mucho tiempo se ha presentado a la ciencia como si estuviera en perpetua lucha con la religión, aunque esto no se corresponda con la realidad. Pero si algo nos enseña la ciencia es a atenernos a los hechos y a superar los prejuicios.


El compromiso personal

Llegamos, por fin, a una tercera diferencia entre la fe y la razón. En concreto, las verdades de la fe cristiana comprometen seriamente la vida personal, el modo de comportarse.

Quizás sea ésta la dificultad principal que experimentamos frente a las verdades de la fe. El cristianismo no es una simple teoría, sino algo que afecta directamente a la vida.

Los primeros cristianos que vivían en un mundo pagano, cuando se convertían al cristianismo se veían obligados a cambiar no pocas de sus costumbres. Y lo hacían.

No puede extrañar que en la actualidad suceda algo semejante. En realidad, siempre ha sido así. Ser buen cristiano siempre ha supuesto un esfuerzo serio. No es compatible con una vida fácil. Exige obrar en conciencia y, con frecuencia, ir contra corriente. Jesucristo lo advirtió con gran claridad en varias ocasiones. Pero sigue siendo cierto lo que Él prometió: quien pierda su vida por amor suyo, la encontrará, y quien le siga de cerca tendrá el ciento por uno en esta vida y después la vida eterna.

El amor auténtico, la rectitud de corazón, la generosidad, llevan consigo ciertos sacrificios. Pero se consiguen bienes muy superiores, que son los únicos que llenan realmente la vida humana. El conocimiento profundo de la fe cristiana reserva muchas sorpresas agradables. Y no es tan difícil. Si pusiéramos en este asunto un poco del esfuerzo que dedicamos con toda naturalidad a muchas cosas que tienen una importancia mucho menor, comprobaríamos que vale la pena de verdad.

La Cantidad de Estrellas del Cielo

¿Cuál es la cantidad de estrellas del universo? Esta pregunta puede ser interpretada desde la poesía o desde la ciencia, pero también desde la maravillosa mirada de la Fe.

Hacia la segunda mitad del siglo II, Claudio Ptolomeo describió un total de 1 022 estrellas en su obra “El gran libro”, más conocido por su nombre árabe Almagest. Más allá de los estudios efectuados de otras civilizaciones antiguas, a partir del siglo XVI los astrónomos incorporaron en forma sucesiva nuevos astros a los catálogos.

En realidad, en un cielo claro, el ojo humano puede ver, si sumamos ambos hemisferios, un total de diez mil estrellas de diferente magnitud en la bóveda celeste. Con un par de prismáticos clásicos, ese número se multiplica varias veces. Si incrementamos de manera creciente el recurso tecnológico e incluimos el telescopio óptico, los grandes observatorios, los radiotelescopios y los telescopios espaciales, las cifras superan nuestra capacidad de asombro.

Sin embargo, hace varios milenios que conocemos esta cantidad, a partir de una fuente de información notable y pocas veces apreciada: la Sagrada Biblia. Así, en referencia a los descendientes de Abraham, el Antiguo Testamento compara ese gran número y sostiene que «multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar» (Génesis 22,17).

Esta analogía, que parece puramente literaria, resulta sorprendentemente exacta. Se estima, de acuerdo con los cálculos actuales, que tanto el número de granos de arena de las orillas de los océanos, como el número de estrellas del universo conocido es de 1022, esto es, de diez mil trillones en nuestro sistema de numeración.

La historicidad y magnificencia de las Escrituras se pone de relieve una y otra vez, cada vez que recorremos la riqueza de sus palabras.

sábado, 19 de julio de 2008

Aborto: consecuencias para los trabajadores de la salud

En otra edición hemos comentado los efectos ocurridos en las madres que padecieron el horror del aborto. Sin embargo, las consecuencias del homicidio prenatal en el personal de salud involucrado en el hecho no siempre han recibido la importancia merecida.


A tal fin, reproducimos a continuación un texto original de Rachel MacNair para Touchstone Magazine, traducido al castellano por Aciprensa. Advertimos que el contenido de este artículo puede resultar estremecedor para personas sensibles.


"Sueño con fetos, como todos los que estamos aquí: sueños de abortos, uno tras otro, de baldes de sangre salpicados por las paredes; árboles colmados de fetos gateando". Así habló Sallie Tisdale sobre el tiempo en que trabajó como enfermera en una clínica de abortos. En un artículo para la revista Harper, ella escribió acerca de un sueño en el que 2 hombres la sujetaron y la arrastraron a la fuerza.


"Hagamos un aborto", dijeron con una nauseabunda mirada lasciva. Yo empecé a gritar, estaba sumergida en una visión de succiones, de dolores chirriantes, de ser extendida y desmembrada por una serie de instrumentos que cumplen la función para la que fueron hechos. Desperté casi sin poder respirar e imaginé mesas de cocina y percheros, agujas de tejer manchadas de sangre y a mujeres que en soledad apretaban almohadas en sus bocas para evitar que sus gritos perforen las paredes de sus departamentos.


No es un trabajo ni fácil ni agradable. "Hay momentos de cansancio, sombríos momentos en los que creo no poder aguantar un recipiente más lleno de restos sangrientos, en que no creo poder pronunciar alguna otra clase de frase de consuelo", escribió. "...me preparo para el siguiente recipiente, para otra breve y áspera pérdida. '¿Cómo aguantas?' Hasta los pacientes preguntan...observo desinflarse el abdomen hinchado de una mujer en tan sólo unos momentos y mi propio estómago se estremece de dolor, de pesar".


¿Cuál es el impacto emocional en las personas que realizan abortos? Quienes los hacen han escrito y dicho lo suficiente como para mostrar que no se trata de un procedimiento médico cualquiera. Algunos, como Tisdale, tienen pesadillas. Otros sufren muchos de los síntomas asociados con el desorden de estrés post-traumático (post traumatic stress disorder [PTSD]), alguna vez llamado "neurosis de guerra" y "fatiga de batalla". La práctica de la medicina, de curar, no debería dar pesadillas, no debería causar una neurosis de guerra.


A continuación, se citarán solamente a doctores pro-opción, enfermeras y publicaciones médicas oficiales, salvo por los 2 médicos citados al final. Sus creencias de que lidiar constantemente con el aborto es una inusual y significativa fuente de estrés, más que la medicina ordinaria, de ninguna manera proviene de la oposición al aborto.


Sus Traumas

Es notable la poca atención y estudio prestado a los médicos, enfermeras, consejeros y demás trabajadores de las clínicas abortivas. Sólo se han realizado 2 estudios que observan una gran cantidad de personas, y fueron hechos por investigadores que no trabajaban en el campo del aborto. El primero (de M. Such-Baer), apareció en Social Casework en 1974 y el otro (de K. M. Roe) apareció en Social Science and Medicine en 1989.


Ambos estudios fueron realizados por personas a favor del aborto legal, no obstante lo cual, ambos notan la alta frecuencia de los síntomas que se enmarcan en la condición conocida hoy como PTSD. El estudio publicado en 1974, antes de que se adoptara el término, describe que "eran frecuentes los pensamientos obsesivos sobre el aborto, depresiones, fatiga, ira, baja autoestima y problemas de identidad. El complejo sintomático fue considerado un 'desorden reactivo transitorio', similar a la 'fatiga de batalla'".


El otro estudio mostró síntomas similares: "Los periodos ambivalentes se caracterizaban por una variedad de sentimientos otrora poco comunes y un comportamiento que incluía aislamiento de los colegas, resistencia a ir al trabajo, falta de energía, impaciencia con los clientes y un sentimiento de desasosiego general. Pesadillas, imágenes que no se iban y preocupación era elementos comunes. También era común la profunda y solitaria intimidad en la que los médicos se enfrascaban para afrontar esta ambivalencia.


Todavía no puede afirmarse que los médicos abortistas sufren de PTSD porque realizan abortos. Es difícil de probar: puede ser difícil determinar quien y quien no está realizando abortos; aquellos que han sufrido más ya pueden haber dejado la práctica; puede ser que las personas que han sufrido eventos traumáticos en el pasado están más inclinados a participar de los abortos; finalmente, el debate político actual puede afectar la manera en como percibe la gente su trabajo. Sin embargo, la evidencia recogida hasta el momento muestra que se necesitan más estudios.


American Medical News, una revista publicada por la Asociación Médica Americana, señaló que las discusiones en el taller de la Federación Nacional del Aborto "iluminan un aspecto poco conocido del debate sobre el aborto: los sentimientos de conflicto que afectan a muchos proveedores...La idea de que las enfermeras, doctores, consejeros y los demás trabajadores en este campo sienten escrúpulos de que el trabajo que realizan es un secreto muy bien guardado".


Entre las historias


Una enfermera que había trabajado en una clínica abortista durante menos de un año dijo que sus peores momentos no aparecían en la sala de operaciones sino después. Muchas veces, dijo, las mujeres que acaban de someterse a un aborto se echaban en la sala de recuperación y lloraban, "He matado a mi hijo. Acabo de matar a mi hijo". "No sé qué decirle a estas mujeres", dijo la enfermera al grupo. "Una parte de mí piensa, 'Tal vez tienen razón'".


Un doctor en Nuevo México admitió que a veces se sorprendía por la ira que un aborto tardío podía provocarle. Por un lado, dijo el médico, está molesto con la mujer. "Pero paradójicamente", añadió, "Tengo sentimientos de molestia hacia mí por sentirme bien al apretar el tope de la cabeza del bebé, por sentirme bien por haber realizado un procedimiento técnicamente bueno que destruye al feto, que mata un bebé".


Casi todo negativo


El estudio Such-Baer, hecho en 1974, un año después de la legalización del aborto en todo el país gracias a Roe vs Wade, reportó que "casi todos los profesionales involucrados en trabajos abortivos reaccionaban con sentimientos negativos". Quienes tienen contacto con los residuos fetales tienen mayores sentimientos negativos que aquellos que no entablan contacto, y su reacción no varía mucho: "Todas las reacciones emocionales fueron unánimemente, extremadamente negativas".


El más grande estudio publicado incluía entrevistas a 130 "trabajadores del aborto" en San Francisco entre enero de 1984 y marzo de 1985. Los autores no esperaban encontrar lo que encontraron. "Particularmente sorprendente fue el hecho que el malestar con los clientes del aborto o con los procedimientos tenía lugar en los médicos que apoyaban fervientemente el derecho al aborto y que expresaban un gran compromiso con su trabajo", anotaron. "Este hallazgo preliminar sugirió que incluso aquellos que apoyan el derecho de una mujer a eliminar un embarazo, pueden estar luchando con una fuerte tensión entre sus creencias formales y la experiencia situada en sus trabajo con el aborto".


