martes, 1 de agosto de 2006

Akita (apariciones marianas en Japón)



Si bien a lo largo de toda la historia de la cristiandad han ocurrido apariciones y fenómenos extraordinarios relacionados con la Virgen María (alguno de ellos, como el del Pilar, incluso con María viva en la Tierra), los últimos 150 años han sido particularmente productivos en el número y localización de las apariciones, invitándonos sistemáticamente a la conversión.

Sin dudas, uno de los ejemplos más categóricos es el ocurrido en una nación con minoría católica, como es el Japón, específicamente en Akita, allá por 1973. Se trata de apariciones estudiadas y avaladas por la Iglesia.


María Santísima en Akita (Nuestra Señora de Todos los Pueblos)

En realidad, cuatro años antes, en 1969, quien sería la vidente de María, la hermana Inés Sasagawa, fue visitada por un ángel mientras rezaba el rosario. El mensajero (al fin y al cabo, la gran misión de los ángeles) le dijo que al final de cada misterio rezara una oración («Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados; líbranos del fuego del infierno; lleva a todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu Misericordia.»). La hermana Inés desconocía esta oración... que es la que la Santísima Virgen había enseñado a los pastorcitos de Fátima en 1917. Era sólo una muestra de la relación entre los mensajes de Akita y lo profetizado en Fátima.

Sor Agnes (Inés) Sasagawa, vidente de Akita

La mencionada hermana Inés había nacido en 1931 y había sido curada de una enfermedad invalidante en sus piernas con agua bendita de Lourdes, convirtiéndose al catolicismo en 1956 e iniciándose en la vida religiosa, sin que una grave hipoacusia se lo impidiera.

Volviendo al relato, en junio de 1973, la hermana pudo ver rayos luminosos que surgían del sagrario de la capilla, fenómeno que se hizo más evidente el domingo 24 de ese mes. El jueves siguiente, en la mano izquierda de sor Inés surgió un estigma, el cual se hizo marcada y progresivamente más doloroso, adoptando forma de cruz. Sería el viernes 3 de julio, en plena madrugada, cuando su ángel custodio nuevamente se le manifestó diciéndole: «No temas. Soy el que está a tu lado y te guarda. Ven y sígueme. No reces únicamente por tus pecados, sino en reparación por los pecados de la humanidad. El mundo actual hiere al Sacratísimo Corazón de Jesús con sus ingratitudes y sus ultrajes. La herida de la mano de la Santísima virgen María es mucho más profunda que la tuya. Ahora vamos hacia la capilla.»

En efecto, sor Inés se dirigió a la capilla para arrodillarse frente al sagrario en adoración... y advertir que la estatua de la Santísima Virgen presentaba un estigma semejante al suyo. Fue entonces cuando, pese a su trastorno de audición, escuchó una voz procedente de la imagen que le decía: «Hija mía, mi novicia, tú me has obedecido bien abandonándolo todo para seguirme. ¿Es penosa la enfermedad de tus oídos? Puedes estar segura que curarán. Ten paciencia. Es la última prueba. ¿Te duele la herida de la mano? Reza en reparación de los pecados de la humanidad. Cada persona en esta comunidad es mi hija. ¿Rezas bien la oración de las siervas de la Eucaristía? Entonces recémosla juntas: "Sacratísimo Corazón de Jesús, verdaderamente presente en la Sagrada Eucaristía, Yo consagro mi cuerpo y mi alma para que sea enteramente uno con tu corazón que esta siendo sacrificado en todos los altares del mundo y dando alabanza al Padre, rogando por la venida de su Reino. Recibe este humilde ofrecimiento de mi ser. Haz de mi como Tú quieras para la Gloria del Padre y la salvación de las almas. Santísima Madre de Dios, nunca dejes que me separe de tu Divino Hijo. Defiéndeme y protégeme como hija tuya. Amén". Reza mucho por el Papa, los Obispos y los Sacerdotes.»

Ese mismo día, el estigma de la estatua de la Virgen comenzó a sangrar, hecho que sería verificado a los pocos días por las autoridades locales eclesiásticas. Este hecho que hemos relatado sería el primero de los mensajes que sor Inés recibiría ese año, persistiendo con la dolorosa señal en su mano durante varias semanas más.
El viernes 3 de agosto de 1973, la Santísima Virgen le comunicó a la hermana Agnes: «Hija mía, mi novicia, ¿amas al Señor? Si tu amas al Señor escucha lo que voy a decirte. Es muy importante. Lo comunicarás a tu Superior: muchos hombres en el mundo afligen al Señor. Deseo almas para consolarle, para suavizar la cólera del Padre Celestial. Deseo, con mi Hijo, almas que reparen con sus sufrimientos y su pobreza, por los pecadores y los ingratos. Para que el mundo se de cuenta de su ira, el Padre Celestial se dispone a mandar un gran castigo a toda la humanidad.»

Así fue que el sábado 29 de septiembre de aquel año, en la fiesta de san Miguel Arcángel (patrono del Japón), se multiplicaron los fenómenos sobrenaturales milagrosos: la estatua resplandecía con rayos luminosos, envuelta en luz blanca, durante el rezo del Santo Rosario. Al concluir, la herida de la mano de la estatua había desaparecido por completo, dejando paso a lo que parecía sudor, que manaba de toda la estatua. La estatua fue secada con gasas y algodón, los cuales olían a flores, fundamentalmente a rosas. El perfume persistió en la capilla hasta el 16 de octubre, fecha en que un ángel había anunciado que cesaría.
Y sería 3 días antes, el sábado 13 de octubre, cuando María Santísima brindaría su tercer mensaje a sor Agnes:

«Mi querida hija, escucha bien lo que voy a decirte, informarás de ello a tu superior. Si los hombres no se arrepienten y no se mejoran, el Padre mandará un terrible castigo a toda la humanidad. Será un castigo más grave que el diluvio, como jamás ha habido otro. Caerá fuego del cielo y aniquilará una gran parte de la humanidad, tanto malos como buenos, no perdonando a fieles ni a sacerdotes.

Los sobrevivientes se encontrarán tan desolados que envidiarán a los muertos. Las únicas armas que nos quedarán entonces serán el Rosario y el Signo dejado por mi hijo. (...) Con el rosario rogad por el Papa, los Obispos y los sacerdotes. La acción del diablo se infiltrará hasta la Iglesia, de tal forma que se verán cardenales oponiéndose a otros cardenales, obispos contra obispos. Los sacerdotes que me veneren serán despreciados y combatidos por otros sacerdotes. Las iglesias y los altares serán saqueados. La Iglesia se llenará de quienes aceptan componendas, y el demonio empujará a muchos sacerdotes y almas consagradas, a abandonar el servicio del Señor.

El demonio atacará encarnizadamente sobre todo a las almas consagradas a Dios. El pensamiento de la pérdida de tantas almas es la causa de mi tristeza. Si los pecados aumentan en número y en gravedad, ya no habrá perdón para ellos. Recen mucho las oraciones del Rosario. (...) Aquéllos que ponen su confianza en mí serán salvados.»

Sería un año después, el 13 de octubre de 1974, cuando ocurrió el milagro de la sanación de la sordera de la Hermana Agnes se curó instantáneamente de su sordera, verificada médicamente. Tal cual le había sido anunciado, conservó la audición durante 6 meses, regresando su anacusia durante casi 8 años. En la festividad de Pentecostés de 1982 sanaría definitivamente durante la bendición con el Santísimo Sacramento.

Muchos otros milagros rodearon a los episodios de Akita. Además del perfume a rosas de la capilla y de la curación de sor Agnes, se han documentado más de 100 episodios de lacrimación de la estatua hasta 1981; la secreción fue analizada por el Departamento de Medicina Legal de la Universidad de Akita, corroborándose que se trataba de lágrimas humanas. Además, existe constancia médica de curación de una mujer coreana en ese mismo año, víctima de metástasis cerebrales de un cáncer, de acuerdo a datos de la Universidad de Seúl.

En abril de 1984, el obispo de Nigata, monseñor Ito, testigo de estos episodios, declaró que las apariciones de Akita eran de origen sobrenatural y autorizó la veneración de la Santa Madre de Akita. Cuatro años más tarde, el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger (hoy Benedicto XVI), dio su juicio definitivo favorable de las apariciones y mensajes de Akita, redondeando con: «El mensaje de Akita es el mensaje de Fátima».
Publicado en formato 1.0 en 2 partes entre agosto y septiembre de 2006

Cristales y Medicina



Es oportuno recordar brevemente que un cristal es un cuerpo sólido, definido por superficies planas y con disposición simétrica. El mejor ejemplo cotidiano son los cristales de sal gruesa de nuestras cocinas, perfectamente cúbicos. En realidad, gran parte de los materiales sólidos tienen estructura cristalina y muchas sustancias con esta morfología tienen aplicaciones variadas en nuestra vida diaria; basta recordar que los ecógrafos de la práctica médica y los sonares utilizados en rescates e investigación se basan en propiedades físicas de los cristales, como los efectos piezoeléctrico y piroeléctrico. Yendo aún más allá, los semiconductores y los microscopios electrónicos también utilizan estas propiedades.


