Nada más comprensible que el deseo de una pareja recientemente unida en matrimonio de tener un hijo fruto de un verdadero amor, ojalá el amor cristiano. Por ello, es claro que es digno de compasión aquel matrimonio en el que no se puede concebir una nueva vida.
Buscando satisfacer ese comprensible deseo, entretanto no son pocas las parejas (incluso cristianas) que acuden a ‘técnicas de reproducción asistida' éticamente censurables, como la fecundación in vitro, introduciendo así dentro del seno familiar la tragedia de la malignidad.
Efectivamente, el acto conyugal, por su íntima estructura, al asociar al esposo y a la esposa con un vínculo estrechísimo, los hace también idóneos para engendra una nueva vida, de acuerdo con las leyes inscritas en la naturaleza misma del varón y de la mujer". "La fecundación artificial homóloga -continúa la Instrucción-, intentando una procreación que no es fruto de la unión específicamente conyugal, realiza objetivamente una separación análoga entre los bienes y los significados del matrimonio (...) la procreación queda privada de su perfección propia, desde el punto de vista moral, cuando no es querida como el fruto del acto conyugal, es decir, del gesto específico de la unión de los esposos" (Instrucción Donum Vitae, nº4). A lo anterior, se suma el hecho de que con muchísima frecuencia, por no decir siempre, la práctica de la fecundación in vitro implica la destrucción de embriones humanos, es decir, de seres humanos, personas humanas. (cfr. Las Técnicas de reproducción artificial aspectos médicos in Manual de Bioética General - bajo la dirección de Aquilino Polaino-Lorente. Ed. RIALP. 4ª edición. Madrid. 2000. pp. 208-212)
Acerca de estos temas, reproducimos a continuación los principales apartes de la nota de Rodolfo Casadei, publicada en el cotidiano italiano Tempi el pasado 21 de julio, sobre la "naprotecnología" (Natural Procreative Technology), técnica ésta que "busca una explicación médica de porqué una pareja no consigue procrear" y, por tanto, "intenta eliminar el problema y ‘ajustar' el mecanismo natural, volviendo a darle su armonía". La naprotecnología ha sido calificada como teniendo un enfoque del problema de la esterilidad "científica y clínicamente más riguroso del que se practica en el ámbito de la fecundación asistida". La traducción es de autoría de Helena Faccia Serrano, de Religión en Libertad:
¿Fecundación asistida? La «napro» es un método más eficaz, económico y «católicamente correcto»
Su índice de éxito es doble respecto al
de la fecundación asistida por porcentaje de nacimientos de parejas que
siguen los tratamientos, y cuesta once veces menos, pero es realizada
por pocos médicos en todo el mundo, está boicoteada por los lobbys de la
probeta y es ignorada por los sistemas sanitarios nacionales.
La naprotecnología nació en los Estados Unidos y llegó a Europa hace unos años, pero sigue enfrentándose al prejuicio que la considera un enfoque confesional a la medicina, condicionado por dogmas religiosos. Nada más lejos de la realidad. Es verdad que la práctica de la naprotecnología es rigurosamente conforme a la bioética católica; pero se ha demostrado que su enfoque del problema de la esterilidad es científica y clínicamente más riguroso del que se practica en el ámbito de la fecundación asistida. Y por esto al final es también más eficaz: lo confirman las estadísticas.
La naprotecnología nació en los Estados Unidos y llegó a Europa hace unos años, pero sigue enfrentándose al prejuicio que la considera un enfoque confesional a la medicina, condicionado por dogmas religiosos. Nada más lejos de la realidad. Es verdad que la práctica de la naprotecnología es rigurosamente conforme a la bioética católica; pero se ha demostrado que su enfoque del problema de la esterilidad es científica y clínicamente más riguroso del que se practica en el ámbito de la fecundación asistida. Y por esto al final es también más eficaz: lo confirman las estadísticas.
Diferencia entre una y otra
«La diferencia entre la naprotecnología y
la fecundación in vitro consiste en el hecho de que en la primera la
cuestión fundamental es el diagnóstico de las causas de infertilidad, se
busca una explicación médica de porqué una pareja no consigue procrear
y, por tanto, se intenta eliminar el problema y "ajustar" el mecanismo
natural, volviendo a darle su armonía», explica Phill Boyle, el
ginecólogo irlandés que imparte, en una clínica de Galway, los cursos de
formación en naprotecnología para médicos de toda Europa.