Como reacción, los investigadores decidieron "entrevistar solo a médicos que se consideraban pro-opción y que estaban comprometidos a continuar con su labor por lo menos durante 6 meses". Creyeron que estas personas, "en tanto libres de sentimientos preexistentes de anti-opción y resistentes a su potencial influencia, proveerían datos valiosos sobre los dilemas y dinámicas del trabajo en el aborto legal". Esto redujo la muestra a 105 trabajadores.


Setenta y siete por ciento de ellos habló del tema del aborto como un acto destructivo, de la destrucción de algo vivo. Sobre el asesinato: "No se esperaba que salga este tema entre médicos pro-opción, sin embargo, el dieciocho por ciento habló de él cuando habló de su participación en el aborto en algún punto de la entrevista. Este tema tendía a surgir lentamente en las entrevistas y era siempre presentado con una evidente incomodidad".


Incluso Tisdale, que aún creía en el aborto, admitió la ambigüedad de realizarlos. El aborto, dijo, "es el límite más estrecho entre la amabilidad y la crueldad. Hecho de la mejor manera posible, sigue habiendo violencia -violencia misericordiosa, como darle muerte a un animal sufriente...es una dulce brutalidad la que aquí practicamos, una dura y amorosa frialdad".


El estrés parece crecer en la medida en que el no-nacido se desarrolla. "Mientras el embarazo avanza, la idea del aborto se vuelve más y más repugnante para muchas personas, incluso para el personal médico", dijo un doctor abortista llamado Don Sloan en un libro que apoyaba vigorosamente la necesidad de la legalización del aborto. Como respuesta, "Los médicos intentan divorciarse del método". Luego de describir el procedimiento de gráficamente, incluyendo la necesidad de revisar las partes del cuerpo para asegurarse de que todo el feto haya sido removido del útero, concluyó diciendo: "¿Quieres abortar? Paga el precio. Hay un viejo dicho en medicina: Si quieres trabajar en la cocina, tendrás que romper algún huevo. El horno se calienta. Prepárate para quemarte".


Los abortos en una etapa avanzada del embarazo ofrecen "un inusual dilema", dijo Warren Hern, especialista en abortos, en un trabajo para la Asociación de Médicos de Planned Parenthood. Los doctores y enfermeras que los realizan tienen "fuertes reservas personales acerca de participar en una operación que ellos ven como destructiva y violenta". Explicó sus reacciones de la siguiente manera:


«Parte de nuestra herencia cultural y tal vez biológica retrocede ante una operación destructiva de una manera muy similar a la nuestra, incluso cuando sabemos que el acto tiene un efecto positivo en una persona viva. Nadie que no haya realizado este procedimiento puede saber cómo es o lo que significa; pero habiéndolo hecho, quedamos perplejos ante las posibilidades de interpretación. Hemos alcanzado un punto en esta tecnología en particular, en el que no hay posibilidad de negar el acto de destrucción del operante. Está frente a nuestros ojos. Las sensaciones de desmembramiento fluyen a través de los fórceps como una corriente eléctrica...Mientras más parece que solucionamos el problema, más espinoso se vuelve.»


Pesadillas


Pero son los sueños de los médicos los más nos pueden decir al respecto. Los malos sueños son tan comunes que su mención, aunque sea pequeña, puede esperarse en casi todas las presentaciones sobre el tema de las reacciones emocionales de los trabajadores que realizan abortos en una clínica abortiva. Muchos de ellos dejaron de realizar abortos porque se convencieron de estaba mal, gracias a sus sueños sobre abortos.


Los reportes varían respecto del número de trabajadores que sufrían de pesadillas relacionadas con el aborto: un estudio del Dr. Hern señala que sólo dos de 23 trabajadores reportaron pesadillas sobre el aborto, mientras que una noticia sobre abortos en embarazos avanzados aparecida en ObGyn News dijo que un cuarto de los trabajadores soñaban con abortos. Tisdale dijo que en su centro médico todos tenían esos sueños, pero eso probablemente haya sido una licencia poética.


¿Cómo son estos sueños? Tisdale habló de sueños de "sangre salpicada en las paredes" y "árboles repletos de fetos gateando", así como de su propia violación. Otro escritor habló sobre una enfermera que soñó que "estaba metiendo un bebé por la boca de un jarrón [de antigüedades]. El bebé la miraba con una expresión suplicante. Había un aro blanco alrededor del jarrón. Ella interpretó esto como la representación de las demás enfermeras observando su acto y condenándolo".


Él llegó a la conclusión de que su sueño (el de ella) "muestra que inconscientemente el acto de abortar se experimentó como un acto de asesinato. Debe notarse que esta enfermera estaba absolutamente involucrada e intelectualmente comprometida con la nueva ley del aborto. Tuvo una reacción típica. Sin importar la religión u orientación filosófica de cada quien, la visión inconsciente del aborto permanece igual. Esto es lo más significativo de todo lo que se aprendió en estas sesiones". (Esta historia apareció en un editorial de Obstetricia y Ginecología, que argumentaba que los trabajadores de centros abortistas deben ser alentados a hablar sobre sus problemas como una manera de que sigan realizando su trabajo).


American Medical News reportó lo siguiente del taller de la Federación Nacional del Aborto: "Ellos [quienes realizan o ayudan a realizar abortos] se preguntan si es que el feto siente dolor. Hablan sobre el alma y a donde va. Y acerca de sus sueños, en los que los fetos abortados los miran con ojos de ancianos (ancient eyes) y con sus manos y pies perfectamente desarrollados preguntándoles, '¿Por qué? ¿Por qué me hiciste esto?'".


Un informe presentado a la Asociación de Médicos de Planned Parenthood describió los sueños de 2 personas que soñaron que "vomitaban fetos, junto con un sentimiento de horror". Los escritores concluyeron, "En general, parece que mientras mayor es el contacto físico y visual (de los doctores y enfermeras), se experimenta mayor estrés. Esto es evidente tanto en el estrés consciente cuanto en las manifestaciones inconscientes como los sueños. Por lo menos, los dos individuos que reportaron varios sueños significativos desempeñaban estos roles".


Explicaciones Alternativas


¿Cómo podemos dar cuenta de los problemas de los médicos, especialmente de sus sueños? Puede ser que sea así como la mente humana responde a una matanza, como se ha sugerido en otros grupos de personas que matan. Quienes creen que el aborto es un asesinato, y que matar a otro ser humano es algo que pocas personas pueden hacer de manera natural, encontrará plausible esta explicación.


Pero científicos sociales ofrecen otras 2 explicaciones. Una de ellas dice que las personas sufren de agotamiento, como tantos en las profesiones de ayuda. Es por ello un problema más fácil de resolver, ya que requiere solo de vacaciones y rotación de responsabilidades. Considerando el alto volumen y la alta velocidad de los más de los abortos, puede ser que sí estén agotados, lo cual no quita que sufran de conciencia o también PTSD. Más aún, el agotamiento no explica sus sueños.


La otra explicación es que las personas responden negativamente por un primitivo o infantil mal entendimiento de los hechos. El editorial en Obstetricia y Ginecología antes citado dijo que "el niño mezcla inevitablemente la realidad con la fantasía. Incapaz de conceptuar todo el proceso en términos sofisticados, el niño piensa en términos concretos. Visualizó un 'huevo' en 'el estómago' y cree que un bebé formado se desarrolla desde el principio, creciendo por nueve meses hasta llegar a ser un infante de tamaño completo".


Este autor cree que esta es la manera de explicar los sueños. No obstante los adultos entienden la reproducción, "las fantasías primitivas permanecen en el inconsciente...Por tanto, incluso quienes están intelectualmente comprometidos con el aborto tienen que luchar contra la visión de un feto como un bebé real que tiene su propio inconsciente. El trauma emocional observado en estas enfermeras fue el resultado de un conflicto entre su compromiso intelectual, por un lado, y sus posturas inconscientes por el otro. En su interior, tienen la experiencia de haber participado en un asesinato".


Si el ver al feto como un bebé es un mero producto de la imaginación, un símbolo o una sobresimplificación, la solución es simple. La mejor manera de enfrentar una fantasía es mostrando la realidad. La tecnología moderna nos ha provisto de fotografías de embriones y fetos en cada etapa de su desarrollo, y los sonogramas muestran sus movimientos en tiempo real. Pero esta técnica no parece ser útil a la hora de reducir los síntomas de los que sufren los que trabajan con abortos, como otro editorial titulado "Advertencias de Impactos Psicológicos Negativos de la Sonografía en el Aborto", mostraba en 1986.


Una Advertencia


Los defensores del aborto creen que es un tipo de medicina. Quienes se oponen creen que es asesinato. Si el aborto se trata de quitar una vida humana, algunos o muchos de los que los realizan sufrirían ciertas consecuencias psicológicas asociadas con el trauma causado por dañar a otros. Si no encontramos tales consecuencias, el caso de que el aborto no es violencia de ningún tipo se ve fortalecido. Si es que hay consecuencias, se fortalece el caso de que hay violencia. La evidencia anecdótica y tales estudios sugieren, como nosotros lo hemos hecho, que algunos de los que realizan abortos sufren daños psicológicos; que realizar abortos tiene esas consecuencias.


Tal vez los sueños sean una advertencia. De serlo, esas pesadillas pueden ser una bendición. Bernard Nathanson, hablando del tiempo en que era un pionero en preparar centros abortistas, recuerda haber sido abordado por la esposa de un médico en un cocktail. "Me llevó a un lado y me habló muy agitada acerca de las cada vez más frecuentes pesadillas de su esposo. Él le había confesado a su esposa que sus sueños estaban plagados de niños y sangre, y que luego se había obsesionado con la idea de que alguna justicia terrible se impondría sobre sus hijos como pago por lo que estaba haciendo". Estos sueños y sentimientos pueden haber sido una advertencia de su conciencia para que no siga.


El ex doctor abortista McArthur Hill ha hablado acerca de cómo él intentaba salvar bebés prematuros y cómo luego encontró que los bebés que había abortado eran más grandes que los prematuros que había salvado.


Fue ahí cuando empecé a tener pesadillas...En mis pesadillas, yo recibía a un saludable recién nacido. Luego tomaba a ese saludable recién nacido y lo cargaba. Estaba frente a un jurado de gente sin rostro y les preguntaba qué hacer con ese bebé. Ellos tenían que mostrar el dedo pulgar hacia arriba o hacia abajo, y si mostraban el pulgar hacia abajo, yo tenía que soltar el bebé dentro de una balde lleno de agua que estaba en el suelo. Nunca llegué a soltar al bebé porque siempre me despertaba en ese momento.


El doctor Hill, eventualmente, despertó a la realidad de lo que estaba haciendo. Otros también lo han hecho. Si es verdad que las pesadillas de los médicos abortistas y otros síntomas resultan de su trabajo, como lo sugieren las evidencias, habrá muchos otros médicos abortistas que serán llevados por sus sueños a escuchar la voz de sus conciencias y dejarán de ayudar en la matanza de los no nacidos.