Cristales de fosfato de calcio



Sin avanzar en el terreno de la cristalografía, a lo largo de la historia han sido numerosas las culturas que han reparado en la belleza de muchas formas cristalinas, incluso atribuyéndoles atributos paganos mágicos. Así fue como estas civilizaciones creyeron que distintos cristales poseen poderes mágicos y los aplicaron como «talismanes», capaces de «atraer» o «repeler» energía positiva o negativa.

Si bien parece una obviedad, merece recordarse que una estructura atómica prolija y muchas veces bella como lo es un cristal (de sal, de cuarzo, de diamante, de granito... ) carece de todo poder mágico y es incapaz de transmitir, acumular o absorber «energía», en el sentido que el paganismo da a esta palabra.

Sin embargo, las culturas babilónicas asociaron los distintos tipos de cristales con los signos del Zodíaco, adjudicándole poderes varios. Así surgen verdaderas «trinidades» astrológicas, que combinan un signo zodiacal, un color y un cristal (o una gema, como a ellas se refieren los practicantes de esta disciplina, por darle alguna denominación). Por ejemplo: obsidiana, negro y Escorpio.

Esta misma práctica, como antes citábamos, surgió también en los chamanismos del continente americano (desde Canadá hasta Argentina), donde se utilizaban cristales para el diagnóstico y el tratamiento de dolencias varias. Muchos pueblos de la Europa bárbara ejercían cultos similares.

Es en la India politeísta donde los cristales fueron vinculados con los llamados «chakras», presuntos focos energéticos del organismo responsables de nuestra salud (¡!), tema al cual nos referimos en otro artículo.

Por otra parte, debemos destacar que existió una apoteosis de esta patraña con la Alemania nazi, en la cual las propiedades mágicas y curativas (o deletéreas) de los diversos cristales eran consideradas una realidad incuestionable.


Es escalofriante advertir que este retroceso al pensamiento mágico, a un verdadero primitivismo pagano e idólatra, constituye hoy día una temible realidad. En función a las ideas y conceptos de la Nueva Era (en sus múltiples expresiones, incluyendo el culto a la naturaleza), existe una millonaria industria asociada con la venta y consumo de cristales varios, a los cuales se los relaciona con:

--> comunicación con espíritus y seres sobrenaturales

--> «absorción de energía positiva» (desde otra persona u objeto hacia el poseedor del cristal), y en consecuencia curación de distintas enfermedades

--> «rechazo de energía negativa», ya sea para repelerla del poseedor del cristal... o para dirigirla a un tercero

--> «canalización de los poderes del aire» (al utilizarlos en gargantillas o cadenas en torno al cuello)

Estas son tan sólo algunas de estas supercherías neonazis sin aval científico, variantes relativamente menores de distintas formas de ocultismo. Muchas personas son engañadas, creyendo que realmente existe la curación mediante cristales, a través de «flujos de energía» o merced a los poderes mágicos del propio cristal.

Es nuestra obligación como hombres de ciencia recalcar que los cristales carecen de «energías» y «poderes» ni tienen absolutamente ninguna clase de posibilidad de sanar enfermedades. Y aún mayor es nuestra obligación como católicos el advertir que toda forma de superstición es una puerta (pequeña o grande) abierta al paganismo y al espiritismo.
Como comentario final, quizás sea interesante recordar las palabras del profeta Ezequiel, describiendo la caída de Lucifer: «Tú eres sello de perfección, lleno de sabiduría y de acabada belleza: en el Edén, huerto de Dios, habitabas; toda suerte de piedras preciosas eran tu vestido: sardónices, topacios y jaspes, crisólitos, ónices y berilos, zafiros, carbunclos y esmeraldas y oro, obra de tu hermosura; y tus minas fueron establecidas cuando fuiste creado. Tú eres fulgente querubín protector, y así yo te había colocado en la santa montaña de Dios y caminaste en medio de piedras de fuego. Tú has sido perfecto en tu proceder desde el día de tu creación hasta que fue descubierta en ti la iniquidad.» (Ez 28 : 12,15)
Publicado en formato 1.0 en agosto de 2006

Malthus y su Triste Herencia


Thomas Robert Malthus fue un economista británico, nacido en 1766 y fallecido en 1834. Sus estudios en Economía se efectuaron en la prestigiosa Universidad de Cambridge, donde además de formó en aspectos religiosos, actuando como clérigo protestante anglicano en Surrey cuando contaba con 32 años.




Thomas Malthus




Sin embargo, no fue la faceta espiritual la que brindó a Malthus trascendencia histórica. Por el contrario, sus trabajos sobre recursos y demografía han sido los que aún destilan tristes consecuencias. Este economista liberal, fiel a las lecturas de Adam Smith, fue quien forjó conceptos que influyeron a Darwin, Marx, Engels y las políticas de control de la natalidad del siglo XXI.



Robert Malthus redactó diversas obras, entre las cuales debemos destacar su Ensayo sobre el principio de la población, publicado por primera vez en 1798. En este trabajo, el economista nos decía que «en el reino animal y en el vegetal la naturaleza ha distribuido con mano rica y pródiga las semillas de la vida. En comparación, ha sido parca en cuanto al sitio y alimentación necesarios para hacerlos crecer. Los gérmenes de la vida contenidos en nuestra pequeña tierra, si tuvieran suficiente alimentación y sitio para extenderse, podrían llenar millones de mundos en algunos millares de años... En los animales y plantas sus efectos son el derroche de semillas, la enfermedad y la muerte prematura. En el hombre, la miseria y el vicio»



Estas palabras son casi la sinopsis de la llamada teoría poblacional de Malthus, según la cual la población tiende al crecimiento de un modo geométrico, mientras que la oferta de alimentos para dicha población crece de un modo aritmético. Así, como corolario, al existir demasiadas bocas para alimentar con pocos alimentos disponibles, la naturaleza responde con hambrunas, enfermedades, guerras y otras calamidades para reducir la “explosión demográfica” y, en consecuencia, regular la disponibilidad de recursos.



En suma: la fertilidad llevaría a la crisis social y financiera de la sociedad o, en términos concretos, los pobres son los únicos culpables y responsables de su propia pobreza y de sus consecuencias.



Malthus fue enormemente influyente en los círculos políticos y económicos de su tiempo, sobre todo en la Gran Bretaña de la Revolución Industrial y en pensadores y economistas posteriores, entre ellos los liberales John Mill y David Ricardo (quien en sus Principios de Economía Política y Tributación citaba que «el crecimiento de la población provoca escasez de tierras productivas»), y, aunque no lo crean, en Marx y Engels.



Sin embargo, el impacto más penetrante de la ideología de Malthus ocurriría, de modo hasta paradójico, en el terreno de la Biología. Charles Darwin leyó atentamente el mencionado Ensayo sobre el principio de la población, según él mismo afirma en sus "Cuadernos sobre la transmutación de las especies", los cuales fueron el borrador para la construcción de su obra máxima, El Origen de las Especies de 1859. Partiendo del concepto de que los seres vivos se multiplicarían en forma exponencial, frente a un crecimiento mucho más discreto de los recursos disponibles, se produciría una competencia feroz por los alimentos, con el triunfo inexorable del más fuerte (del más apto, «the fittest» en la expresión original de Darwin).



Estos procesos llevarían al autoperfeccionamiento de la naturaleza y al surgimiento de nuevas especies más «perfectas» que las previas.






Charles Darwin



Escasos años después, Pasteur y Koch sentaron las bases para reconocer que Malthus estaba equivocado en su dinámica de las poblaciones, ya que hasta las primitivas colonias de bacterias se regulan por factores propios y externos diferentes a la disponibilidad de recursos, logrando una estabilidad poblacional temprana. Este hecho es hoy conocido en los primeros años de las carreras universitarias vinculadas a la biología, incluyendo la Medicina.


Asimismo, experiencias en el siglo XX por parte de biólogos y etólogos han demostrado que factores similares influyen en la regulación poblacional de organismos superiores.


¿Acaso la hipótesis de la evolución no es más que el fruto equivocado de la adaptación a las ciencias naturales de una errónea teoría económica que intentó explicar una inexistente dinámica poblacional?


