miércoles, 1 de abril de 2009

La Esclavitud del Embrión

Define el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua la “esclavitud” como: "situación en la que se haya una persona que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra".

Sobre la esclavitud se ha dicho y escrito mucho. La literatura mundial está plagada de referencias al respecto: “Vos tenéis entre vosotros muchos esclavos comprados que, como vuestros asnos, perros y mulas, usáis para trabajos abyectos y serviles, porque vosotros los comprasteis, y ¿yo os digo que los dejéis libres o que los caséis con vuestras hijas?... vos contestareis: “los esclavos son nuestros”, y así os contesto yo... la libra de carne que yo reclamo de su cuerpo se ha comprado muy cara, pero es mía y la tendré” (Shylock, El Mercader de Venecia).

Pero la esclavitud no es sólo someter al hombre a trabajos forzados y/o privativos de libertad, sino a toda acción que denigre su naturaleza.


Shakespeare se definió como un gran humanista, al menos en el aspecto de condena de la esclavitud, y en la razón que da: “son seres humanos”. Hoy, la esclavitud parece superada, pero… ¿no es esclavitud el uso y abuso que sobre el embrión humano se hace?, ¿no es esclavitud la vida de los embriones congelados?, ¿no es esclavitud el aborto?, ¿no es esclavo el embrión que es destinado a la investigación y eliminado, únicamente, por motivos eugenésicos?

Espero que aquellos que practican o defienden el aborto y/o las manipulaciones embrionarias, reflexionen al respecto del significado de tal práctica, o…, quizá este caso no cuenta en los protocolos; a pesar de que el trato que se dispensa con esta práctica a los embriones y fetos humanos (persona que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra) no es mejor que el que se les presta a los esclavos.

El aborto y la manipulación de embriones como una “opción” que se atribuye la propia madre, es sin duda una solución banal y errática propia de sociedades mediocres que se aproximan más a la crueldad que al progreso; y ser el verdugo de tu propio hijo es llevar al límite esa crueldad. “Nacidos para morir” es la corta historia de aquellos embriones y fetos que coquetean con la vida en los primeros instantes de la misma y que, en el mismo vientre de su madre, la perderán, porque en unos días se convertirá, sin ellos saberlo, en su propio patíbulo. Patíbulo materno, que crueldad.

Luchar contra todo tipo de esclavitud es digno y honroso hacerlo y ello debiera ser una constante en nuestro día a día, por cuanto pretender la denuncia mundial de una práctica que atenta contra la vida y la dignidad humanas, además de una clara violación del derecho internacional humanitario, es justo para quien la padece. NO hay peor ESCLAVITUD que la del embrión-feto humano “machacado hasta encontrar la muerte” por decisión de su propia madre, su verdugo. Hablamos de vidas humanas, no de objetos ceñidos a los intereses particulares de cada uno de nosotros.
Por Álvaro Vázquez Prat para la Revista Arbil