Rachel MacNair (Touchstone Magazine, Aciprensa)
Publicado en formato 1.0 en julio de 2008

La autora es directora del Institute for Integrated Social Analysis en Kansas City, brazo investigativo de la organización Consistent Life (http://www.consistent-life.org), y es autora de Perpetration-Induced Traumatic Stress: The Psychological Consequences of Killing (Praeger, 2002), una obra que examina grupos involucrados en matar, incluyendo veteranos de guerra y verdugos.

martes, 1 de julio de 2008

El Lunik III y la Existencia de Dios

El sacerdote jesuita Jorge Loring, autor de difundidos textos tanto teológicos como dirigidos al público en general, ha brindado a lo largo de los años distintas conferencias acerca del vínculo estrecho entre la ciencia y la Fe. Entre otras, el sacerdote nos deslumbraba, allá por 1959, con lo que ocurría con la sonda soviética Lunik III, la primera que logró fotografiar la cara oculta de la Luna.


«El tema de la conferencia de hoy me lo ha sugerido ese hecho portentoso que ha dejado boquiabierto al mundo entero. Hace un mes que todos los periódicos del mundo no han dejado de hablar de él. Me refiero al Lunik III soviético.

No tengo dificultad en afirmar que jamás en la historia de la Humanidad ha conseguido el hombre una conquista más grande que ésta. Hasta ahora todas las conquistas del hombre se habían limitado a nuestro planeta, la Tierra.

Nadie todavía había conquistado nada fuera de nuestro planeta. Hoy hemos llegado a la Luna. Desde luego, jamás en la historia de la Humanidad se había llegado tan lejos.

Ante esta proeza hay dos actitudes.

Una, la del poeta italiano Salvatore Quasimodo, a quien han concedido el premio Nobel de Literatura este año 1959. Cuando los rusos pusieron en órbita el primer Sputnik hizo una poesía en la cual decía que el hombre estaba haciendo la competencia a Dios en el dominio del espacio.

Naturalmente esto es una blasfemia, y el periódico L'Osservatore Romano, periódico de la Santa Sede, no tuvo más remedio que censurar esta expresión desorbitada. Ni significa esta conquista del espacio que el hombre pueda hacerle la competencia a Dios, ni tampoco hay que asustarse, como me decía uno de vosotros.

-Padre, esto parece que es un contra-Dios...
-No. No es un contra-Dios. Dios nos ha dado la inteligencia para que la explotemos. Y todas las conquistas que la técnica consiga por la inteligencia del hombre para el progreso, son queridas por Dios. Y en los planes de Dios está el que según la inteligencia del hombre vaya conociendo la Naturaleza y vaya explotando sus fuerzas, la técnica vaya avanzando y las conquistas del hombre se vayan extendiendo.

No es un contra-Dios. Pero hay que poner las cosas en su sitio. No caer en el extremo de Salvatore Quasimodo creyendo que el hombre puede enfrentarse con Dios, o lo del filósofo alemán Nietzsche del superhombre, del endiosamiento del hombre.
Ni endiosarse, ni asustarse. En su sitio: el hombre, gracias a Dios, tiene una inteligencia que la puede explotar en servicio de la Humanidad para dominar la materia que Dios creó al servicio del hombre.


Pues una vez centrado el tema, la conferencia tiene este enfoque:

Primero os voy a exponer cuáles son las dificultades, cuáles han sido los problemas que han tenido que resolver los científicos para llegar a la Luna.
Después os sacaré unas consecuencias.

Primero quiero deciros que hay una notable diferencia entre el Lunik II y el Lunik III.
El problema del Lunik II fue un problema de puntería, fundamentalmente. Es el problema del cazador que apunta delante de su pieza para que después los perdigones coincidan con ella. El problema del Lunik II era un problema de puntería. Saber a qué distancia está la Luna, saber a qué velocidad va el proyectil, saber a qué velocidad va la Luna respecto de la Tierra, y saber a qué distancia delante hay que apuntar para que cuando llegue el proyectil coincida con la Luna y haga blanco.

El Lunik III es totalmente distinto. Es mucho más complicado. Aunque algunos problemas son similares.

Por ejemplo: el primer problema es escapar de la Tierra. Todos sabéis que la Tierra atrae. Hay una fuerza de gravedad que atrae las cosas. Tú tiras una piedra y cuando pierde el impulso que le has dado, la piedra cae a tierra. Para escapar del campo gravitatorio de la Tierra se necesita una velocidad de 40 mil kilómetros por hora.

Primer triunfo: haber logrado un proyectil que va a 40 mil km por hora. Tened en cuenta que el récord mundial de velocidad en avión es hoy de 6 mil km por hora, conseguido por el avión-cohete norteamericano X-l5. La velocidad del Lunik III fue casi diez veces superior.


El segundo problema era de puntería. Había que tener cuidado de que no cayera demasiado cerca de la Luna, porque entonces la Luna lo atraería y se estrellaría contra ella, como el Lunik II.

El Lunik III debía darle la vuelta por detrás y sacarnos las fotografías posteriores de la Luna que es lo que todos ansiábamos. Porque jamás, desde que el hombre habita la Tierra, nadie había visto la Luna por detrás.

Os voy a explicar, brevemente, por qué nadie había visto la Luna por detrás. La Luna tiene 2 movimientos: uno de traslación alrededor de la Tierra, y otro de rotación sobre su eje.
Si la Luna no tuviera movimiento de rotación sobre su eje, la veríamos por todas partes. Estos hombres ven esta parte, Y después se la ve por aquí; y a la Luna se la vería por todas partes.
Pero como, además de este movimiento de traslación, tiene un movimiento de rotación sobre su eje, que tiene el mismo período que el movimiento de traslación, al mismo tiempo que da una vuelta alrededor de la Tierra, da una vuelta alrededor de su eje. Resultado: siempre nos enseña la misma cara.

Por eso nadie sabía cómo era la Luna por detrás. Para conocer la Luna por detrás había que llegar hasta la Luna, rebasarla y fotografiarla por detrás. Y eso es lo que ha hecho el Lunik III.

Como veis, esto ha sido una proeza de la técnica que ha dejado boquiabierto al mundo entero. Ahora voy a hacer una comparación.
Después sacaré la consecuencia.

Primero.
El Lunik pesa una tonelada y media.
La Tierra pesa 6.000 trillones de toneladas. ¡6.000 trillones de toneladas! Un 6 por 10 elevado a 21. Un 6 con 21 ceros. ¡Seis mil trillones de toneladas!

Antes de seguir adelante quiero hacer una advertencia.
Os voy a dar -os he dado números- y os voy a dar muchos más.
No creáis que estoy dando números al tuntún. Me los he aprendido de memoria. He estudiado. Porque me gusta ser exacto y antes de decir una cosa la estudio para estar cierto de lo que digo.
Y si alguno duda, se lo puedo demostrar. Porque he traído aquí los libros de Astronomía. Como digo, son números tremendos. Pero estoy dispuesto a enseñaros la exactitud de los números que digo.

Segundo.
Os he hablado de pesos. Vamos a pasar a velocidades.
Es una proeza que el Lunik haya salido de la Tierra a 40.000 km. por hora. Es una proeza. No cabe duda. Pues la Tierra va alrededor del Sol a 100.000 km. por hora. Y como los kilómetros por hora es una medida muy pequeña para medir velocidades en el espacio, resulta que tenemos que medir en kilómetros por segundo.

El Lunik salió a 11 km por segundo. La Tierra va a 30 km por segundo. La estrella Arturo, de la constelación del Boyero, va a 400 km por segundo. Se han calculado estrellas que van a la velocidad de 145.000 km por segundo. ¡145.000 km por segundo! Esto es velocidad. Ahora el Lunik resulta lento con sus 11 km por segundo.

Tercero.
Nos quedamos boquiabiertos, y con razón, de pensar que un proyectil fabricado por el hombre ha sido lanzado a 400.000 kilómetros de distancia. Es lógico. Exactamente son 384.000 kilómetros. Pues vamos a ver distancias en el firmamento. La Tierra está a 150 millones de kilómetros del Sol. Plutón, el último de los planetas, está a 6,000 millones de kilómetros del Sol. Esto sin salir del sistema solar.

Vamos a salir, y vamos a buscar una estrella. La estrella más bonita del firmamento: Sirio. Esa estrella que parece un brillante, que cambia de color, unas irisaciones preciosas. Pues esa preciosidad del firmamento, Sirio, está a billones de kilómetros. No millones, sino billones. Millones de millones. ¡80 billones de kilómetros!

Y no es la más cercana de las que vemos. La más cercana a la Tierra es Alfa de Centauro, que está a cuatro años luz, pero no se ve desde nuestro hemisferio. Y cuando sales del sistema solar no puedes medir en kilómetros porque te faltaría sitio en el papel para poner ceros. Hay que medir en años de luz. ¡Fijaos en la medida!

La luz recorre en un segundo 300.000 kilómetros. Pues lo que la luz, a 300.000 kilómetros por segundo, recorre en un año, ésa es la medida para las distancia en el firmamento.
Y con esa medida de años de luz, a Sirio, que está a 80 billones de kilómetros, tardaría la luz 8 años en llegar.

Cada año de luz son 10 billones de kilómetros. Pues Betelgeuse, esa estrella de la constelación de Orión, que se ve por el sur en invierno, está a 200 años luz. A la velocidad de 300.000 kilómetros por segundo tardaría 200 años en llegar.

Estamos pensando en ir a la Luna.

Pero, ¿cuándo un hombre podrá llegar a la estrella Betelgeuse si a la velocidad tope, según Einstein, de la velocidad de la luz, se tardarían 200 años en llegar. iQué pequeño es el hombre! ¡Qué absurdo que Salvatore Quasimodo haya querido enfrentar el hombre con Dios! ¡Qué absurdo! ¡Qué pequeño el hombre, aunque haya llegado a la Luna! ¡Qué grande, porque ha llegado a la Luna! Pero, ¡qué pequeño si lo comparas con Dios! Por mucho que quisiera un hombre jamás podría llegar a la estrella Betelgeuse. A la velocidad de la luz, ¡doscientos años de viaje! ¡Imposible!

Por eso digo que cuando uno empieza a estudiar un poco y conoce estas grandezas de la Creación, se siente uno empequeñecido. Si nos hemos quedado boquiabiertos ante la proeza del Lunik III, nos quedamos anonadados ante la grandeza de la sabiduría, del poder y de la técnica de ese Ser, que llamamos Dios, que hizo esta máquina con tamaños inconmensurables, con velocidades increíbles, con distancias inconcebibles, y que se mueve con precisión matemática.

Voy a terminar con este acontecimiento que todos habéis leído en el periódico hace poco: el eclipse de Sol del mes pasado. Aquí, en Cádiz, apenas si nos dimos cuenta. Pero en Canarias, a las once de la mañana, se hizo de noche. Los coches encendieron los faros. Y, según me ha dicho uno que venía de Canarias, los pajarillos se iban a dormir: ¡porque se hizo de noche!