Sin embargo, esta insólita extrapolación de la economía a las ciencias biológicas no se extinguió con el evolucionismo darwiniano, sino que lamentablemente salpicaría a otros aspectos de la Biología, en especial el de las ciencias de la Salud.



El modelo poblacional malthusiano desemboca en el concepto práctico de que los pobres son culpables de su propia pobreza, ya que su tasa de crecimiento es ampliamente superior al desarrollo de los recursos (despropósito conocido como teoría de la seguridad alimentaria). De hecho, esta era la explicación brindada por Malthus para las guerras, las epidemias y otras calamidades, como mecanismos de «autodepuración» de la naturaleza. En otras palabras, el humano no es un ser transcendente, sino tiene una existencia utilitaria; el pobre debería ser eliminado por libre competencia, ya que consume recursos sin producirlos.


Es prudente mencionar que ese es el mismo argumento que utilizó el estado nazi para exterminar sistemáticamente a enfermos mentales, primero, y a judíos, católicos, opositores y prisioneros después, para desembocar finalmente en la eugenesia... políticas criminales que buscaban el control poblacional. A la hipotética «selección natural» de Darwin y a la «autodepuración» de Malthus, se le agregaron la «selección artificial», controlada por el Estado nazi, el mismo que sancionaba leyes que penaban la muerte de animales domésticos (¿no les recuerda a ciertas organizaciones actuales, que condenan la muerte de focas y ballenas mientras apoyan al aborto de niños?)




Malthus (siglo XIX), Hitler (siglo XX), ¿la ONU (siglo XXI)?



Por más increíble que parezca, el guante del liberal Malthus fue recogido por los totalitarios nazis del siglo XX y por sus primos globalizadores del siglo XXI, quienes creen que, en nombre de la selección artificial, debe ejercerse el dominio sobre la transmisión de la vida, según la cual un hijo es un derecho y no un don.


Así, llegamos a un «Primer Mundo» con tasas de natalidad despreciables, sostenidas por la anticoncepción y el aborto. La población de estos países centrales (productores de anticonceptivos hormonales y dispositivos intrauterinos, con los cuales enriquecen sus bolsillos al venderlos a nuestro Tercer Mundo) envejece lustro tras lustro, contando con un amplio porcentaje de sus adultos en edad jubilatoria, con lo cual el ciclo malthusiano se reinicia (individuos que consumen recursos financieros y de salud, y que no producen dinero)... ¿Cuánto tardarán estas naciones en disponer a la eutanasia entre sus leyes, con todos los argumentos falaces que puedan imaginarse, en una nueva selección artificial?


Este panorama desolador, sin embargo, no debe aterrarnos. Los católicos sabemos que Cristo ya ha vencido en la historia a la muerte y sus seguidores; el único Camino, Verdad y Vida está entre nosotros, guiándonos hacia su Reino definitivo por un angosto sendero. Sólo la oración y el cumplimiento de su ley natural, eterna e inmutable, nos llevará como hermanos hacia el destino trascendente para el que la especie humana ha sido creada.


Io y sus Volcanes

Como hemos comentado en otros artículos, nuestro sistema solar se conforma de una estrella (el Sol), ocho planetas (desde Mercurio a Neptuno), algunos plutoides o planetas enanos (como Plutón), decenas de lunas o satélites, miríadas de asteroides y otros pequeños cuerpos.


Es por todos nosotros conocida la actividad geológica del planeta en el cual vivimos. Repartidos por la superficie de la Tierra existen centenares de volcanes, los cuales con diversa periodicidad erupcionan y emiten materiales del interior del planeta hacia la superficie. Por otro lado, los terremotos nos demuestran movimientos de distintas capas de la corteza terrestre, con sus repercusiones violentas en zonas terrestres y marítimas (maremotos, tsunamis, etcétera).
Hasta hace unas pocas décadas, se especulaba que los otros cuerpos sólidos del Sistema Solar (Mercurio, Venus, Marte, Plutón, nuestra propia Luna y los satélites de los grandes planetas Júpiter y Saturno, sobre todo) carecían de actividad geológica.


Sin embargo, allá por 1979, las sondas no tripuladas Voyager 1 y 2 ingresaron en el sistema de satélites de Júpiter, fundamentalmente con el objetivo de estudiar a las 4 lunas de mayor tamaño, incluso tan grandes como el planeta Mercurio: se trata de Calixto, Ganímedes, Europa e Io. Y fue este último el particular centro de atención.


De acuerdo a las teorías convencionales en danza, estas lunas jovianas se habrían formado a partir de la «nebulosa solar» al mismo tiempo que Júpiter, hace unos presuntos 4500 millones de años. Si bien ya hemos debatido que la estructura de Mercurio desafía abiertamente esta posibilidad, la luna Io resulta tanto o más estremecedora, en todos los sentidos etimológicos de la palabra.



Si se conjetura que el sistema solar es tan antiguo, las bajas temperaturas del espacio sideral deberían haber enfriado a estos pequeños mundos, cuya consecuencia habría sido la pérdida de su actividad geológica a lo largo de los eones. Sin embargo, grande fue la sorpresa de los astrónomos de la NASA al observar volcanes activos en la superficie de Io, fotografiados con lujo de detalles por las citadas sondas Voyager.





Imagen de la superficie de Io, con detalle de erupción volcánica (foto de la NASA)




De hecho, esta actividad es lo suficientemente intensa como para emitir gran cantidad de material volcánico al espacio circundante y, por otro lado, para remodelar la superficie del satélite, según surge de la comparación entre las imágenes remitidas por las citadas sondas Voyager y la más reciente misión Galileo en 1996. A raíz de este proceso, Io es el único cuerpo sólido del sistema solar sin cráteres de impacto, fruto de la citada remodelación.


La superficie de Io en remodelación (la fotografía de la izquierda corresponde a 1979 y la de la derecha a 1996, por las sondas Vogayer 2 y Galileo, respectivamente)

Es virtualmente imposible que un cuerpo antiguo y glaciar, carente de una atmósfera que le permita regular su temperatura, presente vulcanismo en la magnitud en que lo hace Io; paradójicamente, la propia NASA lo reconoce hoy como el cuerpo geológicamente más activo del Sistema Solar.

En este contexto, cabe el planteo de al menos tres posibilidades:
-> el Sistema Solar es menos antiguo de lo que pensamos, y por ese motivo el interior de Io aún se conserva lo suficientemente activo y caliente como para permitir la actividad volcánica;

-> la nebulosa solar es una hipótesis incorrecta, y el Sistema Solar fue creado ex nihilo, en forma completa y de una sola vez

-> como explicación alternativa, formulada a los pocos años del descubrimiento de los volcanes, se ha postulado que la extraordinaria fuerza de gravedad de Júpiter desencadenaría flujos en el interior de Io, cuya consecuencia sería la actividad volcánica (gravitational pumping theory). Esta hipótesis, sin embargo, no explica que el mismo fenómeno no ocurra en otras lunas jupiterianas vecinas de igual tamaño y, en teoría, de igual edad (¿otra hipótesis ad hoc?)

En sinopsis, uno tras otro los cuerpos de nuestro sistema solar derriban las barreras ficticias de una ciencia que no incluye a Dios Creador. Se hace evidente con Mercurio y con Io, y en otro artículo detallaremos algunas ideas similares vinculadas con nuestra Luna.

sábado, 1 de julio de 2006

El Dispositivo Intrauterino


En un artículo previo nos hemos encargado de comentar ese gran negocio que es el uso de anticonceptivos orales. Ha llegado el momento de describir las implicancias de uno de los métodos recomendados por la Organización Mundial de la Salud y la ONU: el dispositivo intrauterino, conocido por su sigla DIU (IUD en la literatura anglosajona). Según estos organismos internacionales (de los cuales Argentina es miembro fundacional), resulta el método contraceptivo más económico a largo plazo.

Técnicamente, el DIU es una pequeña estructura metálica que contiene cobre en la mayor parte de los casos, la cual se implanta por vía transvaginal en la cara interna del útero. Desde el punto de vista químico, el cobre actúa impidiendo el ascenso de los espermatozoides a través del aparato genital de la mujer por lo cual se evitaría la fecundación (de allí la denominación popular de "T de cobre").


Algunos modelos de DIU



Sin embargo, es bien conocido que el fundamento más contundente por el cual los DIU resultan eficaces como contraceptivos es otro. Al generar un estado inflamatorio continuo en el endometrio (la capa interna del útero que se desprende en cada menstruación), el dispositivo IMPIDE LA IMPLANTACIÓN DEL EMBRIÓN, o sea, resulta un MÉTODO ABORTIVO. De hecho, en algunos estudios se ha demostrado la eliminación de embriones (seres humanos) en secreciones vaginales hasta en una cada 25 mujeres usuarias de este método.