«En el procedimiento in vitro, en cambio,
el diagnóstico de las causas no tiene importancia, los médicos quieren
sencillamente "burlar el obstáculo", llevando a cabo una fecundación
artificial. En la naprotecnología, el tratamiento resuelve el problema
de la pareja, que después puede tener otros hijos. Sin embargo, con el
método in vitro, los cónyuges no se curan y siguen siendo una pareja
estéril, y para tener más niños deberán siempre confiar en un
laboratorio».
«La naprotecnología es la verdadera
fecundación asistida», ironiza Raffaella Pingitore, la ginecóloga más
experta en dicho método en el área de lengua italiana, y que realiza en
la clínica Moncucco de Lugano (Suiza). «En el sentido que asistimos a la
concepción desde el principio hasta el fin, es decir desde la fase de
individuación de los marcadores de fecundidad en la mujer hasta las
intervenciones farmacológicas y/o quirúrgicas necesarias para permitir
que la pareja llegue de un modo natural a la concepción».
Conjunto de técnicas diagnósticas
El nombre deriva del inglés natural
procreation technology, tecnología de la procreación natural. Más que
una tecnología es un conjunto de técnicas diagnósticas e intervenciones
médicas que tienen como objetivo individuar la causa de la infertilidad y
su puntual eliminación. Se empieza con las tablas del modelo Creighton,
que describen el estado de los biomarcadores de la fecundidad (...). A
partir de aquí ya es posible diagnosticar carencias hormonales,
insuficiencias lúteas y otros problemas que se pueden tratar con la
suministración de las hormonas que faltan. Si la infertilidad persiste,
se continúa con el examen detallado del nivel de las hormonas en la
sangre, la ecografía de la ovulación y la laparoscopia avanzada. Pueden
ser necesarias, entonces, intervenciones de microcirugía de las trompas o
de laparoscopia avanzada para extirpar las partes dañadas por la
endometriosis. El resultado final es un porcentaje de nacidos vivos
entre el 50% y el 60% del total de las parejas que realizan el
tratamiento durante un máximo de dos años (pero la mayor parte concibe
en el primer año), contra una media del 20% a 30% que recurre a
los ciclos de fecundación in vitro (en general, seis ciclos).
La negligencia de los médicos
«Una de las cosas que más me escandaliza
es la difundida negligencia en el diagnóstico de las causas de
infertilidad», explica Raffaella Pingitore.
«Hoy, después de unos pocos análisis
pragmáticos, se dirige a la mujer a los centros de fecundación asistida.
Hemos llegado al punto que, hace unos años, la Sociedad Estadounidense
de Medicina Reproductiva declaró la insuficiencia lútea como
inexistente, porque no podía ser diagnosticada "científicamente". Pero
sí que podemos diagnosticarla implicando a la mujer (...).
«En los Estados Unidos, en Omaha, en el
Estado de Nebraska, iban a visitar al doctor Thomas Hilgers, el
verdadero creador de la naprotecnología, mujeres a las cuales se les
había descartado la endometriosis tras una laparoscopia. Pero realizando
una laparoscopia avanzada se descubría que en el 90 por ciento de los
casos la endometriosis sí existía. A mí a menudo me ha sucedido lo
mismo. Una laparoscopia avanzada debería ser una práctica estándar en
los test de esterilidad, pero al tratarse de una intervención
quirúrgica, la hostilidad hacia ella es grande».
Que el hecho de recurrir de manera
indiscriminada a la fecundación asistida es paralelo a la negligencia
diagnóstica se deduce también por el elevado número de pacientes que
recurren con éxito a la naprotecnología después de ciclos fracasados de
fecundación in vitro. El doctor Boyle afirma que en los últimos seis
años, en el grupo de pacientes con edad inferior a los 37 años que ya
habían intentado dos ciclos de fecundación asistida, el porcentaje de
las que han concebido gracias al método de procreación natural ha sido
del 40 por ciento. Raffaella Pingitore cuenta su experiencia personal:
«La paciente tenía 36 años y deseaba un embarazo desde hacía ocho años;
se le habían realizado en el pasado cinco ciclos de fecundación asistida
sin éxito. Le hice registrar la tabla de los marcadores de fertilidad y
observamos que tenía una fase satisfactoria de flujo fértil, pero unos
niveles hormonales un poco bajos, lo que indicaba una ovulación un poco
defectuosa. También tenía síntomas de endometriosis; le realicé una
laparoscopia, encontré la endometriosis y coagulé los focos de
endometriosis en el útero, ovarios y trompas. La sometí a una terapia
para que estuviera en menopausia durante seis meses: de este modo se
secaban bien todos los focos de endometriosis que tal vez aún quedaban.