Y, ¿por qué se reunieron allí aquellos científicos norteamericanos, alemanes, holandeses, italianos, franceses, españoles...? ¿Por qué fueron allí? Porque ellos sabían perfectamente qué día, a qué hora, y desde qué sitio sería visible el eclipse solar, cuanto va a durar, etc. Por cierto que me traje un periódico y me lo ha dejado en mi despacho. Os quería haber enseñado un periódico de Canarias con fotografías del eclipse.

Allí dice que los científicos, se reunieron en Fuerteventura, porque allí era desde donde se iba a ver mejor; pero resulta que una nube estorbó la visión del eclipse y desde donde se vio mejor fue desde Gran Canaria. A esto voy: la precisión de la máquina del Universo.
Cómo todos los científicos sabían dónde tenían que ir para verlo bien, qué día y a qué hora; allí estaban todos, con todos sus aparatos para fotografiar el eclipse. No fueron a Alaska ni a Australia. Fueron a Canarias.

¿Por qué? Porque esta máquina maravillosa del Universo se mueve con una precisión matemática. Esto requiere una técnica y un poder infinitamente más grande que el poder y la técnica que haya supuesto el Lunik III.


Por esto os decía al empezar: el Lunik III soviético el último argumento de la existencia de Dios. Porque si reconocemos el mérito de la técnica que ha logrado esta proeza de llegar a la Luna, con mucha más razón debemos caer de rodillas, adorando y admirando la grandeza, el poder, la sabiduría y la técnica de ese Dios que ha creado esta máquina gigantesca, perfectísima y matemática que llamamos Universo.
Hasta otro día.»
Publicado en formato 1.0 en julio de 2008

El Galicanismo

Se ha brindado el nombre de galicanismo a un grupo de tendencias surgidas hacia el siglo XVI, promovidas en cierto modo por el clero francés con el apoyo de la monarquía reinante.

Algunos historiadores sugieren que el galicanismo ha sido una herejía, pero acaso el verdadero papel de este movimiento fue el de restringir el poder y las prerrogativas de la Santa Sede frente al poder del Estado, algo análogo a lo ocurrido con el cisma protestante. Se considera que su antecedente más directo se remonta al enfrentamiento entre el Papa Bonifacio VIII (1294-1303) y el rey francés Felipe el Hermoso (1286-1314), fruto de los impuestos exigidos por el monarca al clero, sin contar con permiso pontificio. Esta actitud le valió al rey una bula de excomunión en su contra denominada Unam Sanctam, según la cual se reafirmaba la supremacía del poder espiritual por sobre el temporal.

Otro eslabón de esta historia fue la difusión de la idea que las decisiones de los concilios tenían prioridad en desmedro del Pontífice, como así también las que consideraban que, en materia jurisdiccional, los Obispos y el clero en general tenían dicha facultad por haber sido otorgada directamente de Dios, sin necesidad de intervención alguna del Papado.

La crisis inmediata surgió en 1682 con la promulgación de la ‘Declaración del Clero Galicano’ (París, 1682), que sostenía entre sus argumentos:

- La independencia de reyes y príncipes de la autoridad eclesiástica en materias temporales

- La subordinación papal a los concilios

- La imposibilidad de modificar las reglas del clero francés por la Santa Sede

- El concepto de que el juicio del Papa tiene valor en materias de Fe, pero para su promulgación se requiere siempre de la necesaria aceptación de la Iglesia entera.

Esta declaración fue condenada sucesivamente por Inocencio X (1682) y Alejandro VIII (1690). Finalmente, durante las sesiones llevadas a cabo en el Concilio Ecuménico Vaticano I (1869-1870), el galicanismo recibió un duro golpe al ser definida dogmáticamente la doctrina de la ‘Infalibilidad del Romano Pontífice’, siendo nuevamente censuradas sus doctrinas.

Lamentablemente, el espíritu galicano aflora, de tanto en tanto, en algunos sectores disidentes de la Santa Iglesia Católica, tema que excede el contenido de este ensayo.

domingo, 1 de junio de 2008

¿Quién es la tal Fátima?

(1) Para saber

Al empezar mayo, el Santo Padre fue invitado a la Basílica de Santa María la Mayor para dirigir el rezo del Santo Rosario. El Papa aceptó con gusto, diciéndoles que desde su infancia ha vivido esa costumbre: “En efecto, en la experiencia de mi generación, las tardes de mayo evocan dulces recuerdos relacionados con las citas vespertinas para rendir homenaje a la Virgen. ¿Cómo olvidar la oración del Rosario en la parroquia, en los patios de las casas o en las calles de las aldeas?”

Afirmó el Papa que el rezo del Rosario no se puede considerar una práctica del pasado, al contrario, “el rosario está experimentando una nueva primavera”.



(2) Para pensar

El Papa invitó a acudir a María para que nos ayude a acoger en nosotros la gracia de Dios y que, a través de nosotros, pueda difundirse en la sociedad a fin de purificarla de las numerosas fuerzas negativas.

Podemos recordar cómo esa protección de la Santísima Virgen María se manifestó de modo notable la tarde del día 13 de mayo de 1981 cuando el Papa Juan Pablo II sufrió un atentado a manos de un asesino profesional. Su nombre es Ali Agca y es turco. Poco antes había escapado de una cárcel de seguridad en la que estaba porque había matado a un famoso periodista.

Poco después del atentado, lo visitó el Cardenal Vicario de Roma, Ugo Poletti. Ali Agca le preguntó: “¿Quién es esa Fátima que dicen que ha salvado el Papa?, porque yo sé disparar y tiré a matar”.

Y es que el día del atentado era aniversario del 13 de mayo de 1917 cuando la Virgen María se apareció en Fátima a tres pastorcillos. La Iglesia recuerda cada año su mensaje en que nos propone rezar el Santo Rosario y ofrecer sacrificios por la conversión de los pecadores.

Juan Pablo II mencionó poco después: “Una mano disparó y otra desvió la bala”. Se refería a la protección de la Virgen María. Y como agradecimiento, cuando se cumplió un año del atentado, el Papa Juan Pablo II puso la misma bala en la Corona de la Virgen en la misma ciudad de Fátima.

Nos dice el papa Benedicto XVI que cuando se reza el Santo Rosario de modo auténtico, no mecánico y superficial sino profundo, trae paz y reconciliación. Encierra en sí la fuerza sanadora del Nombre Santísimo de Jesús, invocado con fe y con amor en el centro de cada avemaría.



(3) Para vivir

En una ocasión, un Papa anterior, el beato Juan XXIII, hablando con unas personas, éstas se excusaban de no rezar el Santo Rosario porque se les hacía monótono. Entonces les dijo: “Pues el peor Rosario es el que no se reza”.

Algo semejante escribió San Josemaría en su libro Santo Rosario ante quienes se excusaban de no rezarlo porque era decir siempre lo mismo: “¿Siempre lo mismo? ¿Y no se dicen siempre lo mismo los que se aman?... ¿Acaso no habrá monotonía en tu Rosario, porque en lugar de pronunciar palabras como hombre, emites sonidos como animal, estando tu pensamiento muy lejos de Dios?”

Por último, el Papa nos pide que cuando recemos el Santo Rosario lo tengamos presente, así como la paz en el mundo y la unidad de los cristianos.
Padre José Martínez Colín (España)
Publicado en versión 1.0 en junio de 2008

Un Dinosaurio Momificado


De acuerdo con la noticia publicada por la agencia Associated Press en marzo de 2008, el cuerpo completado y momificado de un dinosaurio está siendo desenterrado con extrema precisión desde 2004 en los Estados Unidos.

Se trata probablemente de los restos de un edmontosaurio, en realidad identificado ya en 1999, según lo que describe uno de los paleontólogos a cargo, Phillip Manning.

En función del relato de los investigadores, no se trataría del primer caso de estas características. No obstante, no dejan de sorprenderse debido al notable estado de conservación de la pieza, aún semienterrada en la antigua roca de una región desértica de Dakota del Norte. En función del uso de tecnología portátil con rayos X, se estima que la longitud del ejemplar completo es de alrededor de nueve metros.

«Puede tratarse quizás de la mejor de las momias, ya que la calidad y la extensión de la piel que encontramos supera a la de otros casos», acotó Stephen Begin, otro miembro del proyecto.

Como hemos mencionado en otros ensayos, el proceso de momificación implica la preservación natural de los tejidos, por acción de un medio ambiente que le permite a un mismo tiempo perder humedad, siempre y cuando los organismos carroñeros no lo consuman antes. Según los científicos a cargo de este fascinante proyecto, el dinosaurio (al que llamaron Dakota), debió haber muerto en forma abrupta y, simultáneamente, ser sepultado por la roca; de esta manera, «el proceso de putrefacción fue evitado por la fosilización, preservándose la mayor parte de los tejidos blandos», en palabras de Manning. «No se trata de la frase interrumpida o de los fragmentos de una palabra que el registro fósil nos brinda en general de las formas de vida antigua. Esto es un capítulo completo.»


La roca que atrapó a Dakota al momento de su muerte, según los métodos de datación radiométrica, tendría unos 65 millones de años de edad. Además de la imposibilidad de ser objetivos con este método, nos topamos con la consistente realidad del hallazgo de una momia con conservación de tejidos blandos, al igual que ha ocurrido con un T.rex con anterioridad.
¿Cabe acaso plantearse que nuestros conceptos sobre el proceso de momificación son erróneos? O, por el contrario, ¿estamos en un error al considerar la antigüedad de seres que, llamativamente, se encuentran tan bien preservados como nuestras recientes y milenarias momias incaicas?
Publicado en formato 1.0 en junio de 2008

La Realidad del Infierno (tercero de 3 artículos)



Continuando con este tema tan olvidado como candente, reproducimos en esta edición algunos fragmentos de la biografía de Santa Faustina realizada por la religiosa Sophia Michalenko. Entre otras visiones que la Santa recibió por permisión divina, nos describió estos párrafos acerca del infierno como realidad indudable y contundente.

«Durante un retiro de ocho días en octubre de 1936, se le mostró a Sor Faustina el abismo del infierno con sus varios tormentos, y por pedido de Jesús ella dejó una descripción de lo que se le permitió ver: "Hoy día fui llevada por un Ángel al abismo del infierno. Es un sitio de gran tormento. ¡Cuán terriblemente grande y, extenso es! Las clases de torturas que vi:

La primera es la privación de Dios;

la segunda es el perpetuo remordimiento de conciencia;

la tercera es que la condición de uno nunca cambiará;

la cuarta es el fuego que penetra en el alma sin destruirla -un sufrimiento terrible, ya que es puramente fuego espiritual-, prendido por la ira de Dios.