Esquema simplificado: DIU colocado en la cavidad uterina


Inclusive existen en el mercado algunos DIU que además liberan hormonas (endoceptivos), sumando eficacia contraceptiva... y abortiva.




Por otra parte, es bien conocida la miríada de efectos colaterales que afectan a un considerable grupo de mujeres víctimas de este método. Son frecuentes la hipermenorrea (sangrado menstrual copioso, que lleva a la anemia ferropénica), las infecciones (muchas de ellas graves e incluso algunas mortales), el riesgo de desplazamiento (con la aparición de los hilos de cobre en la cavidad vaginal) o incluso la perforación uterina. Además, la experiencia enseña que el proceso de inflamación y de infecciones recurrentes asociadas con el uso de los DIU resulta en esterilidad en muchas de las mujeres que lo han utilizado.


Ecografía de una paciente con infección pélvica asociada con DIU


Como relatábamos previamente, una de cada 25 mujeres que llevan implantado un DIU abortan hasta 3 embriones cada 2 años. Conociendo que unas 50 millones de mujeres utilizan mundialmente un dispositivo intrauterino, un simple cálculo nos habla de 3 millones de abortos anuales sólo en esta población. Como podemos apreciar, los frutos de la mal llamada revolución sexual resultan en el simple y muy apropiado nombre de genocidio.
Publicado en formato 1.0 en julio de 2006

Mercurio: un Dilema


De acuerdo con los modelos actualmente aceptados, la edad del sistema solar en el cual vivimos se acercaría a los 4 500 millones de años, cuando, "por fruto del azar", un cúmulo de gases (la «nebulosa solar»), por acción de diversas fuerzas (en especial la de gravedad) habría empezado a condensarse en los cuerpos sólidos y gaseosos que lo conforman. Dentro de esos "productos de la causalidad" se encontrarían nuestro planeta y todas sus formas de vida, incluyéndonos a usted y a mí, frutos de lo aleatorio y presuntamente sin sentido y sin fines trascendentes.


Si bien sería muy interesante abrir un debate filosófico, moral o teológico acerca de esta hipótesis del origen fortuito de la especie humana, el objetivo de este artículo es otro: retroceder aún más en el tiempo y establecer ese mismo debate, pero en relación con nuestro sistema solar completo.



Una forma más que llamativa de hacerlo es empezar por el benjamín de los planetas: Mercurio. Como un fugaz recordatorio, detallaremos que Mercurio es el planeta más cercano al Sol, uno de los más pequeños (*), careciente de atmósfera y con varias particularidades que lo hacen, como a todo lo creado, único.






Dentro de los planetas sólidos, Mercurio tiene la inusual particularidad de ser el de mayor densidad, según los datos recolectados desde el envío de la sonda Mariner 10 en 1974 hasta entrado el siglo XXI. Sin embargo, sólo podría explicarse esta realidad merced a la existencia de un núcleo planetario constituido fundamentalmente por hierro, ocupando al menos un 75% del diámetro de Mercurio.
No obstante, esto resulta una abierta contradicción al modelo de nebulosa solar que habría dado origen a los planetas: en un marco de desarrollo gradual de los planetas por acción de la gravedad sobre esa presunta nebulosa, se hace imposible encajar esta evidencia científica. Por otra parte, si realmente nuestro sistema solar tiene miles de millones de años de edad, ese núcleo claramente debe hallarse en estado sólido debido a que, por el pequeño tamaño de Mercurio, el núcleo ha tenido sobrado tiempo para congelarse.






A estos «detalles», debemos agregar uno aún más impactante... y es que Mercurio es uno de los planetas que poseen campo magnético. Es momento quizás de recordar que en aquellos planetas con núcleo formado por metal fundido, el movimiento de rotación es capaz de generar un campo magnético que hace que el planeta se comporte como un gran imán con polos (fundamento, entre otras cosas, del uso de las brújulas en la Tierra). Sin embargo, Mercurio posee un campo magnético activo y detectable, pero con un núcleo metálico francamente denso y sólido.

Una hipótesis ad hoc plantea que quizás el núcleo de Mercurio esté formado por sulfuro de hierro (una sal de hierro y azufre), por lo cual podría haberse conservado en estado líquido a lo largo de millones de años. El conflicto con esta aseveración es que el azufre es un elemento fácilmente volátil por lo cual no podría haberse preservado en el modelo de nebulosa solar que discutíamos líneas arriba.

Caben a esta altura una serie de especulaciones:

-> Primera posibilidad: los vastos conocimientos actuales de física cuántica, electricidad y magnetismo son burdamente incapaces de explicar la cotidiana realidad, incluyendo a nuestras simples brújulas inventadas en el siglo XI;

-> Segunda posibilidad: Mercurio es un «cuerpo agregado», procedente por algún mecanismo incierto de otra parte del universo e insertado en el sistema solar (otra hipótesis ad hoc semejante se ha intentado para explicar la composición química de la Luna y sus diferencias con la Tierra)

-> Tercera posibilidad: el sistema solar es mucho más joven de lo que se especula, motivo por el cual Mercurio conserva todavía su campo magnético aún con un núcleo sólido

-> Cuarta posibilidad (¿complemento de la anterior?): el sistema solar tiene un diseño inteligente, que nuestra diminuta ciencia ateista pretende negar...

jueves, 1 de junio de 2006

Los anticonceptivos orales


Aproximadamente unas 100 millones de mujeres utilizan anticonceptivos orales (ACO) en el mundo actual. La eficacia del procedimiento para impedir el embarazo orilla en promedio el 95% y se acerca al 99% si no existen fallas en el modo propuesto de utilización (el cual no es simple de comprender).


A estas «espectaculares» cifras habría que adicionarle el volumen de ganancias de las empresas farmacéuticas, no menor a los 1 500 millones de dólares mensuales a nivel mundial, tan sólo para este rubro.


Debemos recordar a nuestros lectores algunos conceptos acerca de Biología de la Reproducción para detallar porque, además de un magnífico negocio para los laboratorios, estos productos son un gran peligro para el género humano.


Las mujeres en edad fértil viven periódicamente un ciclo menstrual, el cual se inicia con el primer día de la menstruación («el día 1»). A partir de ese momento, a raíz de complejos mecanismos hormonales que escapan al objetivo de este artículo, las concentraciones de estrógenos empiezan progresivamente a aumentar, hasta que se llega a un nivel máximo.


Ese nivel máximo gatilla a su vez cambios en la actividad de un segundo juego de hormonas llamadas gonadotrofinas, lo que da como resultado la ovulación, esto es, la liberación del óvulo listo para ser fecundado («el día 14» en la mayor parte de las mujeres).


Pasadas unas 72 h, comienza el predominio de una hormona llamada progesterona por encima de los estrógenos, situación que persiste un par de semanas hasta que:

- ocurre una nueva menstruación, reiniciándose el circuito, en caso de que no haya ocurrido la fecundación («nuevo día 1»), o bien...

- se produce la unión de las gametas (espermatozoide + óvulo), se da origen a una nueva vida humana y ocurre la implantación del embrión en el endometrio.


Estos comentarios sirven como introducción para comprender el mecanismo de acción de los ACO. Su principal forma de actuar es inhibiendo la ovulación, merced a la administración de dosis altas de las propias hormonas que nuestro organismo segrega (es por esto que también se los llama anovulatorios o contraceptivos hormonales).


Sin embargo, cuando este mecanismo falla, actúan IMPIDIENDO LA IMPLANTACIÓN DEL EMBRIÓN, esto es, evitando que un ser humano de horas o pocos días de vida anide en la pared uterina. Dicho sin eufemismos, su segundo mecanismo de acción es el aborto.


Al margen de este mecanismo genocida, los ACO provocan efectos adversos en al menos el 40% las mujeres que los utilizan. Si bien es cierto que en la mayor parte de los casos se trata de efectos menores, el riesgo de episodios vasculares de toda índole es indudablemente más elevado que en aquellas mujeres que no los utilizan.


En mi personal experiencia, me he topado con infartos de miocardio, accidentes cerebrales vasculares, tromboembolismos de pulmón, trombosis venosas profundas (incluyendo venas cerebrales) y trastornos conductuales varios, atribuidos al uso de los ACO. El grueso de la literatura internacional coincide con estas afirmaciones, en número de miles de casos, y los invito a tal fin a consultarla (incluyendo medios que avalan abiertamente a estos fármacos, como New England Journal of Medicine o Contraception).