Tras esta terapia continué con un fármaco, el Antaxone, con dieta y con
el apoyo de la fase lútea con pequeñas inyecciones de gonadotropina.
Esto aumentó el nivel de hormonas y en el cuarto mes de tratamiento se
había alcanzado un flujo muy bueno. En el decimoséptimo día después de
la ovulación realizamos el test de embarazo, que resultó positivo».
El escrúpulo del profesional éticamente
motivado puede más que las técnicas artificiales. Lo demuestra la
anécdota de la doctora Pingitore y lo demuestran las estadísticas del
doctor Boyle. En Irlanda, en el arco de cuatro años, el ginecólogo curó a
1.072 parejas que deseaban un hijo desde hacía más de cinco años. La
edad media de las mujeres era de 36 años, y casi un tercio de ellas ya
había intentado tener un hijo con la fecundación in vitro. Tras seis
meses de tratamiento naprotecnológico, la eficacia del método fue del
15,9 por ciento. Tras un año, del 35,5 por ciento; tras un año y medio,
el 48,5 por ciento de las pacientes se había quedado embarazada. Si el
tratamiento duraba dos años, casi el 65 por ciento de las pacientes se
quedaba embarazada.
Sobre una base de pacientes mucho más
pequeña, la doctora Pingitore, en el bienio 2009-2011, obtuvo una media
de 47,3 por ciento de embarazos. En los Estados Unidos (país donde no
están vigentes leyes que limitan el número de embriones fecundados que
pueden ser transferidos al útero), los índices de la fecundación
asistida tras seis ciclos son los siguientes: 30-35 por ciento para
mujeres con edad inferior a los 35 años; 25 por ciento para mujeres
entre los 35 y los 37 años; 15-20 por ciento para mujeres entre los 38 y
los 40 años; 6-10 por ciento para mujeres con edad superior a los 40
años.
Después tenemos la cuestión, para nada
secundaria, de los costes, si bien en Italia se discute poco sobre ella
porque, aparte del copago, el gasto corre a cargo de la sanidad pública.
En tiempos de austeridad y de efectos deletéreos de la deuda pública,
sin embargo, debería también tener un valor en nuestro país la relación
gasto/eficacia. Por tanto, resulta que si comparamos los costes de dos
años de tratamiento naprotecnológico con los seis ciclos de fecundación
asistida, la segunda cuesta once veces más que el primero. Un único
ciclo de fecundación in vitro cuesta alrededor de 3.750 euros, más 1.000
euros de medicación, por lo que seis ciclos costarían 28.500 euros, a
los cuales hay que añadir otros 800 para la congelación y el
mantenimiento de los embriones y 1.200 para la transferencia de los
mismos, por un total general de 30.500. En cambio, incluso alargando el
tratamiento naprotecnológico a dos años, los costes son modestos: 300
euros para el curso de formación en los métodos naturales, 800 para las
visitas médicas y 1.500 para los medicamentos, por un total de apenas
2.600 euros. Probablemente, los parlamentos y los ministros de Sanidad
de los países europeos no son muy sensibles a los temas bioéticos, pero
difícilmente podrán fingir sordera antes las peticiones de verificación
de la relación costes/beneficios entre los dos métodos.
«La naprotecnología está destinada a
difundirse, aunque sólo sea por un tema vinculado a los costes, en los
cuales se calculan también los efectos colaterales de la práctica de la
fecundación asistida: no nos olvidemos que los niños que nacen con esa
técnica tiene más probabilidad de malformaciones y problemas de salud
que los que nacen de manera natural», recuerda Raffaella Pingitore. «Sin embargo, primero es necesario
derrotar al lobby de la procreación asistida. Es un lobby
supermillonario, que enriquece a centenares de personas y que no dejará
fácilmente que se le ponga el bastón entre las ruedas».