La quinta es una oscuridad continua y un olor sofocante terrible. A pesar de la oscuridad, las almas de los condenados se ven entre ellos;

la sexta es la compañía constante de Satanás;

la séptima es una angustia horrible, odio a Dios, palabras indecentes y blasfemia.

Estos son los tormentos que sufren los condenados, pero no es el fin de los sufrimientos. Existen tormentos especiales destinados para almas en particular. Estos son los tormentos de los sentidos. Cada alma pasa por sufrimientos terribles e indescriptibles, relacionado con el tipo de pecado que ha cometido.

Existen cavernas y fosas de tortura donde cada forma de agonía difiere de la otra. Yo hubiera fallecido a cada vista de las torturas si la Omnipotencia de Dios no me hubiera sostenido. Estoy escribiendo esto por orden de Dios, para que ninguna alma encuentre una excusa diciendo que no existe el infierno, o que nadie a estado ahí y por lo tanto, nadie puede describirlo."El Señor fue preparando de esta forma el corazón de Santa Faustina para que por medio de su intercesión se salvaran muchas almas.»

Cuadragésimo Aniversario de la Encíclica Humanae Vitae

El diez de mayo de 2008, el papa Benedicto XVI recordó la notable actualidad de la encíclica Humanae vitae de Pablo VI al cumplirse su cuadragésimo aniversario. Ofrecemos para ustedes el texto oficial traducido del original italiano por la Librería Editrice Vaticana:

Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; queridos hermanos y hermanas:

Con gran placer os acojo al final de los trabajos, en los que habéis reflexionado sobre un problema antiguo y siempre nuevo como es el de la responsabilidad y el respeto al surgir de la vida humana. Saludo en particular a Monseñor Rino Fisichella, rector magnífico de la Pontificia Universidad Lateranense, que ha organizado este Congreso internacional, y le agradezco las palabras de saludo que me ha dirigido.
Mi saludo se extiende a todos los ilustres relatores, profesores y participantes, que con su contribución han enriquecido estas jornadas de intenso trabajo. Vuestra aportación se inserta eficazmente en la producción más amplia que, a lo largo de los decenios, ha ido aumentando sobre este tema controvertido y, a pesar de ello, tan decisivo para el futuro de la humanidad.

El Concilio Vaticano II, en la constitución Gaudium et spes, ya se dirigía a los hombres de ciencia invitándolos a aunar sus esfuerzos para alcanzar la unidad del saber y una certeza consolidada acerca de las condiciones que pueden favorecer «una honesta ordenación de la procreación humana» (n. 52). Mi predecesor, de venerada memoria, el siervo de Dios Pablo VI, el 25 de julio de 1968, publicó la carta encíclica Humanae vitae. Ese documento se convirtió muy pronto en signo de contradicción.

Elaborado a la luz de una decisión sufrida, constituye un significativo gesto de valentía al reafirmar la continuidad de la doctrina y de la tradición de la Iglesia. Ese texto, a menudo mal entendido y tergiversado, suscitó un gran debate, entre otras razones, porque se situó en los inicios de una profunda contestación que marcó la vida de generaciones enteras. Cuarenta años después de su publicación, esa doctrina no sólo sigue manifestando su verdad; también revela la clarividencia con la que se afrontó el problema.

De hecho, el amor conyugal se describe dentro de un proceso global que no se detiene en la división entre alma y cuerpo ni depende sólo del sentimiento, a menudo fugaz y precario, sino que implica la unidad de la persona y la total participación de los esposos que, en la acogida recíproca, se entregan a sí mismos en una promesa de amor fiel y exclusivo que brota de una genuina opción de libertad. ¿Cómo podría ese amor permanecer cerrado al don de la vida? La vida es siempre un don inestimable; cada vez que surge, percibimos la potencia de la acción creadora de Dios, que se fía del hombre y, de este modo, lo llama a construir el futuro con la fuerza de la esperanza.

El Magisterio de la Iglesia no puede menos de reflexionar siempre profundamente sobre los principios fundamentales que conciernen al matrimonio y a la procreación. Lo que era verdad ayer, sigue siéndolo también hoy. La verdad expresada en la Humanae vitae no cambia; más aún, precisamente a la luz de los nuevos descubrimientos científicos, su doctrina se hace más actual e impulsa a reflexionar sobre el valor intrínseco que posee.

La palabra clave para entrar con coherencia en sus contenidos sigue siendo el amor. Como escribí en mi primera encíclica, Deus caritas est: “El hombre es realmente él mismo cuando cuerpo y alma forman una unidad íntima; (...) ni el cuerpo ni el espíritu aman por sí solos: es el hombre, la persona, la que ama como criatura unitaria, de la cual forman parte el cuerpo y el alma" (n. 5). Si se elimina esta unidad, se pierde el valor de la persona y se cae en el grave peligro de considerar el cuerpo como un objeto que se puede comprar o vender (cf. ib.).

En una cultura marcada por el predominio del tener sobre el ser, la vida humana corre el peligro de perder su valor. Si el ejercicio de la sexualidad se transforma en una droga que quiere someter al otro a los propios deseos e intereses, sin respetar los tiempos de la persona amada, entonces lo que se debe defender ya no es sólo el verdadero concepto del amor, sino en primer lugar la dignidad de la persona misma. Como creyentes, no podríamos permitir nunca que el dominio de la técnica infecte la calidad del amor y el carácter sagrado de la vida.

No por casualidad Jesús, hablando del amor humano, se remite a lo que realizó Dios al inicio de la creación (cf. Mt 19, 4-6). Su enseñanza se refiere a un acto gratuito con el cual el Creador no sólo quiso expresar la riqueza de su amor, que se abre entregándose a todos, sino también presentar un modelo según el cual debe actuar la humanidad. Con la fecundidad del amor conyugal el hombre y la mujer participan en el acto creador del Padre y ponen de manifiesto que en el origen de su vida matrimonial hay un "sí" genuino que se pronuncia y se vive realmente en la reciprocidad, permaneciendo siempre abierto a la vida.

Esta palabra del Señor sigue conservando siempre su profunda verdad y no puede ser eliminada por las diversas teorías que a lo largo de los años se han sucedido, a veces incluso contradiciéndose entre sí. La ley natural, que está en la base del reconocimiento de la verdadera igualdad entre personas y pueblos, debe reconocerse como la fuente en la que se ha de inspirar también la relación entre los esposos en su responsabilidad al engendrar nuevos hijos. La transmisión de la vida está inscrita en la naturaleza, y sus leyes siguen siendo norma no escrita a la que todos deben remitirse. Cualquier intento de apartar la mirada de este principio queda estéril y no produce fruto.

Es urgente redescubrir una alianza que siempre ha sido fecunda, cuando se la ha respetado. En esa alianza ocupan el primer plano la razón y el amor. Un maestro tan agudo como Guillermo de Saint Thierry escribió palabras que siguen siendo profundamente válidas también para nuestro tiempo: «Si la razón instruye al amor, y el amor ilumina la razón; si la razón se convierte en amor y el amor se mantiene dentro de los confines de la razón, entonces ambos pueden hacer algo grande» (Naturaleza y grandeza del amor, 21, 8).

¿Qué significa ese «algo grande» que se puede conseguir? Es el surgir de la responsabilidad ante la vida, que hace fecundo el don que cada uno hace de sí al otro. Es fruto de un amor que sabe pensar y escoger con plena libertad, sin dejarse condicionar excesivamente por el posible sacrificio que requiere. De aquí brota el milagro de la vida que los padres experimentan en sí mismos, verificando que lo que se realiza en ellos y a través de ellos es algo extraordinario. Ninguna técnica mecánica puede sustituir el acto de amor que dos esposos se intercambian como signo de un misterio más grande, en el que son protagonistas y partícipes de la creación.

Por desgracia, se asiste cada vez con mayor frecuencia a sucesos tristes que implican a los adolescentes, cuyas reacciones manifiestan un conocimiento incorrecto del misterio de la vida y de las peligrosas implicaciones de sus actos. La urgencia formativa, a la que a menudo me refiero, concierne de manera muy especial al tema de la vida. Deseo verdaderamente que se preste una atención muy particular sobre todo a los jóvenes, para que aprendan el auténtico sentido del amor y se preparen para él con una adecuada educación en lo que atañe a la sexualidad, sin dejarse engañar por mensajes efímeros que impiden llegar a la esencia de la verdad que está en juego.

Proporcionar ilusiones falsas en el ámbito del amor o engañar sobre las genuinas responsabilidades que se deben asumir con el ejercicio de la propia sexualidad no hace honor a una sociedad que declara atenerse a los principios de libertad y democracia. La libertad debe conjugarse con la verdad, y la responsabilidad con la fuerza de la entrega al otro, incluso cuando implica sacrificio; sin estos componentes no crece la comunidad de los hombres y siempre está al acecho el peligro de encerrarse en un círculo de egoísmo asfixiante.

La doctrina contenida en la encíclica Humanae vitae no es fácil. Sin embargo, es conforme a la estructura fundamental mediante la cual la vida siempre ha sido transmitida desde la creación del mundo, respetando la naturaleza y de acuerdo con sus exigencias. El respeto por la vida humana y la salvaguarda de la dignidad de la persona nos exigen hacer lo posible para que llegue a todos la verdad genuina del amor conyugal responsable en la plena adhesión a la ley inscrita en el corazón de cada persona.

Con estos sentimientos, os imparto a todos la bendición apostólica.

jueves, 1 de mayo de 2008

La Datación Radiométrica


Existe un tema que ha generado un profundo debate en relación a comprender cual es la real antigüedad de piezas históricas y prehistóricas: la datación radiométrica. Esta técnica se basa en conocimientos físicos de Nucleónica y requiere ciertos conceptos (¿y preconceptos?) para su aplicación adecuada.

Intentaremos en este ensayo describir los lineamientos básicos de su fundamento y como la información surgida puede incluso ser manipulada de forma sorprendente.


Para comenzar, es importante que recordemos, en forma simplificada, la estructura del átomo, formado por una nube de electrones con carga negativa y un núcleo, conformado a su vez por 2 tipos de partículas:

- los protones, con carga eléctrica positiva, quienes determinan el "tipo" de átomo, llamado técnicamente elemento

- los neutrones, sin carga eléctrica, que contribuyen a la masa total del átomo.


Así, por ejemplo, la gran mayoría de los átomos de carbono presentes en la naturaleza tienen en su núcleo un total de 6 protones y de 6 neutrones. Como hemos relatado con anterioridad, el número de protones (también llamado número atómico) es el que determina de qué clase de elemento se trata. Siguiendo con nuestro caso, aclaramos que todos los átomos de carbono del universo tienen 6 protones en su núcleo, sin que importe el número de neutrones. Por lo tanto, cualquier circunstancia que modifique dicho número hará que el átomo deje de ser carbono para convertirse en otro elemento. Esto, que impresiona un fantasioso sueño de alquimistas, ocurre segundo a segundo en el Sol, en nuestra atmósfera y en los equipos de radioterapia de las instituciones de salud, por citar sólo algunas condiciones.