Quizás parezca redundante, pero no podemos dejar de mencionar que estas drogas no protegen contra ninguna infección de transmisión sexual, incluyendo al VIH.


Además de violar el primero de los derechos humanos (el derecho a la vida, en este caso del embrión), se expone a las mujeres al riesgo de enfermedades invalidantes en nombre de la libertad sexual. Parece que nos sigue costando comprender que no hay libertad sin Dios.

Publicado en versión 1.0 en junio de 2006

Antroposofía: medicina y educación

Como mencionábamos en la primera parte de esta nota, un análisis exhaustivo del movimiento antroposófico demandaría horas de discusión. Sin embargo, existen aristas particularmente riesgosas a las que brindaremos prioridad, tanto desde la óptica de la ciencia como de la de nuestra Fe en el ÚNICO Camino, Verdad y Vida, Nuestro Señor Jesucristo.

Para comprender como este pensamiento neopagano ha penetrado en aspectos centrales de la sociedad como son la salud y la educación, debemos remarcar que la Antroposofía es una ardiente defensora de la patraña de la reencarnación.

Quizás no sea redundante destacar que el centro de nuestra Fe e incluso de la antropología cristiana es el hecho consumado de la Resurrección de Jesús, quien fue torturado y asesinado para redención de los pecados de todos nosotros. Sin embargo, venció a la muerte y al tercer día resucitó de entre los fallecidos en su cuerpo glorioso, como nos lo narran los Evangelios.

San Pablo, quien fuera vigoroso perseguidor del naciente cristianismo hasta el hecho fabuloso de su conversión, reafirma este concepto, narrándonos en una de sus cartas que «está reservado a los hombres morir una sola vez y tras esto, juicio» (Hebreos 9,27).

Rudolf Steiner tomó del politeísmo hinduista la idea de la reencarnación, creada en el valle del Indo hace siglos con el objeto de justificar el sistema de castas sociales y adjudicar a factores «del karma» la imposibilidad de moverse de un estrato social al otro, al adjudicar la condición de paria a «malos actos en vidas previas».

La creencia en la reencarnación es absolutamente incompatible con la Fe católica (implica la negación de la resurrección a la que aludimos al rezar el Credo) y por otra parte carece de toda clase de basamento científico, ya que coloca al mismo nivel la vida humana y la del resto de las criaturas vivientes (de hecho, no es casual que los ultraecologistas sean en su mayor parte defensores de la reencarnación, y ubiquen en un plano superior a las respetables vidas de focas y ballenas que a la de los niños famélicos, abortados, torturados o esclavos del mundo).

La medicina antroposófica se basa precisamente en la reencarnación, esto es, considera que la unidad biosocial que es la persona humana se encuentra afectada por los sucesos de «vidas pasadas», a las cuales los «iniciados» pueden acceder mediante la lectura de las «Crónicas Akáshicas». Las mismas serían «registros» de las citadas «vidas pasadas» en los cuales se encontrarían las soluciones para los problemas de salud del presente.

Es cierto que la medicina actual concibe a la salud como un estado de equilibrio y bienestar biológico, psicológico y social, y no como a la mera ausencia de enfermedad. Pero la contaminación de esta idea con conceptos esotéricos, con pensamientos mágicos propios del Neolítico y, sobre todo, con la más absoluta falta de bases científicas objetivas (flores de Bach, homeopatía, «holística» y un aterrador etcétera), convierte a los miembros del equipo de salud que la practican en vulgares hechiceros. De hecho, existen médicos, enfermeros, fisioterapeutas y fonoaudiólogos cultores de esta «disciplina» en el mundo en general... y en nuestro atormentado país en particular.



Rudolf Steiner



Sin embargo, lo más peligroso de esta secta no está en su penetración en el equipo de salud... sino en la educación de nuestros hijos. Existe toda una estructura escolar encargada de difundir estas ideas en los niños mediante la pedagogía Waldorf. Como ya hemos mencionado, Rudolf Steiner creó su movimiento como un desprendimiento de otra secta, la teosofía, tras discrepancias con sus líderes de entonces. Inició así su prolífica actividad en conferencias, libros de texto y revistas, incluyendo «Lucifer Gnosis» (como revista entre 1904 y 1908) y «Los Niños de Lucifer» (1907), entre otras producciones.

El nombre de «pedagogía Waldorf» procede de la fábrica de cigarrillos Waldorf Astoria de Stüttgart, en la arrasada Alemania de 1919, donde se le propuso a Steiner dar comienzo a un proyecto educativo, inicialmente para los hijos de los empleados y a posteriori abierto a la comunidad. Así, en septiembre del citado año vio su nacimiento la Die Freie Waldorfschule (la Escuela Independiente Waldorf).

A partir de entonces, los colegios Waldorf se diseminaron por el resto de Europa y luego se sembraron en otras partes del planeta, sin que Argentina sea la excepción. Llamativamente (o no) los particulares currículos Waldorf lograron amoldarse a los distintos sistemas educativos de cada nación y distrito donde se han instalado.

En esta peculiar modalidad educativa se evita el aprendizaje dirigido. De hecho, las escuelas Waldorf no tienen director o estructuras jerárquicas convencionales y los establecimientos guardan relativa autonomía entre sí. Los cursos se organizan por periodos de 7 años, durante los cuales un mismo docente lleva a su grupo de alumnos a lo largo del tiempo. No existen los libros de texto, sino que los niños y niñas son «guiados» por medio de sus experiencias personales, grabados, dibujos, cuentos de hadas, expresión corporal, danzas… sin dudas, un muestrario que se define con un vocablo que se encuentra nefastamente de moda: holístico.

No debemos olvidar que la doctrina de una verdadera secta se halla detrás de este modelo curricular. De hecho, en la Conferencia Internacional de Docentes Waldorf de 1996 se declaró que «los conceptos de karma y reencarnación son la base de toda educación verdadera». La organización que hemos citado sobre los periodos de 7 años se relaciona con la concepción antroposófica de 3 etapas madurativas de los jóvenes formadas por septenios: la madurez física (los primeros siete años), la madurez «etérea» (de los ocho a los catorce) y madurez del cuerpo astral (de los quince a los veintiuno).

De acuerdo con esta doctrina, estos septenios tienen repercusiones físicas que marcan cada etapa (sin ir más lejos, los alumnos de un jardín de infantes Waldorf no pueden pasar al nivel primario hasta que no pierden su primer diente...).

Como corresponde a cualquier secta iniciática, el componente esotérico suele estar reservado sólo a ciertos integrantes; muchos padres desconocen que dejan a sus hijos a cuidado de lobos con piel de cordero, y en su mayor parte ignoran las bases de la Antroposofía. De hecho, la imagen de los chicos en un ambiente «natural» (como en todo grupo de la Nueva Era, el ecofascismo es parte integral del movimiento), danzando juntos y relatando cuentos de hadas es poco menos que encantadora.

Seguramente resultara menos encantador saber que, entre otras cosas, los niños creerán en el contexto pedagógico Waldorf que las hadas, los gnomos y otras figuras son seres reales, e incluso responsables de actos perpetrados por los docentes o los propios niños. Tampoco resultará agradable saber que aquellos niños que no «ven» a los duendes serán reprendidos, o que si un pequeño es zurdo debería ser corregido (de acuerdo con las enseñanzas de Steiner) por tratarse de un defecto kármico arrastrado de una vida anterior...

Es probable que tampoco resulte muy bello que los alumnos aprenderán que, a lo largo de la historia humana, fueron desarrollándose una raza tras otra, en diversos órdenes jerárquicos, hasta llegar a la supremacía de la raza aria, hacia la cual una minoría tiende a evolucionar y una gran masa tiende a decaer.

Quizás les parezca increíble, pero como les hemos relatado previamente, estas escuelas existen en nuestro país, se están insertas en nuestros currículos y tenemos numerosos alumnos egresadas de ellas. El servidor que escribe estas líneas tuvo oportunidad de visitar uno de estos establecimientos en el norte del Gran Buenos Aires, llevándose en sus ojos la pasmosa imagen de numerosos cuadros de seres espectrales adornando las paredes, muchos de ellos sin rostro, y combinando sus colores según las enseñanzas de Rudolf Steiner.

Gráfico que corresponde al logo de una escuela Waldorf en Lima


Tal vez el mejor comentario final para esta breve exposición sea recordar una y otra vez la absoluta incompatibilidad entre nuestra Fe católica y su visión integral de la educación de los jóvenes, y la doctrina oscurantista que se esconde detrás de la pedagogía Waldorf, admitida dentro de los patrones curriculares de nuestros ministerios, que sólo pueden llevar a nuestros niños y sus familias a la confusión y a acentuar la brecha entre el Creador y sus criaturas.