La suma del número de protones y de neutrones del núcleo de un átomo se llama número másico (antes conocido como peso atómico). Así, si resumimos nuestro ejemplo anterior tendremos:

- átomo: carbono

- número de protones = número atómico = 6

- número de neutrones = 6

- número de protones + número de neutrones = número másico = 12

Por eso, llamamos a este átomo "carbono 12" ó C12.



Carbono 12 (protones representados en azul, neutrones en rojo)




Sin embargo, un pequeño porcentaje de átomos de carbono presentes en la Creación se caracterizan por poseer en su núcleo un número mayor de neutrones que la inmensa mayoría de sus congéneres. Ocurre entonces la siguiente situación:

- átomo: carbono

- número de protones = número atómico = 6

- número de neutrones = 8

- número de protones + número de neutrones = número másico = 14

Por eso, llamamos a este átomo "carbono 14" ó C14.



Carbono 14 (protones representados en azul, neutrones en rojo)






Se sabe que aproximadamente el 99.6% de todos los átomos de carbono existen bajo la forma de C12. Esto sucede porque dicha configuración nuclear es estable, esto es, se preserva a lo largo de los siglos. Sin embargo, el C14 tiene la particularidad de ser un núcleo inestable (radioactivo). Esto significa que cada cierto tiempo más o menos conocido, existe la posibilidad de que algunos de sus neutrones, por una reacción física que libera energía, pierdan parte de su masa en forma de un electrón y se convierta en protones.


En consecuencia, a raíz de este proceso, tendremos que:


6 protones + 8 neutrones ------------------> 7 protones + 7 neutrones + liberación de energía (radiación)


Como comprenderemos, el átomo resultante ha dejado de ser carbono, ya que ahora tiene un número diferente de protones en su núcleo (de hecho, ha pasado a ser nitrógeno).

El lapso necesario para que se desintegren la mitad de los núcleos de una muestra inicial de una sustancia se llama período de semidesintegración o semivida. Se elige como referencia la mitad de ellos debido a que en realidad la desintegración es aleatoria. Para nuestro ejemplo del carbono 14, se ha calculado que ese lapso es de 5730 años. En términos prácticos, si tenemos 100 átomos de carbono 14 en una muestra, pasados 5730 años quedarán allí 50 átomos; transcurridos 11460 años tendremos 25 átomos; ocurridas 3 semividas (17190 años), permanecerán 12.5 átomos, y continuará la progresión.

Utilizando la fórmula así deducida, tendremos finalmente:



Donde:

- At es la actividad actual de la muestra

- Ao es la actividad INICIAL de átomos

- t es el tiempo transcurrido

- lambda es la constante de desintegración


Conocidos estos lineamientos, es comprensible que, merced a esa fórmula, pueda deducirse el tiempo de existencia de una muestra en función de su actividad actual, de conocer la semivida de la sustancia que medimos... y de la actividad inicial de la muestra.


Una de las rocas que ofrecen mejores posibilidades de aprovechar los métodos de datación radiométrica son aquellas que proceden de erupciones volcánicas, ya que son ricas en sustancias como la dacita; además, resultan un interesante modelo ya que, si utilizamos fragmentos tomados en tiempos históricos, conocemos con absoluta exactitud su fecha de origen, esto es, de solidificación.

En las rocas ígneas, se suele utilizar como par de isótopos al llamado "potasio-argón": los átomos de potasio 40 decaen por los fenómenos que explicamos a argón 40. El período de semidesintegración es del orden de los 1300 millones de años: un gramo de potasio 40, en ese lapso, dejará como resultado 0.5 gramos del citado elemento y otros 0.5 gramos de argón 40.

Existe un detalle elemental: la cantidad INICIAL de potasio 40 presente en la roca no se conoce, y, por lo tanto, esto valor se asume mediante "modelos teóricos" que se consideran estandarizados.

Acaso el ejemplo más difundido es el ocurrido cuando, en junio de 1992, se tomaron muestras procedentes de la erupción del volcán Santa Elena ocurrida en 1980. Las rocas ígneas tenían, por ende, 12 años comprobados de antigüedad. Los fragmentos fueron procesados de modo habitual y remitidos al reconocido laboratorio Geochron de Massachussetts para su análisis a simple ciega, esto es, sin informar su procedencia, sino sólo su naturaleza química y la "presunción teórica" de origen reciente.

Las cinco muestras separadas fueron informadas con estas características:

Muestra 1 (roca completa) --> Antigüedad 350 mil ± 50 mil años

Muestra 2 (feldespato) --> Antigüedad 340 mil ± 60 mil años

Muestra 3 (anfibola y otros compuestos) --> Antigüedad 900 mil ± 200 mil años

Muestra 4 (piroxeno y otros compuestos) --> Antigüedad 1.7 millones ± 300 mil años

Muestra 5 (ídem) --> Antigüedad 2.8 millones ± 600 mil años

Estos resultados revelan, en primer lugar, poca correlación entre las 5 muestras, tomadas en el mismo sitio y al mismo tiempo, y la falencia de la "presunción teórica" en cuanto al CONTENIDO INICIAL de isótopos en la muestra. Vale recordar que la totalidad de los ejemplares remitidos tenían sólo 12 años de formación. La cita del estudio completo es CEN Tech. J. 1996; 10(3); 335-343, no disponible para su lectura directa en Internet.

¿Acaso se trata de una falla en el par de isótopos elegidos? Resulta un planteo racional y claramente científico. Una buena respuesta es remitirnos al trabajo original que dató la antigüedad de nuestro planeta en aproximadamente 4 500 millones de años, el conocido ensayo de Clare Patterson publicado allá por 1956 en Geochimica et Cosmochimica Acta, el órgano oficial de la Geochemical Society de los Estados Unidos.


Patterson realizó su conocido análisis examinando el contenido de isótopos de plomo en rocas terrestres, en dos meteoritos de alto contenido en hierro y en una muestra de sedimento del fondo oceánico. Volcó sus resultados en un gráfico y formó lo que se denomina un isócrono, en forma análoga a las isobaras e isotermas de la meteorología. Mediante algunas conjeturas y extrapolaciones matemáticas, Patterson concluyó que la edad de la Tierra debía estar próxima a los 4 550 millones de años




Entre otras consideraciones, existe un error estadístico, por el hecho de utilizar una sola muestra de sedimento oceánico en lugar de las múltiples necesarias para minimizar el riesgo de error fruto de las variedades regionales. Paralelamente, geólogos de la misma talla (Hutchinson, Gale, Arden) realizaron muestreos parecidos con resultados completamente diferentes; de hecho al utilizar la misma línea de razonamiento de Patterson han llegado a la conclusión irracional de... ¡una edad negativa para la Tierra! (Nature 1972, 240; páginas 56-57)

Además, existe otra consideración que hasta aquí no hemos mencionado: la siniestra seguidilla de detonaciones nucleares provocadas por el hombre desde mediados de la década de 1940, incluyendo tanto las pruebas como el uso de armamento nuclear en la Segunda Guerra Mundial, han cambiado drásticamente el contenido de radioisótopos de la Tierra, lo cual hace imposible la medición (y menos aún la "presunción") del contenido de isótopos de una muestra dada.

En resumen, los métodos de datación resultan poco confiables para medir la antigüedad tanto de los fósiles como de las rocas inertes, por lo cual cualquier estimación de la edad de un objeto con esta técnica resulta por lo menos temeraria.


Publicado en formato 1.0 entre mayo y junio de 2008


El Cuento de la Carpintería

Recibí un bello cuento del que me parece podemos aprender mucho y que a continuación transcribo.

Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? ¡Hacía demasiado ruido! Y, además, se pasaba el tiempo golpeando.

El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.

Ante el ataque, el tornillo aceptó también su culpa, pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con todos los demás.

Y la lija estuvo de acuerdo: “Me voy, pero siempre y cuando sea echado fuera la cinta métrica, pues siempre se la pasa midiendo a todos los demás según su medida, como si fuera el único perfecto".

Otros acusaban al serrucho por lastimarles tanto. En fin, que en la carpintería era un caos. Todos se acusaban de diversos “defectos” al notarse tan diferentes unos de otros.


En eso entró el carpintero y todos se callaron. El buen hombre se puso el delantal e inició su trabajo. Primero tomó la cinta métrica y comenzó a medir unos tablones de madera y a marcarlos con un lápiz. Utilizó el serrucho para hacer las tablas precisas. Luego las unió con tornillos y se ayudó del martillo. Por último les dio un acabado perfecto y liso con la lija. Así fue que la tosca madera inicial se había convertido en una linda y útil mesa para comer. El carpintero entonces se fue a su casa con su familia.

Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo: "Señores, óiganme todos. Ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades, no con nuestros defectos. Eso es lo que nos hace muy valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos".

La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas, el serrucho permitía moldear la madera y observaron que el metro era preciso y exacto.

Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.



Lo mismo nos puede ocurrir. Al tratar de percibir los puntos fuertes de los demás, es cuando florecen los mejores logros humanos.

Es fácil encontrar defectos, cualquiera puede hacerlo, pero encontrar cualidades, eso es para los espíritus superiores que son capaces de inspirar todos los éxitos humanos.

Para terminar recordemos las palabras de la Sagrada Escritura que nos invita a vivir en unidad: “Hay diversidad de operaciones, pero uno mismo es el Dios, que obra todas las cosas en todos. Porque también todos nosotros hemos sido bautizados en un solo Espíritu, para constituir un solo cuerpo, y todos, ya judíos, ya gentiles, ya siervos, ya libres, hemos bebido del mismo Espíritu. De esta suerte, si padece un miembro, todos los miembros padecen con él; y si un miembro es honrado, todos los otros a una se gozan" (cfr. 1 Cor 12, 6. 13.26).



La Realidad del Infierno (segundo de 3 artículos)

Recordamos que, en la primera parte de esta colección de ensayos, hemos considerado el mea culpa que como católicos debemos realizar por hablar pobremente de la realidad del Infierno. Tentados por el propio demonio y arrastrados por los vientos del relativismo moral, negamos implícitamente una contundente verdad de nuestra Fe. A tal fin, seguimos adelante con nuestros artículos al respecto, en esta oportunidad repitiendo las aseveraciones de José Ureña Toledo, volcadas en un sitio español dedicado a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Algunos engaños básicos de Satanás en nuestros días

► Satanás no existe (se parte con frecuencia del falso principio de que los ángeles no existen). Así el enemigo puede actuar con muchísima más libertad. Están lamentablemente equivocados quienes piensan que tan sólo debe creerse lo que ha sido proclamado como dogma de Fe dentro de la Iglesia. Precisamente una verdad tan esencial como la Resurrección de Cristo, sin la cual nuestra fe cristiana perdería todo su valor, no ha sido jamás declarada como dogma de fe. Pero la razón ha sido que se trata de una verdad tan clara en la Sagrada Escritura, y que ningún teólogo de categoría se atrevió a negar, que no se ha considerado necesario hacer una declaración dogmática ex profeso. Pues bien: aunque no se trate ciertamente de algo tan importante, ocurre algo análogo con la existencia del diablo. La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, atendiendo al requerimiento de Pablo VI, se expresó así en junio de 1975: "Las afirmaciones sobre el diablo son asertos indiscutibles de la conciencia cristiana. Si bien la existencia de Satanás y de los demonios no ha sido nunca objeto de una declaración dogmática, es precisamente porque parece superflua, ya que tal creencia resulta obvia para la fe constante y universal de la Iglesia, basada sobre su principal fuente, la enseñanza de Cristo..."