Publicado en 2 partes en formato 1.0 entre junio y julio de 2006

El Diluvio Universal: Aproximación Científica


El acontecimiento del Diluvio Universal, descripto con detalles en el libro del Génesis, es rememorado de un modo u otro por distintas culturas en todo el planeta. Este solo hecho habla a las claras de un fenómeno global, relatado entre otros por mayas, incas, aztecas, sumerios, caldeos, chinos, pueblos nórdicos, culturas subsaharianas y un larguísimo etcétera donde se entremezclan distintas épocas y civilizaciones.

Pese a todo, intentar brindar una explicación científica a este cataclismo no ha resultado simple; como podemos imaginar, un hecho de semejante envergadura ha debido modificar para siempre la fisonomía, el clima y la biosfera en forma permanente. Se han establecido distintos argumentos con bases más o menos sólidas, de las cuales quisiéramos comentarles aquel que parece contar con contenidos más firmes.

En otro artículo de esta edición, hemos descripto el llamado efecto invernadero, responsable en nuestros días del clima de Venus. Ese planeta hermano presenta en los niveles más altos de la atmósfera una capa de nubes formadas por gases simples (dióxido de carbono, sulfuros, etc.) los cuales le permiten retener calor.

Imaginemos ahora un planeta Tierra antiguo, hace más de 40 siglos, con una atmósfera en la cual existía una condición similar... pero con nubes de vapor de agua. Nos encontraríamos ante un mundo más cálido, con vegetación exuberante y nutricia. Además, la temperatura en el Ecuador sería tan sólo unos grados mayores que en los Polos. Los mares, de menor profundidad y extensión que los actuales, estarían atiborrados de arrecifes coralinos y de variedad de especies.

El verdadero vergel disperso por el planeta sería una magnífica fuente de alimentos para la fauna, permitiendo incluso el desarrollo de criaturas de tamaño colosal.

Ahora, supongamos que esa inmensa masa de vapor de agua se convirtiera en una titánica e irrepetible precipitación que durante 40 días consecutivos se derrumbara sobre el planeta, barriendo con costas, continentes, flora y fauna, generando un mundo distinto, con grandes mares ocupando 3/4 partes de la superficie mundial y con la desaparición del efecto invernadero, dando paso al variado clima de nuestro planeta actual.

El monte Ararat (frontera entre Armenia y Turquía), sitio de detención del Arca


Es destacable que en ambos modelos planetarios («antediluviano» y actual) puede existir la vida tal cual la conocemos. También es digno de mencionar que existen restos de bosques (carbonizados o petrificados) en regiones del mundo actualmente desérticas o glaciarias, o que se han encontrado arrecifes de coral hundidos en territorio antártico. Es asimismo destacable la coexistencia de la especie humana con fauna colosal que hoy dejarían en ridículo a rinocerontes e hipopótamos (los megaterios, gliptodontes y macrauquerias de las pampas, por ejemplo, coincidieron con los pueblos originarios de la Argentina) .

Por otro lado, es difícil explicar la desaparición en tiempos modernos de elefantes y equinos de territorio americano cuando muchos subfósiles nos revelan que existieron aquí hace unos pocos miles de años.



Probable imagen del Arca de Noé (tomada por el ejército turco en 1960)

Más allá de la discusión, el momento histórico del Diluvio se caracterizaba por la corrupción del género humano hasta proporciones previamente desconocidas, siendo la catástrofe el fruto de dicha declinación. Quizás es prudente concluir este ensayo con las palabras de San Pedro nos dejó por escrito en el capítulo 3 de su Segunda Carta:

«(3) Sabed ante todo que en los últimos días vendrán hombres llenos de sarcasmo, guiados por sus propias pasiones, (4) que dirán en son de burla: « ¿Dónde queda la promesa de su Venida? Pues desde que murieron los Padres, todo sigue como al principio de la Creación». (5) Porque ignoran intencionadamente que hace tiempo existieron unos cielos y también una tierra surgida del agua y establecida entre las aguas por la Palabra de Dios, (6) y que, por esto, el mundo de entonces pereció inundado por las aguas del Diluvio, (7) y que los cielos y la tierra presentes, por esa misma Palabra, están reservados para el fuego y guardados hasta el día del Juicio y de la destrucción de los impíos. (8) Mas una cosa no podéis ignorar, queridos: que ante el Señor un día es como mil años y, mil años, como un día. (9) No se retrasa el Señor en el cumplimiento de la promesa, como algunos lo suponen, sino que usa su paciencia con vosotros, no queriendo que algunos perezcan, sino que todos lleguen a la conversión. (10) El Día del Señor llegará como un ladrón; en aquel día, los cielos, con ruido ensordecedor, se desharán; los elementos, abrasados, se disolverán, y la tierra y cuanto ella encierra se consumirá.»

Publicado en formato 1.0 en junio de 2006

lunes, 1 de mayo de 2006

¿Cuándo comienza la vida humana?


¿Cuándo comienza la vida humana? Aunque parezca mentira, existen quienes aún intentan cuestionar la respuesta biológicamente inapelable: en el momento mismo de la concepción.


Como sin dudas recuerdan, en artículos anteriores de esta misma sección, hacíamos mención a que el ADN nuclear se encuentra «compactado» en estructuras llamadas cromosomas. En condiciones habituales, casi todas nuestras células contienen 46 cromosomas, 44 de ellos llamados autosomas y un par de cromosomas llamados sexuales (XX en la mujer, XY en el varón).


Sin embargo, las células vinculadas con la reproducción (las gametas) contienen 23 cromosomas (22 autosomas y 1 cromosoma X en el óvulo femenino; 22 autosomas y 1 cromosoma X ó Y en el espermatozoide masculino). Esto es debido a que ambas células están preparadas para fusionarse (fecundación) y formar una NUEVA célula, con NUEVO material genético, con 46 cromosomas totales.


Esta NUEVA célula (óvulo fecundado, huevo, cigoto, preembrión, o como nos guste llamarla) es desde ese preciso instante de la fecundación UN NUEVO INDIVIDUO DE LA ESPECIE HUMANA, ya que previamente no ha existido persona alguna con una información genética idéntica e igual; se trata de un ser único e irrepetible desde el punto de vista biológico.



Óvulo fecundado (primeras horas de vida de un nuevo ser humano)

Ese nuevo ser humano tiene en su información genética los lineamientos de su desarrollo continuo previsto desde allí hasta el último de sus días terrenos. No existe un salto cualitativo desde el momento de la fecundación hasta la muerte (el embrión no es una «cosa» en ese momento, otra «cosa» al nacer y otra «cosa» al morir)


Hay quienes pretenden justificar al aborto de modo científico con distintos argumentos falaces, acaso con el mismo rigor con el que los nazis avalaban las experiencias de Mengele en los campos de concentración, o con que los estadounidenses daban curso al experimento Tuskeegee en población negra, contemporáneamente a la condena a los asesinos de Nuremberg. Es claro que desde el momento en que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo: la biología molecular nos muestra la evidencia indiscutible que narrábamos líneas arriba. En el genoma de ese nuevo individuo se encuentra el «programa» con la información de lo que será esa nueva persona humana.


Embrión humano de 8 semanas (foto: Vida Humana Internacional)

Uno de los argumentos utilizados por los defensores del aborto es la existencia de gemelos, aclarando que si un embrión es capaz de dividirse en dos, entonces no es posible considerarlo como un individuo (como poco feliz paradoja, utilizan el argumento exactamente inverso para defender la clonación reproductiva...). De utilizar este concepto, debemos concluir por ejemplo que un paramecio no es un individuo biológico, porque es capaz de dividirse y dar lugar a otros paramecios; o bien que un rosal tampoco es un individuo biológico, ya que de él puedo tomar un gajo y generar un nuevo rosal.


Algunos científicos han sostenido que sólo puede hablarse de vida humana cuando aparece la síntesis de proteinas (al tercer o cuarto día de la fecundación) o incluso recién ante la aparición de lo que será el sistema nervioso central (a las 2 semanas de la fecundación). Sin embargo, tanto uno como otro proceso se encuentran guiados por el genoma presente desde el primer instante de la concepción. Por otro lado, si no hay vida en ausencia de síntesis proteica deberíamos conjeturar que las semillas no están vivas (no sintetizan proteinas) o que los glóbulos rojos que corren por nuestro torrente sanguíneo no constituyen tejido vivo (no tienen «maquinaria» para sintetizar proteínas).


Dado el cúmulo de argumentos falaces y definitivamente rebatibles, hay quienes se han propuesto un camino pseudomoral para apoyar al aborto: distinguir entre los conceptos de «individuo humano» y «persona humana». Tan sólo baste pensar que con ese mismo argumento se habló de «vidas que no merecen vivirse».