Con anterioridad, en noviembre de 1972, el Cardenal Joseph Ratzinger, siguiendo la doctrina del mismo Papa, había negado el punto de vista de ciertos teólogos que no consideran al demonio como un ser personal: «se sale del marco de la enseñanza bíblica y eclesiástica todo aquel que rehúsa reconocer [esta entidad espiritual] como existente... o que la explica... como una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias... el demonio es el enemigo número uno, es el tentador por excelencia. sabemos que este ser oscuro y perturbador existe realmente y sigue actuando.» O sea, fuerzan el lenguaje de la Escritura y de la constante enseñanza de la Iglesia, hasta tergiversarlo y aún darle la vuelta, quienes únicamente pretenden ver en el demonio algo así como un personaje inventado por la mente del hombre, de modo más o menos espontáneo, y a quien éste señala como el responsable de todos sus males.
Hilando más fino, no pocos pseudoteólogos actuales enseñan que, cuando en la escritura se habla del demonio, no hay que atribuir a este término un significado literal, es decir, no debe entenderse que el diablo es un ser personal: sólo se trataría de representar el mal, incluidas nuestras bajas tendencias, como una persona de extraordinaria maldad. El Malo (el demonio) pasaría así a ser la simple representación simbólica del mal. Pero este concepto del diablo, interpretado como un mero símbolo, se opone frontalmente al Magisterio de la Iglesia. Basta con leer atentamente lo expresado en 1975 por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe y con anterioridad, en 1972, por el Cardenal Ratzinger.

El propio Pablo VI, cuando advirtió con su penetrante inteligencia que los errores teológicos de más nefastas consecuencias se habían introducido en el interior mismo de la Iglesia, pronunció estas graves palabras: «se diría que, a través de alguna grieta, ha entrado el humo de Satanás en el templo de Dios... ¿cómo ha ocurrido esto? Ha habido un poder perverso: el demonio» (29-VI-72).

En cuanto a Juan Pablo II, ya en 1986, dedicó una serie de catequesis sobre Satanás y los otros demonios, refiriéndose también a los Santos Ángeles (audiencias de julio y agosto). Recordemos que hoy abundan los teólogos que, cuando menos, ponen en duda la existencia de los ángeles (entiéndanse como seres espirituales dotados de entendimiento y voluntad). Pero cuestionar este punto de la doctrina cristiana no es algo inocente y falto de interés. Con extraordinaria agudeza, escribe Winklhofer: «Si quisiéramos librarnos de la existencia de los ángeles, se debería revisar radicalmente la misma Sagrada Escritura y con ella toda la historia de la Salvación» (Die welt der engel, ettal 1961, p. 144, nota 2; en Mysterium salutis, II, 2, p. 796). Naturalmente, si empezamos negando la existencia de los ángeles, deberíamos negar la existencia de Satanás y de los otros demonios (ángeles todos ellos); es más, también el origen mismo del mal en la Creación, incluyendo la tentación a nuestros primeros padres y su caída consecuente. Perdería su sentido el pecado original y la redención misma. ¿Y cómo explicar adecuadamente la finalidad del Sacramento del Bautismo? Por otra parte, ¿qué sentido tendría el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado por Pío IX?... etc. Atacar el aserto de la existencia de los ángeles sería sembrar el caos en la doctrina cristiana. Pero eso se da a menudo por obra de sedicentes teólogos más o menos irresponsables, inspirados seguramente por el padre de la mentira. Satanás sabe lo que se hace.

Muy consciente de ello, como es obvio, la Iglesia, basándose en la Sagrada Escritura, ha enseñado desde el comienzo la existencia de los ángeles como seres puramente espirituales, creados por Dios, en el símbolo niceno-constantinopolitano, doctrina que confirmó en el Concilio Lateranense IV (1215), cuya formulación recogió el Concilio Vaticano I: «[Dios] creó de la nada juntamente al principio del tiempo, a ambas clases de creaturas: las espirituales y las corporales, es decir, el mundo angélico y el mundo terrestre; y después, la creatura humana que, compuesta de espíritu y cuerpo, los abraza, en cierto modo, a los dos». (Concilio Vat. I, const. dogm. De Fide Catholica, ds 3.002). (texto citado por Juan Pablo II en su audiencia general del 6-VIII-1986). Ahora bien, el diablo o Satanás y los otros demonios no son más que los ángeles que se rebelaron contra Dios: «fueron creados buenos por Dios, pero se hicieron malos por su propia voluntad.» (Conc. Lateranense IV, año 1215). (cit. por el mismo Papa, Audiencia General 13-VIII-1986).

Para terminar este comentario, y con el fin de subrayar el carácter de engaño satánico que entraña el negar la existencia del demonio, atendamos a la autorizada enseñanza de Juan Pablo II: «El influjo del espíritu maligno puede 'ocultarse' de forma más profunda y eficaz: pasar inadvertido corresponde a sus 'intereses': la habilidad de Satanás en el mundo es la de inducir a los hombres a negar su existencia en nombre del racionalismo y de cualquier otro sistema de pensamiento que busca todas las escapatorias con tal de no admitir la obra del diablo.» (Audiencia General 13-VIII-86).


► A Dios no se le puede amar directamente en modo alguno: sólo se le puede amar en el hombre. Prácticamente: homo homini Deus (el hombre es el verdadero y único dios para el hombre).

► Es más fácil amar a Dios que amar al hombre, hasta el punto de que amar a Dios viene a ser una evasión para desentenderse de los hombres. ¡Cómo si amar a Dios verdaderamente no implicara amar lo que Dios ama: al hombre y al mismo Dios con entrega absoluta! De ese engaño se deriva que ni se ama realmente a Dios ni se ama al hombre.

► No es cierto que hay que amar a Dios sobre todo otro ser.

► Lo que importa sólo aquí en este mundo es el amor en sentido horizontalista, prescindiendo así de la fe y de la esperanza, que deben estar unidas al amor -contra la enseñanza diabólica- mientras vivimos en la tierra. Ciñéndonos ahora sólo a la fe y el amor: no importa la fe, sino el amor, olvidándose de que si no hay fe, no puede darse un amor sobrenatural y perfecto (1ra Tim 1,5). Satanás sugiere frecuentemente la fraternidad al estilo masónico, incitando a interpretar acomodaticiamente y de modo erróneo a San Pablo cuando éste sitúa al amor como la reina de las virtudes (porque es la virtud o el ejercicio que perdurará en la otra vida). Se quita así importancia al ateísmo, con tal de que se dé el imposible utópico de que haya auténtico amor sin fe en este mundo.

► Lo primero que hay que hacer con los pobres es "llenarles la barriga" (se suele preferir esta expresión en castellano), lo cual, en principio, parece de lo más realista y sensato. Pero ¿qué hay muchas veces detrás de esta insistencia? ¿se les llena de verdad el estómago y se les conforta y adoctrina también hablándoles de Dios, tema éste por cierto muy urgente?

► Hay que respetar las otras creencias y no predicar a Cristo. Hablar de Cristo sería una imposición. Pero ¿es faltar el respeto a otros creyentes equivocados o insuficientemente informados exponerles la verdad plena? No nos extrañemos de la decadencia del impulso misionero en muchas partes del mundo.

► No comprender que hemos de sufrir en la tierra para santificarnos, a imitación de Jesucristo, envolviendo este radical rechazo al dolor bajo frases tan bonitas como que la Resurrección es más importante que la Pasión, sin caer en la cuenta de que para que haya Resurrección hay que pasar por la Pasión. ¡Satanás nos ciega fácilmente con el hedonismo!

► Mantener una actitud hipercrítica ante los casos de apariciones marianas o de Jesús, negándolas prácticamente todas "a priori", so capa de prudencia. Lo que decimos de las apariciones es aplicable igualmente a los milagros. Con ello se niega en la práctica la Resurrección, porque de este modo se opone uno a la convicción de que Jesús sigue vivo, así como su Santa Madre, y, por tanto, ambos pueden manifestarse como seres libres y sabios que son, de acuerdo con las necesidades y contingencias que van presentándose en la historia del hombre.

► La eficacia de la evangelización, del apostolado, etc. depende sobre todo de nuestras programaciones humanas y de nuestra actividad (en realidad, activismo en muchos casos). Se prescinde así de la vida interior, fuente de la exterior, con lo que ésta última se vuelve ineficaz, estéril y complicada.

► El Infierno no existe y, si existe, "en él no hay nadie" (sic, como si fuera un lugar físico), afirmación esta equivalente en la práctica a la anterior. El hombre se confía así y no teme al estado en que ciertamente puede caer por sus pecados. Este aserto viene unido a la consideración, parcialmente hecha, de que Dios es amor o, dicho de otro modo, misericordia, olvidándose de que en él misericordia y justicia son la misma cosa, como ocurre con todos lo demás atributos divinos, aparte de que es el mismo hombre quien elige el camino que conduce a su perdición. La existencia del infierno, como un castigo eterno para los condenados, así como la de un premio igualmente eterno para los justos o elegidos, es un dogma de fe definido solemnemente por el Magisterio de la Iglesia en el Concilio Lateranense IV (1215): «Jesucristo... ha de venir al fin del mundo, para juzgar a los vivos y a los muertos, y dar a cada uno según sus obras, tanto a los réprobos (o condenados) como a los elegidos (o justos): todos los cuales resucitarán con sus propios cuerpos que ahora tienen, para recibir según sus obras –buenas o malas–: aquéllos, con el diablo, castigo eterno; y éstos, con Cristo, gloria sempiterna» (De Fide Catholica, cap. 1).

► Pensar que todo lo nuevo, por el hecho de ser nuevo, es siempre lo mejor y que negar este principio, presupuesto como una especie de axioma, es merecer los más humillantes calificativos. De este modo, Satanás nos mantiene preparados para aceptar todos los nuevos errores (a menudo sólo errores resucitados de viejos tiempos) que él va sembrando o proponiendo. Con este fin ha potenciado el valor supuestamente positivo de todo término y toda actitud que impliquen innovación, así como el negativo de todo lo que implique volverse a los valores del pasado. Pero imponer o proponer, como dicotomía básica, lo moderno / lo antiguo es superficial, acrítico y fundamentalmente necio. Previo a ello es distinguir lo verdadero de lo falso, lo justo de lo injusto, lo conveniente de lo nocivo, etc.