De hecho, no es sorprendente (ni tampoco es casual) que quienes defienden actualmente el aborto coinciden en la defensa de la clonación (reproductiva y terapéutica), el congelamiento de embriones (en términos domésticos, el refrigerado de personas) y la eutanasia. Estos métodos ya fueron aplicados como política de salud de estado por el régimen nacionalsocialista, ejemplo sublime de violación de los derechos humanos más elementales (incluyendo el primero y fundamental, el derecho a la vida).


No resulta extraño suponer que esta serie de crímenes de lesa humanidad sean sostenidos por un número considerable de integrantes de la comunidad científica, acaso ¿víctimas? de la ateización de la ciencia moderna, iniciada con el racionalismo iluminista del siglo XVIII, incrementada (y no es casual) con el evolucionismo de Darwin, amplificada (tampoco es casual) por las políticas nazis y llevada a su máxima expresión (¿casual?) por el discurso actual de la ONU y los «países centrales» neopaganos, cuyas diferencias con el nazismo son solamente de forma y no de fondo.


Todos los seres humanos somos personas, aunque todavía no actúemos como tales porque no se han desarrollado las capacidades (embriones), o porque las hayamos perdidos (por enfermedad física o mental). Es claro e indudable que el ser humano debe ser respetado como persona integral desde el instante de su concepción, momento desde el que se le deben reconocer los «derechos humanos» con quienes tantos defensores del aborto falsean su discurso.




Revista Digital Fides et Ratio
Publicado en versión 1.0 en mayo de 2006

Antroposofía: Introducción

La antroposofía es un movimiento esotérico de características sectarias, fundado hacia 1902 por Rudolf Steiner (1861–1925). Si bien un análisis exhaustivo de la antroposofía demandaría horas de discusión, creemos interesante narrar en 2 partes los principales aspectos de esta «doctrina» y sus peligros.


Steiner nació en la actual Eslovenia, en aquellos tiempos integrada al Imperio Austrohúngaro, la gran potencia católica de la segunda mitad del siglo XIX. De lengua alemana, creció en un hogar humilde y se destacó en su juventud por su pasión por los estudios, sobre todo en los idiomas y en las ciencias exactas. Contando con 38 años se enroló en la Sociedad Teosófica, movimiento ocultista y neopagano fundado por la «mística» rusa Helena Petrova Blavatski.


Madame Blavatski (fundadora de la Teosofía)




La citada Teosofía es una suerte de quimera entre las antiguas religiones paganas europeas y elementos politeístas orientales, fundamentalmente hindúes. Blavatski afirmaba recibir mensajes de «maestros ascendidos». Entre los contenidos de esas «revelaciones», describió que la «selección de razas», fruto de la colonización de Asia y África por parte de las potencias de entonces, se debía a razones de «necesidad kármica».

Al poco tiempo, Steiner llegó a presidir la rama alemana de la secta teosofista, hasta que se enfrentó con otros dirigentes, fundamentalmente con Annie Besant, la sucesora de Madame Blavatski. El motivo de la crisis fue la afirmación por parte de Besant de la «reencarnación» de Nuestro Señor Jesucristo en Krishnamurti, un joven indio contemporáneo. Con las debidas disculpas a nuestros lectores por la necesidad de mencionar tamaña blasfemia al Redentor, proseguimos relatando que en 1913 Rudolf Steiner se propuso fundar su propia organización, la Antroposofía (del griego «antropos» [hombre] y «sophos» [conocimiento]).


¿Por qué nos referimos a este movimiento como una secta? Porque sus características coinciden con las principales definiciones y categorizaciones de las mismas. Una de las más didácticas concepciones de lo que es una secta nos la puede brindar un especialista, el teólogo español Manuel Guerra Gómez: las sectas son grupos autónomos, no cristianos, fanáticamente proselitistas, exaltadores del esfuerzo personal y expectantes de un inminente cambio maravilloso (colectivo o individual):

- una secta es «grupo», desde el punto de vista sociológico, con una dinámica que lleva al aislamiento y finalmente a la alteración de la personalidad, sustituyendo al «grupo» por excelencia que es la familia.

- una secta es «autónoma», no integrada de manera vinculante en una institución más amplia cuyas decisiones deba acatar; esta autonomía es la que explica los despotismos de los líderes de todas las sectas.

- una secta no es cristiana, como iremos desarrollando en estas notas, ya que no admite el mínimo doctrinal de nuestra Fe Católica ni respeta a la Biblia como único texto revelado y sagrado.

- una secta es «fanáticamente proselitista», intentando imponer sus creencias sin importar el como, incluyendo modos moralmente reprobables.

- una secta es «exaltadora del esfuerzo personal», ya que prescinde del concepto de gracia divina. Esto ya fue condenado en la herejía de los pelagianos en el siglo V.

- una secta está expectante de un cambio maravilloso, colectivo o individual. En el caso de la Antroposofía, estamos ante el bucólico delirio de la Nueva Era, con su búsqueda del «superhombre» divinizado, que como tal no puede ser misericordioso hacia los «simples hombres» por debajo de él.


En forma general, la Antroposofía nos habla de un planeta Tierra y de una especie humana en evolución a lo largo de 7 eras o edades. Según su doctrina, estaríamos atravesando la cuarta de esas etapas, en búsqueda de nuestro origen perdido. Una de las «misiones» de la secta, como no podía ser de otro modo, es la de ayudar al hombre a recorrer este camino hasta la séptima edad o Era de Vulcano.

Este camino, de acuerdo con sus principios, se logra mediante el avance espiritual por medio de la reencarnación y el karma, suplementado por el acceso a cierto conocimiento esotérico reservado a unos pocos. De hecho, como detallaremos en la segunda parte de esta nota, la «medicina antroposófica» sostiene que la enfermedad está «kármicamente» determinada y juega un papel de la evolución del alma.

Para sostener sus principios, Steiner escribió cerca de 40 libros y pronunció más de 6000 conferencias a lo largo de su prolífica actividad en Europa, incluyendo la inauguración de la revista «Lucifer» (1904, luego «Lucifer Gnosis») y la obra «Los niños de Lucifer» (1907).



Aunque les parezca insólito, la Antroposofía se expandió velozmente, contribuyendo a difundir el evolucionismo, sirviendo de caldo de cultivo al racismo y a su apoteosis (el nazismo), creando su propio sistema médico (la citada medicina antroposófica) y dando origen a toda una doctrina educacional llamada Pedagogía Waldorf, que en nuestros días patrocina a numerosos colegios del mundo, sin exceptuar a la Argentina.

Pero la medicina y la educación relacionada con la antroposofía serán los contenidos de la segunda parte de esta nota.



Publicada originalmente en formato 1.0 en mayo de 2006

Cuerpos Incorruptos


Es por todos nosotros conocido el fenómeno de corrupción de los cuerpos después de la muerte, debida a la acción de las propias bacterias de nuestro tubo digestivo, en un principio, y de distintos organismos «descomponedores» en un segundo tiempo. El análisis detallado de este proceso ha sido fundamental para el progreso de la ciencia médica y resulta útil en múltiples pericias legales, constituyendo una disciplina en sí misma llamada tanatología.

Sin embargo, estos pasos naturalmente inexorables pueden ser modificados parcialmente por distintos medios tecnológicos o incluso por acción de ciertos agentes naturales. Las formas más reconocidas de evitar la corrupción de los cuerpos son la taxidermia (o embalsamamiento, en la cual se tratan y preservan los tegumentos externos) y la momificación, pudiendo ser esta última producida por el hombre o fruto simplemente de las condiciones climáticas adecuadas, como ocurrió con las clases pobres del Antiguo Egipto o con numerosas momias andinas.

Momia incaica (San Juan, Argentina)

Sin embargo, dejando de lado los cadáveres embalsamados o momificados, existe otra forma de conservación de los cuerpos, en la cual, sin mediar procedimiento alguno realizado por el hombre, el proceso de corrupción no se desarrolla o bien ocurre a una tasa tan lenta que no resulta explicable.

Esto se conoce con el nombre de incorrupción, y se caracteriza por dos hechos fundamentales:

- no existe absolutamente modo alguno (biológico, médico o científico «racional») capaz de explicar el fenómeno

- sólo ocurre en el seno de la Iglesia Católica


Beato Sebastián de Aparicio (fallecido en México en 1600)




Efectivamente, es notable la cantidad de personas ejemplares en la historia de la Iglesia que han sido agraciadas con esta particular condición, ya que sus cuerpos se encuentran hoy día virtualmente sin cambios con respecto al día de su fallecimiento, sin que técnica o método alguno hayan contribuido a que así sea. Se trata de un don sobrenatural que cientos de años de ciencia moderna no han podido explicar.

Es claro que el Creador por su intercesión ha preservado incorruptos los cuerpos mortales de santas y santos, manifestando su Gloria y su potestad sobre la naturaleza, casi desafiando abiertamente nuestra incredulidad.

Algunos de estos cuerpos se acompañan incluso de otros fenómenos milagrosos, como emanar olor a rosas. Por mencionar solamente algunos ejemplos, y sin dar una lista excluyente, podemos citar entre otros a:

- Beata Jacinta Marto (vidente de Fátima)

- Beato Ángelo de Acri

- San Anselmo de Biaggio

- San Bernardino de Siena

- San Ignacio de Laconi

- San Juan Bosco (el santo de los jóvenes)

- San Juan de la Cruz (doctor de la Iglesia)

- San Juan Vianney

- San Silvano (incorrupto desde hace 1700 años)

- Santa Aurelia


Santa Bernardita Soubirous (vidente de Lourdes), fallecida en 1879 -foto de Corazones.org-


- Santa Catalina de Bolonia

- Santa Catalina de Siena

- Santa Catalina Laboure (vidente de la Medalla Milagrosa)

- Santa Clara de Asís (fundadora de las Clarisas)

- Santa Clara de Montefalco

- Santa Margarita de Alacoque

- Santa Rita de Casia


Este proceso maravilloso y científicamente inexplicable no hace más que revelarnos el absoluto dominio de Dios sobre su Creación, pasmando nuestra diminuta soberbia científica y mostrando que el único camino es la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo hace ya 2000 años.
Publicado en formato 1.0 en mayo de 2006

El Milagro Eucarístico de Lanciano




Llamamos transustanciación al extraordinario milagro que todos los días ocurre en las misas, cuando el pan y el vino son consagrados en el altar y se convierten, por la intercesión del Espíritu Santo, en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Creemos en esta maravilla los católicos y nuestros hermanos ortodoxos. Sin embargo, otras iglesias cristianas separadas desestiman la transustanciación, y algún que otro falso historiador (Dan Brown)  sostiene sin documentación que ha sido adoptada de diversos cultos paganos. Nada más alejado de la realidad...
 
Se han documentado al menos 800 milagros eucarísticos en el mundo todo a lo largo de la historia del cristianismo, pero quizás por haber sido el primero del que existe registro, el más trascendente es sin dudas el de Lanciano.
 
 Allá por el siglo VIII, un monje de la orden de San Basilio se hallaba celebrando la Santa Misa en la iglesia de San Legonziano en Lanciano, Italia. Según las crónicas, el sacerdote había dudado de la consagración. En plena ceremonia, la hostia se convirtió en Carne y el vino del cáliz se convirtió en Sangre, la cual se coaguló en 5 fragmentos irregulares de distintos tamaños.

Pero el Milagro no sólo sorprendió a los entonces presentes... ya que la Carne y la Sangre se preservan incorruptas hasta la actualidad, sin que medie ningún proceso de conservación. Ambas pueden apreciarse en la Iglesia de San Francisco en Italia.

 

Los primeros estudios de corte científico se practicaron en el remoto 1571, pero es prudente que consideremos los hallazgos más recientes, practicados en 1970 y revisados en 1990.

Según estos trabajos (encarados por prestigiosos médicos italianos de la talla del Profesor Doctor Eduardo Linoli y del Profesor Adjunto Ruggero Bertelli, ambos de universidades seculares), la Carne conserva la forma de la hostia, con un diámetro de 6 cm, con una laceración central levantada en forma de pliegues. La porción inferior es más gruesa que la superior, sugiriendo el corte transversal de un órgano cavitado. El examen microscópico de la pieza ha revelado que pertenece a la especie humana, y específicamente, se trata de tejido cardiaco, incluyendo miocardio, endocardio e incluso secciones del nervio vago. En términos simples, la Carne es corazón humano estructuralmente completo.

La Sangre, por su parte, está separada en los 5 coágulos que antes citamos, con un total aproximado de 15 gramos. El estudio bioquímico por inmunoelectroforesis ha revelado que se trata de sangre humana, del inmunotipo AB (vale destacar esta información coincide con el mismo grupo sanguíneo del Santo Sudario).

No debemos olvidar, además, que la Carne y la Sangre se encuentran exactamente en las mismas condiciones en que se presentaron a los fieles... hace 1300 años, lo cual hace más asombroso aún, si cabe, a este Milagro.

 

Pero quizás lo más trascendente sea recordar que, en realidad, todos somos testigos DIARIOS del milagro maravilloso que representa la transustanciación, regalo único que Cristo nos lega con su presencia en cada sagrario del mundo.
 
Para mayor información, recomendamos visitar el sitio oficial del Santuario.
 

La Tierra: un Planeta Único

Son numerosas las especulaciones que desde hace décadas se tejen en torno a la posibilidad de la existencia de seres vivos fuera de la Tierra. Existen distintos modelos matemáticos que intentan explicar las probabilidades de encontrar vida extraterrestre. Sin embargo, es prudente considerar brevemente cual es la estructura de nuestro sistema solar para realizar algunas reflexiones al respecto.

Para recordarlo en forma sintética, el sistema solar está formado por:

-> una estrella (el Sol)

-> ocho planetas conocidos: 4 de ellos sólidos (Mercurio, Venus, la Tierra y Marte) y otros 4 fundamentalmente gaseosos (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno)

-> cuerpos celestes de menor magnitud, llamados plutoides o planetas enanos, entre los cuales se destaca Plutón

-> aproximadamente 50 lunas o satélites (sólo una de ellas, Titán, tiene atmósfera)

-> una miríada de cuerpos menores sólidos (asteroides) o glaciales (cometas)

El Sol (a la derecha) y la Tierra (arriba a la izquierda, a escala)


De los 4 planetas sólidos mencionados, Mercurio carece de atmósfera o la misma ha «escapado» al espacio si alguna vez existió. Consideremos ahora a la Tierra puntualmente...

(1) Nuestro planeta tiene un diámetro en el Ecuador de 12 756 km, lo que resulta en una circunferencia de unos 40 mil kilómetros. Esto determina una fuerza de gravedad capaz de mantener a la atmósfera tal como la conocemos y disfrutamos. Si bien no es el único factor influyente, existe una relación directa entre el tamaño de un planeta y su fuerza de gravedad. Una simple reducción de ese tamaño de un 5% hubiera determinado un descenso de la gravedad con fuga de la atmósfera al espacio. Si la misma variación se hubiese dado en forma de aumento, estaríamos ahogados por una atmósfera densa y repleta de vapor de agua.

(2) Nuestro mundo tiene un período de rotación sobre su propio eje de 24 horas, lo cual determina la duración del día. Es el tiempo propicio para evitar tanto el sobrecalentamiento como la fuga de calor de la superficie. Como comparación, el planeta más similar a la Tierra en tamaño, Venus, tarda 248 días en dar una vuelta sobre sí mismo (el «día» en Venus dura 248 días terrestres)

(3) Nos separan del Sol alrededor de 150 millones de kilómetros, lo cual permite un rango adecuado de temperaturas para el desarrollo de la vida y nos protege de parte de la radiación solar nociva. Por otra parte, ese margen de temperaturas posibilita la existencia de agua en estado líquido. Volviendo a nuestro ejemplo de Venus, distante 108 millones de kilómetros del Sol, nos topamos con una temperatura promedio de 300°C. Y si nos planteamos el ejemplo contrario, Marte, a 226 millones de kilómetros del Sol, vive una permanente era glacial con un promedio de veinte grados bajo cero.

(4) La composición de nuestra atmósfera, con un 21% de oxígeno, permite la existencia tanto de formas de vida de todos los reinos (Animal, Vegetal, Protista, Monera y Hongos) como del ciclo del agua. Además, asegura la protección contra ciertos componentes de la radiación solar, de la cual sólo recibimos una milmillonésima parte.

(5) La existencia de agua en estado líquido crea el sustrato básico para todas las células conocidas, atempera el clima mundial y es capaz de disolver la mayoría de las sustancias esenciales para la vida (incluyendo al oxígeno)

Podríamos continuar durante horas demostrando porque nuestro planeta es lisa y llanamente único en numerosos aspectos. Sería interesante debatir mediante métodos estadísticos básicos cuales son las posibilidades de que esta asociación fantástica de evidencias se deba al sólo fruto del azar... y seguramente nos encontraremos con una contundente derrota de nuestra capacidad de asombro, por un lado, y con la necesidad natural de alabar al Creador de un planeta auténticamente sorprendente.