► Tendencia "materializante" y franco materialismo. como ya enseñaba Nietzsche, orientado por Satanás, lo espiritual no se ve porque no existe.

► Descuido de la oración, incluso entre las almas consagradas, como ineficaz. Se sustituye por el activismo, las lecturas de libros perniciosos (frecuentemente heréticos), la televisión, periódicos innecesarios, etc.

► Superficialidad frente a la reflexión profunda. La verdad es que hoy tendemos a ahogarnos en un océano de palabras y de imágenes; pero faltan personas de reflexión profunda y que a la vez sepan sintetizar su pensamiento.

► Relativismo total y desenfrenado. Cada cual tendría "su" verdad, no existiría ninguna verdad universal y absolutamente válida en ningún sentido. ¡Buena preparación para no ponerse de acuerdo en el diálogo y para combatir la Verdad revelada!

► Con el pretexto de que la realidad en general evoluciona constantemente (?), ataque a principios fundamentales y a la misma enseñanza de Dios y su Iglesia -cambiarlo todo a troche y a moche, caóticamente, secundando a Satanás.

► Ecuación o, si se prefiere, igualdad: progreso = mayor libertad, "no sólo para hacer el bien, sino también el mal" (como supo ver y expresar Pablo VI ya en su tiempo). Así se considera lícito y moral prácticamente todo: anarquía, libertinaje, licencia...

► Arruinar ciertas palabras, como la de "pecado", considerando que representan conceptos anticuados y hasta ridículos. Igualmente se hace con diversos puntos de vista verdaderamente sabios y hasta con formas de devoción en otros tiempos consideradas venerables por personas eminentes por su santidad y su ciencia (Rosario, Corazón de Jesús, etc.)

► Bajo el pretexto de un auténtico ecumenismo, sincretismo disolvente entre las diversas religiones, de manera que apenas se llega a un vago deísmo o a unas prácticas y teorías que no comprometen a nada.

► Desplazar la responsabilidad personal a la social o a las estructuras sociopolíticas.

► Cambiar el concepto genuino de religión por el de sociología, abierta o solapadamente. Posición afín: la tendencia a considerar el Reino de Dios como algo que se refiere de modo especial a este mundo temporal.

► Un concepto de educación en el cual cada vez se exige menos, con el pretexto de respetar la libertad del educando. Este permisivismo ha dado y sigue dando, como frutos fáciles de observar, la desintegración de la moral y la ética en grandes sectores del mundo.

► Tildar toda autoridad firme, sea lícita o no lícita, de autoritarismo, dictadura, etc. Quien tiene alguna forma de autoridad actúa muchas veces blandamente, cediendo en lo que no es justo y procurando por todos los medios "parecer simpático", llevado por el temor y el puro deseo de aprobación.

► Pretender resolverlo todo democráticamente, como si el número de votos fuera decisivo para establecer principios éticos, religiosos, etc. o modificarlos. Ello se ha erigido hoy en muchos países en un dogma inatacable. Poniendo Satanás de manifiesto ante los hombres la verdad del notable valor que tiene la democracia como régimen especialmente político, pasa a la exageración, universalización y absolutización de ese valor: la misma verdad dependería del número de votos.

► Fuerte tendencia a interpretar toda la Biblia de forma simbólica, pretextando la existencia en ella -hecho real- de diversos géneros literarios y la manifestación de otra cultura muy diferente de la nuestra. Como casi siempre, Satanás sugiere lúcidamente buenas razones para, desconcertando luego a las almas, apartarlas de la verdad y el bien. Así la palabra de Dios llega a ser, no sólo distorsionada, sino incluso negada, o, cuando menos, puesta seriamente en duda.

► Sobre todo en el caso de muchos intelectuales, convencimiento más o menos profundo de que la religión (sea cual sea) se reduce a una serie de creencias y mitos pertenecientes a épocas muy primitivas, en que imperaba la ignorancia, y que deben considerarse plenamente superados por nuestra cultura actual, en la cual la ciencia y la técnica ofrecen las soluciones más adecuadas y correctas a las necesidades del hombre. Dios no existe o es innecesario. Y, como dice un personaje de Dostoiewsky: "Si Dios no existe, todo está permitido". Es la conclusión de Satanás mismo.

Los Husitas

Prácticamente la totalidad de los cismas surgidos en el cristianismo, acaso con la excepción del arrianismo, han tenido su origen en motivaciones económicas y políticas, sutilmente ocultas con apariencias teológicas. Acaso el movimiento husita de fines del siglo XIV nos demuestra con claridad esta realidad.

De hecho, puede considerarse a la herejía husita como una suerte de prólogo de la Reforma protestante. Ha tomado su nombre de Jan Hus, sacerdote checo que llegó a ser rector de la Universidad de Praga. Profundamente nacionalista, este gran orador aprovechó la repulsión de sus conciudadanos contra el dominio alemán para protestar contra los abusos en la distribución en las indulgencias.

Hus se consideró a sí mismo el intérprete verdadero de las Sagrado Escrituras, exigiendo de la autoridad papal una reforma de la Iglesia. El arzobispado de Praga prohibió sus prédicas, lo cual provocó la expulsión de Hus y sus principales discípulos de la ciudad. El antipapa Alejandro V decidió finalmente su excomunión en 1412.

Sin embargo, tres años después el papa Gregorio XII lo convocó al Concilio Ecuménico de Constanza a fines de que intentara defender sus teorías, las cuales fueron condenadas al ser consideradas una herejía.

La situación fue aprovechada políticamente por el emperador alemán Segismundo, quien condenó a muerte a Hus y sus principales discípulos, lo cual motivó sublevaciones en la población, quien consideraba a Hus como un prócer. De hecho, Hus es considerado clave en la difusión de la cultura y la literatura de su pueblo, siendo el creador del háček que simplificó notablemente la escritura popular en lengua checa.

Pese a ello, la pérdida del jefe del movimiento llevó a sucesivas divisiones entre los husitas, incluyendo a aquellos que se alzaron en armas contra el poder imperial. Este último grupo, también conocido como taboritas, liderado por Ziska, se convirtió en un verdadero ejército, responsable de masacres de cientos de católicos checos, alemanes y húngaros. Para mediar la situación de tensión, el papa Martín V ofreció a los husitas participar en el Concilio de Basilea para pacificar el interior del Imperio.

Los taboritas propusieron la eliminación de los bienes del clero y la pena de muerte para aquellos sacerdotes que se encontraran en pecado mortal. La resistencia inicial obtenida concluyó con el retiro de los husitas del concilio. Sin embargo, los obispos enviaron en actitud de mediación a un grupo de teólogos a la capital checa con el objeto de revisar dichas propuestas: los husitas moderados llegaron así a un acuerdo conocido como Compactata, logrando con esto la vuelta a la comunión con la Iglesia Católica. Los taboritas, sin embargo, rechazaron esta postura, llevando a un nuevo enfrentamiento militar que concluyó con la batalla de Lipania en 1434, la cual significó la disolución de los husitas.

Las notables similitudes con la Reforma explican acaso porque los últimos seguidores del movimiento se incorporaron oportunamente a los discípulos de Lutero casi cien años después.

Beata Ana Catalina Emmerich

Anne Catherine Emmerick nació el 8 de septiembre de 1774, en Flamsche, diócesis de Münster en Alemania, siendo además bautizada en ese mismo día.

Desde muy pequeña gozó del don de comprender el latín litúrgico y ya desde los cuatro años fue bendecida con visiones de la Historia Sagrada, incluyendo la Creación, la caída de los ángeles malvados, la vida de los patriarcas del Antiguo Testamento, la Encarnación, Pasión y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Además de sus visiones, tenía locuciones interiores y frecuentes estados de éxtasis.

Sus visiones eran lo suficientemente intensas para sentirse verdaderamente transportada hacia los sitios y épocas en cuestión, resultándole hasta más familiares los rostros de Noé, Elías o la Santísima Virgen que los de sus contemporáneos en Alemania.

Este don se vio acompañado de enormes sufrimientos y un estado de progresiva postración por enfermedad. Pese a la oposición de su familia, ingresó en 1802 a la vida religiosa en el monasterio de Agnetenberg, en Dülmen.

La guerra contra las huestes de Napoleón llevó a la supresión del monasterio por los gobernantes, donde fue forzosamente enclaustrada. Recibió entonces los estigmas de Jesucristo y la enfermedad la llevó a la inmovilidad definitiva, nutriéndose durante 11 años solamente de la Sagrada Eucaristía. Por otro lado, en su condición de alma víctima, Ana Catalina ofrecía sus penitencias y sufrimientos por los pecadores.

Fue sometida a distintas investigaciones por las autoridades de la diócesis y por las tropas napoleónicas. Durante este periodo final de su vida experimentó la pasión de Nuestro Señor, la cual describió con claridad en su alemán natal.

Su compatriota escritor, Clemens Brentano, al tener noticia de ello, comenzó a transcribir los relatos de Ana Catalina en sus diarios. Brentano, reconocido ateo, se convirtió a la fe católica y empezó a visitar diariamente a la vidente, a quien releía los textos para corroborar su fidelidad. De este modo, durante 6 años, el escritor volcó al papel volúmenes sobre la vida terrena de Jesucristo, de la Santísima Virgen, de los apóstoles y Santos, sin olvidar los relatos de la Creación.

El lunes 9 de febrero de 1824, Ana Catalina falleció con sólo 50 años de vida. Al fallecer la religiosa, Brentano ordenó sus textos, preparando un índice y editándolos. En primer lugar se publicó «La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo». El escritor alemán comenzó entonces a ordenar las visiones de la «Vida de María», pero murió antes de concluir su trabajo. Distintos especialistas luego editaron los «Diarios» y compilaron las visiones sobre la Iglesia, el Antiguo Testamento, la Vida Pública de Jesús y la Iglesia naciente. Muchas de ellas se encuentran disponibles en América Latina gracias a editoriales locales.

Entre otras pruebas históricas, fue merced a una de sus visiones que se logró encontrar la casa de la Santísima Virgen en Éfeso.

Fue declarada Venerable a fines del siglo XIX, pero su beatificación llegó recién por Juan Pablo II en octubre de 2004. «Llevó consigo los estigmas de la Pasión del Señor y recibió carismas extraordinarios que empleó para consuelo de numerosos visitantes. Desde el lecho desarrolló un gran y fructífero apostolado», constató el prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, el cardenal José Saraiva Martins, al leer el decreto de reconocimiento del milagro ante el Santo Padre.

¡Beata Ana Catalina Emmerick, ruega por nosotros!


Publicado en formato 1.0 en mayo de 2008